miércoles, 18 de julio de 2012

Paulino

Proviene de las dilataciones de una provincia tempranera. Un sitio en el Oeste donde ardió la madera y en sus rescoldos leudó leyenda y toponimia.

Partió.

Tomó para él un fragmento de fuego y magia y se lanzó a andar por este sur de vientos y distancias.

Comentan por allí que un ademán del tiempo depositó una guitarra entre sus brazos.

Seis cuerdas, ¿acaso celestes? templadas en un sí de corazón y vida.

Fue como un ofrenda, un brillo de luz, un sol… mayor

Después, todo fue diferente. Porque de a dos la soledad se vence y resuenan mejor las armonías.

Así anduvieron: dos en la sinuosa cicatriz de las travesías, en la ascendente construcción de las hiladas o en el agreste rumor de las esquilas.

Dos, en los confines…

Y muchos más al llegar a casa.

Una multitud a la hora del abrazo, en la encendida reunión del vino y las calandrias.

Crepúsculos sonoros, fraternidad de barrio donde la poesía se afina con la sexta en re y la dignidad flamea en los manteles.

Así lo conocimos, su sombra titilando en la laguna y ese largo coloquio con el porvenir impregnado de llano y encordados.

Ahora, entre el fragor de pájaros y albricias del otoño, retorna de otras brisas para decir que hay buenos aires pero jamás el cielo y el pulso de esta pampa.

Laborioso, necesario, su arte es una bendición que nos gratifica y enriquece.

Nos da gusto tenerlo aquí, tan cerca y tan nuestro, amaneciendo milongas por el llano, coplas de pago chico que se hacen universales.

Vuelve, el que nunca se fue.



Qué más decir:

Paulino…y su guitarra.


jcp

jueves, 12 de julio de 2012

El operativo deAráuz según el Evangelio de Judas



                                                                    De eso, se habla





Sigue sangrando y no está saldada. Es una herida a cielo abierto en el corazón mismo del cuerpo social que conformamos. Cada tanto, revive. Y esta circunstancia, acaso, configure la matriz de un daño que corroe y fecunda una nueva manera de conflictividad.

La delación en perjuicio de vecinos y docentes del instituto José Ingenieros de Jacinto Aráuz, que derivaría en la aciaga jornada del 14 de julio de 1976 configura una materia pendiente en el análisis del vasto espectro de la represión en nuestro territorio.

Aquí, en estos dominios del viento, no había quien ignorase su tremenda significación desde que en las orillas se originaran y fueran extendiendo los variados apelativos de la admonición popular: chivato, buchón, batilana, alcahuete, soplón…

El poblado, ya había sido flagelado cinco décadas antes por lo que Osvaldo Bayer definió como “La masacre de JacintoAráuz”. Algunas proyecciones de estos sucesos, cuyas consecuencias fueron redimidas en clave poética por Guillermo Herzel, volvieron a poner en escena al poblado en fecha reciente. Ocurrió cuando comenzaron a trascender los detalles de la intrincada trama de odios, temores y rencores que indujeron a reconocidas familias del medio al empleo de una de las prácticas más deleznables de la condición humana.

Fue en agosto de 2010, durante la primera fase del juicio de la Subzona 14. Ante un auditorio azorado y estremecido, sobrevivientes, vecinos y alumnos desgranaron los pormenores de una experiencia educativa y social ejemplar y su correlato de antagonismo que impulsó a otros vecinos a un ejercicio al que Jorge Luís Borges definiera como el peor delito que la infamia soporta.

Este axioma está contenido en “Tres versiones de Judas”, texto que se interna en la tesis del teólogo alemán Nils Runeberg para promover una exculpación de Judas y al mismo tiempo regalarnos la opción de la reinterpretación para reflexionar acerca de la futilidad de la delación.

En los albores del siglo XX Runenberg analiza el denominado Evangelio de Judas y este escrutinio provoca en Borges la conclusión de la puerilidad de la imputación de la traición que se le adjudica al Iscariote. No la delación en términos genéricos sino esa delación.”Para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante concursos de miles de hombres, no se requiere la traición de un apóstol…”.

