La hoja
penetró sigilosa en el corazón de la verdad. Hubo otras expiraciones,
seriales. El cadáver de la realidad quedó sepultado en una pila de olvidos,
papeles amarillos, relatos de televisión. Ninguna huella.
(de microrelatos de 33 palabras)
La memoria es un tatuaje del alma. Se lleva en la conciencia y obedece a sus dictados. Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela lo que somos. Testimonio para presentir destinos y decidir qué haremos
La hoja
penetró sigilosa en el corazón de la verdad. Hubo otras expiraciones,
seriales. El cadáver de la realidad quedó sepultado en una pila de olvidos,
papeles amarillos, relatos de televisión. Ninguna huella.
(de microrelatos de 33 palabras)
ESTUDIANTES PAMPEANOS CREARON LA PRIMERA FOTONOVELA SOBRE LA NOCHE DE LOS LÁPICES.
MENOS MAL LOS PIBES
"...Están allí mis hijos, mis hermanos
mis nietos de un futuro, desahuciado.
… escribo mis pancartas, las levanto
y me subo a sus sombras, hasta abrazarlos..."
Leemos: en el Hades, los muertos no conservan recuerdos de su
vida anterior porque han cruzado el Olvido, el límite del retorno.
Menos mal que están, para vencer la amnesia,
ellos.
Pibas, pibes que recuerdan. Mejor aún, moceríos desobedientes
e insobornables, con memoria. Heredada, porque esos relatos y reminiscencias provienen de otra época.
Quedaron impregnados en las paredes, en las
estigmas de una calle adoquinada,
en las arrugas de un rostro que espera, en los manteles donde sobra un plato, o dos, o todos, Ausencias que duelen y sublevan. Una falange del tiempo en el que el Leviatán sentó sus reales alterando todo: subvertir la lógica de la existencia
hasta alterarla: por caso, que los hijos mueran antes que sus padres.
¿Otra época?
Los chiques que nos convocan a esta maravillosa iniciativa, irrumpen
a contramano de las directrices que
imponen los dómines del sentido común. Muchos de ellos alzan pancartas
reclamando justicia, o presupuesto. Otros añoran la tibieza de un abrazo
fraterno porque el abuelo de las caricias se retrasa en regresar al hogar. La
mitad se irá a dormir con la panza vacía
y los restantes avanzan a
tientas, navegando por los avatares de esta tormentosa, peligrosa, incierta
singladura que en la asepsia de los manuales se reputa como realidad.
Esta fotonovela alivia, rejuvenece la orientación de la
esperanza, se afianza en el legado de libertad, justicia y futuro que esa monumental parcela de jóvenes, cuyo vacío
se evidencia en los padrones, nos dejara.
Uno de nuestros maestros, Nervi, solía decirnos que,
enfrentados a instancias espinosas, al
tigre afgano se lo caza con el lebrel
afgano.
Estos muchaches de
ahora no conocieron a Ricardo, pero replican esta sabiduría en sus
realizaciones. Primero los retratos, ahora los fotogramas y la dramatización.
Lenguajes remozados para acceder a conciencias lozanas y refrescar a los mayores la importancia de no
desdeñar los recursos, sino ideologizarlos tras el objetivo de urbanizar nuevos
paradigmas.
Impedir que la historia se repita como tragedia, honrar la
lucha y a los luchadores, romper el
silencio, proteger a los pájaros caídos.
Ya lo hemos dicho pero insistimos: la memoria como redentora
de la historia. Un magisterio de ofrendas sin jactancias. Esa es la remembranza
que nos gusta, la que sirve para
construir cosas nuevas. En ella nos refugiamos,
a su amparo nos defendemos, con esa
memoria en ristre avanzamos al porvenir con el afán de calibrar – tal cual lo hicieran los rebeldes
de la generación inmolada -cuánto nos
falta hasta pellizcar, nuevamente, el cielo con los dedos.
