viernes, 8 de julio de 2016

Niña del corazón

                …Y no estará demás, auspiciados por el calendario, fundar un manifiesto.  Una copla de amor. Una resuelta articulación de la palabra para ofrendar a la que nos congrega en este itinerario de honras en el tiempo.

        Una formulación categórica para la que nos desvela y enamora, en estas albricias del otoño que provoca la junta.
        Refugio en la soledad y ante el olvido, viene desde tan lejos y siempre está presente propiciando esta fraternidad de los abrazos. ¿Qué otra cosa decir para la que nos contuvo en horas de incertidumbres y desasosiegos? Que limpió las heridas, profundas, del tormento. Un mínimo texto, insistimos, que se pronuncie despacio y sin apuro. Sin ruidos ni estridencias; que crezca desde abajo hasta tocar el cielo.
        No faltarán cantores en alguna madrugada, que empuñen diapasones para avivar los fuegos, celestes, del recuerdo.
        Un himno de amor, una plegaria. Acaso una canción que colme los espacios ganados al silencio.
        Para ella, que persevera y alienta. La que acaricia, contiene e inaugura caminos en este horizonte de extendida llanura. En esta capitanía de basalto y caldén donde el sur se expresa y alza vuelo.
        En fin, una tangible proclamación de sentimientos para la indestructible dueña de nuestro corazón y destino.
        Para esta mujer que digo, flor y matriz, valga esta elegía   nacida desde el alma.
        Ella:    
        La niña, la madre, la patria… América.
       


Juan Carlos Pumilla
Marzo 2010

Los hijos

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