Adheridos a estas coordenadas de razonamiento se puede inferir que la descripción de actividades del colegio José Ingenieros y el suministro de información acerca de sus integrantes , constituyó una acción superflua pues no otra consideración cabe en una comunidad que apenas alcanzaba al millar de pobladores en una provincia donde todo el conglomerado urbano tampoco superaba los 85.000 habitantes.

Nadie era, más conspicuo en aquel invierno de 1976 que un médico, un productor agropecuario solidario o un profesor del establecimiento educativo de la pequeña aldea.

Empero, la práctica se ejecutó con método y prodigalidad. Primero, porque hubo un plan preconcebido. Segundo, porque la delación fue alentada, celebrada y tuvo sentido no tanto en la acumulación de información que abonara la tesis del accionar subversivo, sino para doblegar las reservas de dignidad de los denunciantes y convertirlos en rehenes morales de los destinatarios de sus diatribas.

La promoción de la denuncia, para hacer descender a la sociedad a sus niveles más oscuros de degradación, constituyó una obra de ingeniería que en La Pampa se aplicó con mucha intensidad y eficacia: abundan los testimonios –en el juicio de laSubzona- con detalles de interrogatorios tan feroces como superfluos. Cuestionarios al pie de la picana tan infantiles que, de antemano, evidenciaban que no se procuraba una respuesta sino el tránsito que va desde la entereza al quiebre de los resguardos éticos.

Los eventuales resultados adversos de las interpelaciones se superaban con la confección de declaraciones preconcebidas que los detenidos eran obligados a firmar sin poder examinar su contenido.

Samprón, Alvarez, Carlino, Bertón, Quartucci, Pozo Grados…y tantos otros igualmente iban a ser atormentados sin que sobre ellos pendiera una denuncia. Sólo porque sus perfiles y objetivos eran tan notables que automáticamente los convertían en blancos del terrorismo de Estado. Herederos de una épica, sobre ellos ya pesaban las historias de luchas y el heroísmo desplegado por los bolseros de la FORA, la trayectoria del pionerismo valdense francamente contestatario, la presencia del padre Valentín Bosch cuya prédica todavía reverbera en aquellas dilataciones del sudeste. Probablemente también ingresaba a este inventario la doctrina y compromiso de Manuel Negrín o la desvelada abnegación de Néstor Grill.

Y, como si no bastare, esta experiencia educativa singular, participativa, forjadora de conciencias bajo el cobijo de un centro formativo que lleva por emblema el nombre de alguien que describió como pocos la inexorabilidad de la nada bajo el imperio de la mediocridad y la ausencia de sueños.

Cerrando el cuadro, algo muy temido por los cobardes: el espectro ominoso de la reiteración en otras conciencias y poblados.



La preparación de los traidores según el magisterio de Bayer

"...Carlés (...fue el primero que les aconsejo “de casa al trabajo y del trabajo a la casa”. De las brigadas de obreros buenos salían los que iban a reemplazar a los huelguistas. Los obreros buenos rompían muchos movimientos propugnados por la FORA (eran llamados “los patoteros de Carlés” o “crumiros”).Carlés sabía lo que hacía: premiaba a los obreros que más se destacaran en su lucha contra anarquistas y maximalistas y hacía de ellos los futuros capataces. Y también premiaba a los miembros de las fuerzas represivas que se habían destacado en su lucha con los elementos disolventes: así se condecoraban a agentes de policía, pesquisas, comisarios, bomberos, soldados, suboficiales y oficiales del ejército y de la mar..."

(…)

"...Pero la suerte de la organización anarquista estaba echada (con la participación de ) las casas cerealistas, a los políticos conservadores y algunos radicales de la zona y, por supuesto a la policía. El plan era liquidar la organización sin más trámite. Para eso contaban con el visto bueno de Manuel Carlés y su Liga patriótica que puso a disposición de los organizadores del plan una brigada de “obreros buenos” de Coronel Pringles a las órdenes del incondicional Cataldi, que las oficiaba de capataz..."





La dignidad según la lírica de Herzel:

El bar de Amor y Diez

es el lugar del encuentro.

Llegan allí cada noche

a soñar un mundo nuevo.



Ellos saben que los miran

con desprecio los señores.

Que no aceptan su demanda

de mejores condiciones.