Noches, lápices y aquí, exorcizando la oscuridad, soles.
Germinales desenfadados,
galácticos.
Se despliegan luminosos
entre nosotros cada vez que promovemos la alborada
de estas páginas.
Amanecen en nuestro firmamento desbordados de luz.
Obcecados, esculpiendo la melga de renovados horizontes.
Vienen del otoño, soles primavera.
Juan Carlos Pumilla
Noviembre 2024
Los altavoces del predio del Club
Pampero de Guatraché filtraban las albricias de la tarde estival y realzaban
las trovas criollas de Saúl Huenchul. Décimas subrayando las habilidades paisanas en esa
jornada de destrezas.
Por la noche el tono del payador
se sosegaría seduciendo a los asistentes de la vieja casa de Cultura con unos
versos alejandrinos que nuestra memoria aun contiene.
Saúl echó atrás el ala de su
sombrero en un implícito homenaje al Bardino y completó la articulación con un
saludo mudo a un amigo entre el público.
Guillermo Herzel encumbró su
brazo respondiendo, pero interrumpió la cortesía porque en ese momento
descubrió a Florita refugiada en las protecciones de la fronda.
Mientras caminaba hacia ella
Guillermo lucubraba acerca de lo
contento que se pondría Juan Carlos Bustriazo Ortiz cuando le comunicara sobre
esa presencia.
Resulta ocioso presentar a Juan Carlos.
Conoció a Florita en la pensión “Dos Picos”, esa que está a pasos de las vías.
Ambos se cruzaban en los pasillos saludándose con circunspección e
intercambiaban consideraciones mundanas
en el almacén de Dayup. Desde ese instante él se sintió profundamente atraído,
no obstante jamás se atrevió a
confesarle esos sentimientos. Ni siquiera en los bailes donde la belleza de la
joven iluminaba los galpones y el bandoneón de Godo tornaba propicia la relación. Pero Juan no bailaba.
Ella abanicaba sus pestañas y él sentía la brisa.¡ Ni qué
hablar de los fulgores de sus ojos claros abrasando su corazón!
Guillermo avanzó hasta nosotros y
en su semblante se acentuaba el júbilo. Sin preámbulos tocó el hombro
del poeta para notificar que Florita
quería saludarlo. Mirta y Raquel palmearon
sus espaldas con entusiasmo y voces de aliento. Tan emocionadas y
felices como él que ahora se dilataba en la hilera de eucaliptus desandando cuarenta
años de ausencia.
Hubo un apretón de manos y dos
sonrisas.
Huenchul dejaba constancias del singular tranco pasuco de un tordillo que despertaba las delicias de entendidos y profanos.
Espectadores de un momento único,
e irrepetible, no quedó pincelada alguna
que fuera indiferente.
Florita perseveraba esbelta y hermosa, igual que lucía en la fotografía que un profesional del oficio, tal vez Juan José Gozza, tomara en
su juventud. Hasta su cabello, prodigio del Koleston, permanecía inalterable.
Sus mejillas, cual piel de una manzana
madura, delataban el tiempo transcurrido pero, contrariando sus designios, acentuaban su encanto.
Se movían y las hojas crujientes
ejecutaban una sinfonía a cielo abierto.
Él se atrevió a liberarla de una ramita imperceptible
de sus hebras y ella sacudió una ilusoria brizna del pecho del camisaco pardo que esa misma mañana Mirta
había planchado con esmero.
Florita, recostada contra el
tronco del árbol plegó su pierna para
forjar un cuatro perfecto. Juan agitó los brazos, tal cual si volara.
Parecían pájaros.
Acaso lo fueran.
Florita, Florentina Pukemeier hoy
se prorroga en la evocación de su sobrina Silvia.
Juan, en la nuestra.
Luego, cuando las copas de los árboles promovían sombras
alargadas, en estos dominios de la Rubia Espesura, sobrevino un abrazo moroso y un adiós al que le sobraron
palabras.
