miércoles, 5 de agosto de 2015

Los rostros y las sombras

dibujo: José Vallaldares



            ¿Cómo creer en el hombre que desde el cartel de su candidatura exhibe una juventud que no tiene?. Cabelleras donde hay calvicie, pieles tersas donde imperan las  arrugas, talantes  bondadosos en lugar de semblantes crispados. Rasgos de una moral travestida.
            Los rostros y las máscaras, aquí está el título de un nuevo libro. El afanoso, como estéril, intento de ocultar un dato comprobable de la realidad concita la inquietud ciudadana. Porque los rostros, ya se sabe, son los espejos del alma. Carteles de una campaña pasteurizada que insiste que los “batata!” son una invención de la prensa.
            Politólogos condescendientes reducen la cuestión al rubor estético. Los escépticos, esa raza canalla insidiosa, indican que no hay pequeñas o grandes, las mentiras son siempre mentiras.
            Resulta un ejercicio subyugante detenerse en la contemplación de los carteles policromos. Los que están más cerca del poder ostentan amplias sonrisas; la oposición inmediata apenas la esboza. En los restantes el gesto es de gravedad o de infranqueable hermetismo. Hay caras que lo dicen todo y las hay que no dicen nada.
            El afán rejuvenecedor o embellecedor transporte a los candidatos a varios lustros atrás. Aquí, quizás haya un mensaje subliminal. Por cierto, resulta difícil descifrarlo. Hace veinte años las consignas eran de liberación en contra de la dependencia y las proclamas  registraban los términos de esta contradicción: brazos en alto, dedos en V, puños cerrados, gestos de un pueblo en marcha.
            Hoy hay solo caras. Probablemente un indicio de cómo transcurre el funeral de las ideologías. Hoy el drama nacional se expresa en la contradicción: corrupción o decencia. Buena, pero cualitativamente inferior.
            Caras. Se nos  antoja que la angustia argentina tiene que ver más con lo gastronómico que con lo cosmetológico. A la hora de la verdad el atribulado ciudadano de estos días asistirá el domingo 3 a la ceremonia de elección de caras. Deberá optar por la que le inspire más confianza, por la que interprete su ideal de belleza, por aquellas que le asegure que el voto es el pasaporte para la obtención de una mejoría tan notable como la que logra la publicidad de la mano de las artes gráficas.
            Demasiadas dudas para el ciudadano. ¿Será por eso que al cuarto donde se registra el acto de elegir le dicen oscuro?

(domingo 3 de octubre de 1993-publicado en diario LaArena)

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