lunes, 19 de marzo de 2018

El desamparo

Días de juicio
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EL DESAMPARO
La mamá de Jorge Santajuliana había sido trasladada a General Acha porque su irreversible cuadro clínico no aceptaba internaciones en el hospital lucio Molas.
El calendario apenas avanzó unos casilleros.
Aquel día su padre le preparó el desayuno para que fuera a la escuela. Comenta Jorge que el padre era hombre de pocas palabras y afectos profundos.
Cuando regresó del colegio la vivienda estaba vacía, atacó lo poco que quedaba en la heladera porque la reciente cesantía a causa del cambio de administración hacía notar sus fauces.
Se hace larga la espera cuando lo que llega es silencio.
Jorge durmió solo y mal ese día. No había explicaciones para la ausencia y sus diez años no alcanzaban a concernir la invasión de la noche más oscura con la interrupción de su infancia.
Solo y angustiado Jorge dejó entrar a sus tres perros a la vivienda y durmió con ellos hasta que el ritual de la obediencia lo impulsó a retornar a la escuela con la esperanza de que su regreso fuera coronado con la presencia del progenitor.
No ocurrió.
Así pasó otro día, sin nadie a quien acudir.
Solo, cruzado por el hambre y ese filamento de miedo en las entrañas.
Menos mal los cachorros y su abrigo. Dicen que el desasosiego obedece a las leyes de la perspectiva: se agiganta al acercarse.
Cuando alumbró una nueva jornada el niño fue socorrido por un familiar que llegó para trasladarlo a la casa de la abuela.
Esta vez faltó a la escuela, pero aquel día se internó en los aprendizajes sobre la soledad y sus alianzas.
La soledad…
… dicen por ahí que a veces coquetea con el espanto y oscurece el porvenir.
Y no hay juicios ni condenas que sirvan de contraveneno.
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