“Ya se me apaga la copla,
brasita violeta del atardecer.
El aroma de la tierra,
ramito de ensueño, se vuelve mujer…”
Cuando retornó del
encuentro, radiante, blandiendo una sonrisa de campeonato, Milodón,Flamenco B ustriz, Búho Nictálope,
Linyera trashumante, se abstuvo de exponer
pormenores superfluos.
Salvo la médula
de un diálogo tan mínimo como esta historia que exhumamos de nuestros recuerdos, por si
acaso el olvido:
-Sabe Florita que yo estaba enamorado
de usted.
Un concierto carmesí inauguró una
comparsa en sus pómulos
-¿Quiere que le diga una cosa
Juan?, yo sentía lo mismo.
Norberto Righi es un sujeto
provocador y obstinado (“es que me estoy poniendo joven”). Portador de ideas
fuertes y fijas enfrenta a la asamblea de escritores con un brulote que inquieta o escandaliza. Todos se vuelven en su contra y
el poeta arguye con ardor e ironía. Constituyen un encanto sus juegos dialécticos.
Y es otro lujo la batería de refutaciones que en bloque emergen del seno de una
reunión cada vez más caldeada, cada vez
más cerca del abismo. Norberto no da tregua ni la pide. Ni se la dan. Cae el
sol y la noche presagia agorerías que parecen disiparse cuando se escucha con alivio un reclamo candoroso:
-¿Pero es
que nadie me va a preguntar si no he cambiado de opinión?
Flores de
albricias se entreabren para aceptar el convite. Pero Norberto no ha concluido:
-Pues no.
Para nada he cambiado de opinión.
PARA LA DEFENSA
Lo
sostuvo el viejo Brecht, a modo de advertencia, en la alborada de la noche más oscura. Acaso recordando una rutina despiadada
de los dominadores a través de los
siglos.
Repasemos:
primero vinieron por los bienes espirituales, invadieron los templos,
destruyeron los códices, luego los
cantos y la lengua, más tarde la conversión
o la muerte.
A
continuación la construcción de una narrativa exculpatoria disimulando el saqueo , tras una prédica falaz que habla de épica y libertad.
Al final, se llevaron el oro.
La historia se repite, dos veces, evangelizó el otro viejo.
Desde el subsuelo del tiempo hasta ahora la cultura es el objeto maldito
de la historia. El blanco precursor de todo lo demás.
Aquí está la clave de la articulación que nos congrega
y hermana.
La manufactura de una estructura tutelar a fin de fundar defensas propiciando avanzadas.
Acaso no hagan falta arquitectos. Bastan
los ejemplos.
Habita aquí la razón de estas
presencias. Dos mujeres luchadoras, hermanadas en un origen y un destino común:
de las hachadas al canto y la poesía.
Teresa Pérez la Negra Alvarado; retratarlas resulta una
obviedad.
Corajudas, perseverantes,
representativas de la comarca que nos cobija.
Saben de la lucha pues es ella la que signó todas sus vidas.
Del desamparo, niñas, crecieron en obrajes
donde la felicidad es tan avara que volver a invocarla parece una blasfemia.
De la injusticia, porque fueron
espectadoras privilegiadas de la explotación del hombre.
Ni que hablar de la soledad, sus ojos hundidos en la inmensidad
de un horizonte inagotable.
De ellas aprendimos que el macho del
caldén es el más duro , que no es lo mismo mirar que ver y que es poesía el olor a pan horneado o tierra
mojada.
Una aprendió el mensaje que porta la
cruz del águila y otra descubrió la alegría en el sonido de una armónica , lejana, reverberando
al final de una melga impiadosa y feroz que no otorga
respiros.
Magisterios del monte espeso.
Ambas saben de los gozos simples e
imperecederos.
La que corporiza el tajo definitivo al último tronco del
día. Faena que preludia la inminencia del mate cocido de la noche en el fogón que alumbra
los rostros entrañables.