Cuando llegan los matones

a enfrentar a los bolseros

presentan a un capataz

que ni siquiera es obrero

(…)



“Ahora soy el capataz”

dice un matón desafiante.

“Usted no es de los nuestros,

es un traidor, un farsante”.





Según Runeberg, en la mirada de Borges, Judas Iscariote fue ese hombre: único entre los apóstoles, que intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesús. Judas acepta la misión de entregarlo a la muerte y facilitar así el escape de la prisión del cuerpo y la liberación de la divinidad que llevaba dentro. No es entonces el villano que vende a Cristo. Es la víctima que acepta su destino, que se resigna a la infamia y desempeña el papel asignado, para dar cumplimiento a la profecía.

Acaso los que denunciaron, los que ocultaron y silenciaron, los que fundaron el ministerio del olvido –en Aráuz y otros puntos del territorio- los que se envilecieron en el ejercicio de la caza del hombre, alcancen algún día a percibir que con sus irredimibles vesanias han contribuido –como el Judas que concibe Runeberg- a la consumación de una realidad diametralmente opuesta a la que aspiraban: la reivindicación de una práctica social que nos trascienda, la aprehensión de de una didáctica para tomar por asalto al porvenir…

…en fin, la construcción de un sueño colectivo en el cual empinarnos en estos vislumbres de un año nuevo.



Juan Carlos Pumilla

Noviembre 2011









lunes, 9 de julio de 2012

Mujeres - Adelita


  No sabemos sus nombres, son las grandes olvidadas de la historia de México y sin embargo sin ellas no habría México ni historia de México” Elena Poniatowska.


   Adelita se presentó en nuestro hogar una tarde de otoño, cuando los años cincuenta se batían en retirada. . Vino de la mano del Wincofón y en la voz de Nat King Cole. 

Desde entonces está con nosotros. Con ella, a partir de ella, conocimos a Jorge Negrete y, ya adolescentes, sus circunstancias. Inicialmente en las alegaciones de John Reed y más tarde en los portentos de Juan Rulfo. 

Adelita siguió siendo Adelita pese a que los socios del Club de los Racionales pretendieron convencernos de que se trataba de Altagracia Martínez o acaso Marieta Martínez. Precisamente esta vacilación de los biógrafos nos confirmó el acierto de adscribir a los veredictos del imaginario popular. 

Adelita reflejada en los ojos de Pancho Villa, cocinando tamales, consolando a los heridos. Adelita en la primera línea de combate con un fusil al hombro y esa sonrisa encantadora en el andén de Buenavista poco antes de partir hacia los llanos de Chihuahua donde la esperaban la revolución , las apostasías de Pascual Orozco y la leyenda. 

Desde ese momento permanece allí, en un estante de la biblioteca y en lo más profundo del corazón de un niño que se estremece cada vez que eleva la mirada y contempla su sonrisa.

     JCP

La fotografía de Jerónimo Hernández fue publicada por primera vez el lunes 8 de abril de 1912 en el diario maderista Nueva Era, y da cuenta de la partida, el sábado 6 de abril, de tropas del general Victoriano Huerta

sábado, 7 de julio de 2012

Procedimiento


Cuando le sonreí se tranquilizó. Extendió su brazo sin alzar la vista Dije: “está bien, andate”. Examiné su espalda algo encorvada y me detuve en la nuca. Tenía una mancha de nacimiento. Apunté.


(de la serie minicuentos de 33 palabras)

jueves, 5 de julio de 2012

El día de los Gloster


No fueron pocos los que percibieron, con cierto sobrecogimiento, el lejano bramido crispando el amanecer de Bernasconi. Pero la incertidumbre demoró al menos una hora más en disiparse.

Fue el tiempo que un productor de la zona, tras vencer su recelo, invirtió para aproximarse a un tramo de la ruta nacional 35, situado a dos o tres kilómetros de la entrada al poblado. Allí no tardaría en establecer el origen de la alteración mañanera.

Momentos antes un fuerte ruido había atraído su atención y la extrañeza transformada en alarma al observar precipitarse en su chacra un objeto plateado de considerable tamaño.

Al atravesar la alambrada la visión de la carretera mudó en asombro su curiosidad: en el lugar, alineados al costado de la banquina, cuatro enormes aviones con sus respectivos pilotos aguardaban a la espera de auxilio.

Prontamente, con inocultable deleite, el hombre de campo daría cuenta del episodio al comisario y lo refrendaría más tarde hasta el hartazgo a quien se le cruzara. Al parecer uno de los aparatos, con destino a la Base de Punta Indio, había quedado sin combustible obligando a un descenso forzoso del conjunto. La ejecución de esta maniobra impuso la necesidad de arrojar preventivamente los tanques de aprovisionamiento.

La especie se dilató hacia todos los confines en aquel intenso verano y no fueron pocos a los que se les antojó relacionar las aprensiones del chacarero con las turbaciones que, veinte años antes, Orson Wells generaba en su audiencia de La Guerra de los Mundos.

Si hasta las imprecisas crónicas posteriores de la radio de Bahía Blanca no habrían escatimado elementos para establecer, con cierta sorna, estas analogías.

Empero, aunque desde otra consideración, el miedo podía tener sustento: cuatro aviones de la misma dotación habían sido protagonistas centrales de los bombardeos a Plaza de Mayo tan solo tres años antes, el 16 de junio de 1955. Una vileza que aún sigue impune.

Pero no hubo aquí, en la sobresaltada campaña pampeana, corolarios luctuosos. Al contrario.

Fue una jornada de fiesta. Los escolares no asistieron a clases y el ausentismo en los lugares de trabajo fue notable. Camiones, tractores y diversidad de vehículos llegaron hasta el lugar de las expectaciones procedentes de diversos puntos del departamento Hucal.

Los aviones Gloster Meteor, sus pilotos y el chacarero –en ese orden- se constituyeron en los focos de un interés que no decreció en ningún momento. Es que los contingentes se fueron renovando hasta promediar la tarde en que, procedente de la base de Puerto Belgrano, llegó un camión cisterna para cumplimentar la tarea de abastecimiento.

Pero sin lugar a dudas el momento de mayor excitación fue el que fraguó el despegue de los aparatos. Ordenados en la ruta de tierra se elevaron uno tras otro ejecutando un pronunciado giro hacia el Este apuñalando el firmamento. La algarabía de los concurrentes en la despedida apenas fue disipada por el tronar de las turbinas.

Luego, un absoluto silencio y quizás un dejo de tristeza por el retorno a una previsible rutina. Sin embargo ya nada sería igual en las tertulias vecinales de las semanas venideras por el predominio de lo acontecido.

Cuando el último Gloster se perdió en el horizonte y se ponía de relieve la dificultad colectiva para exteriorizar sus emociones alguien se atrevió a quebrar el mutismo con una casi inaudible musitación: ¡Qué bien manejan!





 
De la plaza

a la rotonda



En virtud de la onerosa deuda externa inconvertible que Inglaterra había contraído durante la Segunda Guerra Mundial, durante el gobierno del general Juan Domingo Perón la Fuerza Aérea Argentina adquirió 100 Meteor MK IV. Cuatro de ellos (integrando una escuadra de otros veintiocho aviones, de otras características, de la FAA y la Aviación Naval Argentina) protagonizaron, el 16 de junio de 1955 el bombardeo a la Plaza de Mayo que produjo centenares de víctimas civiles, entre ellos un numeroso grupo de escolares que visitaban Buenos Aires.

Durante la defensa de la capital se registró un combate aéreo entre una escuadrilla de interceptores Meteor leales al mando del teniente primero Juan García (volando el Meteor matrícula I-039), teniente primero Mario Olezza (I-077), 1er.teniente primero Osvaldo Rosito (I-090) y el teniente Ernesto Adradas (I-063), frente a las máquinas Rebeldes AT-6 Texan, pilotadas por el teniente de Corbeta Máximo Rivero Kelly (en el Texan matriculado 0342/3-A-29) y el guardiamarina Armando Román (0352/3-A-23). El combate se promovió a baja altura sobre el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery y el Río de la Plata, cayendo abatido el Texan de Román bajo los cañones de Adradas. Román pudo saltar en paracaídas precipitándose al río y Adradas logró el primer derribo de la FAA y el primer derribo de un reactor en el Continente Americano.