Y algo más, catequesis del bosque que comparece,
didáctica, en estos días tan inciertos. Una enseñanza, elemental y concluyente, que viene de la tierra y sus
hacheros: para frenar al fuego no hay como las picadas.
Resulta eficaz el modelo, Aprender de esta escuela
inagotable del caldenar. insistir en lo que mejor sabemos y entendemos.
Juntarnos, por ejemplo.
Cantar, decir, apelar a la Diuca Morisoli haciendo crecer el nuevo día. Resistir en la trova
y alzar los diapasones para no olvidar.
ni silenciar…
...ni ignorar.
Que ninguna persona es una isla y se
salva solo.
Tener presente que quizás ahora mismo haya un niño Tejada vagando por la calle. Un niñe, un
millón de ellos que irán a dormir con
la panza vacía.
Nos emplazamos aquí orientados a impugnar los costados más crueles de esta realidad,
persuadidos de la vigencia, la necesidad de una canción de cuna que nos cobije y proteja.
Convertir la memoria en una herramienta redentora de la
historia.
Para no desconocer que ya
hubo -en este territorio de desgajos- forajidos
que primero le robaron la guitarra al Tucho e hicieron lo mismo con la del
Fueguito. Igual al Sapito, ay…
Lagrimeó el Chiquito con la ausencia de
la suya y por ahí anda, apuñalado, el instrumento que se atesora en la casa del Pelusa. Llora Laurita con su
congoja a cuesta, por el pillaje del legado
de su padre…
Y sin embargo estamos aquí perseverando en el canto.
Nos faltan esos instrumentos pero sus vibraciones
persisten, tal cual este vocerío coral que hoy nos acompaña.
Ahí germina el desafío, perdurar en la
tarea apelando a las raíces en tanto construir cosas nuevas.
Por caso: ensambles lanzados al viento con la sexta en Re.
En fin: una proclama tenaz que se eleve
en las térmicas de esta primavera
Una huella de
ida, copla empecinada, a viva voz, labrando surcos hasta mojarle la oreja a este porvenir
tan arisco.
…………………..
Ahí estaba, acariciado por las
brisas de un siglo perturbado. Incongruente en pleno centro,
girasol de metal contrariando los afanes de la pretendida modernidad de la
aldea
Estoico ante los vientos de la historia,
referencia para desorientados, soportó con hidalguía las turbulencias y
caprichos de las térmicas.
Y luego, el segundo desgajo. Desde allí se fue deshojando hasta la
tarde de esta semana en que nuestra mirada no fue objetada por
ningún elemento que interrumpiera el horizonte.
Antes de eso fuimos constatando
sus ausencias, acaso compelidos por una premonición funesta.
Cuando el último hierro fue
vencido se acrecentó la responsabilidad de los recuerdos.
Cosas de la vida.
Menos mal el poeta, entrañable e
insustituible.
Recién llegado de Doblas
Marcelino Catrón le cantó, embelesando una noche en la primavera de COARTE.
Eran días de pan y vino…
Luego, lo que ya sabemos. En
alguna cueva llora el peludo Valentín.
Y menos mal Susana Bienko que
supo atesorar ese registro –dedicatoria del autor incluida-, en una articulación de contraolvido para que
nadie se ilusione en que hemos perdido la memoria.
Ahí va, quizás convocando a algún
cantor que lo esparza en nuevos aires:
UN MOLINO
Avenida Pedro Luro
Entre Irigoyen y Lagos
Hecho un ovillo de vientos
El molino está girando
Desde lejos lo imagino
helicóptero con zancos.
Tiene cabeza de rondas
y colita de pescado
Un lugar en Santa Rosa
de paso casi obligado,
y estoy seguro que pocos
se detienen a mirarlo
¡Si habrá pasado agua fresca
por el hueco de sus caños!
Me gusta que esté el molino
entre Irigoyen y Lagos
Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...