Los Meteor agresores se dirigieron a Uruguay tras el fracaso del intento sedicioso hasta el éxito de la llamada Revolución Libertadora ese mismo año. Los aviones siguieron prestando servicio duante años, hasta que fueron retirados.



PEDESTAL

SANTARROSEÑO

Progresivamente los Gloster fueron raleados de servicio siendo distribuidos a distintos puntos del país con fines didácticos, ornamentales o de exhibición. Un inventario del Ente Nacional para la Aviación Civil, sostiene con relación al aparato establecido en la rotonda Norte de Santa Rosa: " C-019: asignado al ENAC en proximidades del Aeroparque, tras ser desactivado el 12/05/71. El C-019 fue expuesto brevemente en el predio ferial de Palermo, para luego ser enviado definitivamente a Santa Rosa, La Pampa, ubicado sobre un pedestal en uno de los accesos de la ciudad, luciendo su esquema táctico original. A 2005, tiene la matrícula ficticia I-021 y una coloración marrón claro, con un vergonzoso estado de abandono..."



viernes, 29 de junio de 2012

Represión en La Pampa - LA OTRA DEUDA

(a la memoria de María Tartaglia y Jose Martiniano Mendizábal)

Renegamos de los juicios contra fácticos que a menudo tienden a enriquecer las justificaciones de los fracasados. Pero con el mismo énfasis estamos legitimados para recordar las representaciones del porvenir que proclamaban los ciudadanos de la década del setenta.

La diferencia es clara: en lugar del “qué hubiera sido si…”_ que sólo admite una enunciación desde el presente_, la descripción del pensamiento de una generación en una parcela del pasado. Ideario que configura un escenario determinado por los sueños, convicciones, la voluntad de trabajar en procura de ese destino.

Afianzados en ese punto de partida es dable inferir que la aplicación del plan genocida en La Pampa deja otra deuda además de las apuntadas. La comunidad pampeana podría reclamar lo que con mucha propiedad debería indicarse en la columna del “lucro cesante”. Los presupuestos no cumplidos de un colectivo social que avanzaba hacia el porvenir con otras ilusiones que el terrorismo truncó.

Sueños, ratificados con coraje y militancia en los conmovedores testimonios de Raquel Barabaschi y Pepe Mendizábal.

No es dificultoso el inventario.

Porque en la sociedad ideal esbozada hace tres décadas en el imaginario colectivo resplandecía el servicio provincial de salud madurado y eficiente. De igual manera se elevaba el bagaje de los bienes identitarios y por supuesto estarían superadas las dubitaciones sobre el concepto de región.

La generación de los setenta descontaba que gozaría de la televisión cooperativa. Y correrían, puntuales, los trenes (porque la gestión de Carlos Menem hizo lo que hizo gracias al soporte previo de la dictadura y la lógica del Plan Larkin instalada en la mente de los gobernantes de los sesenta hasta la actualidad).

No será ocioso subrayar que en aquel vaticinio La Pampa tendría más trigo y menos soja, serían inferiores los niveles de violencia urbana y la educación pública afrontaría sus desafíos de formar privilegiando la verdad histórica y la memoria con presupuestos adecuados.

Pero además, como si no bastare, avanzaría hacia la confección de un nuevo auspicio del porvenir sin ese lastre cotidiano que nos corroe y daña, que lastima y asedia a nuestras doctrinas. Con esa marca invisible que tanto se siente: el miedo. La estrategia del miedo y sus mutaciones, residuos de un tiempo largo que acaso puedan comenzar a exorcizarse en este juicio que avanza.



Despojados de las contingencias de tres décadas, en la sociedad imaginada por nuestros desaparecidos, la utopía estaría a la vuelta de la esquina.


(dibujo deRaquel Pumilla)


                                                                                                    Juan Carlos PumillaAgosto de 2010



sábado, 23 de junio de 2012

Palabras


Los muchachos alojados en el “Instituto Dr.Julio Alfonsín”, la unidad de reclusión ubicada al sur de la avenida Santiago Marzo, escriben poemas de amor estremecido y largas e intrincadas prosas a sus afectos, especialmente a sus madres.
         Toman mate amargo en silencio y cuando lo rompen mastican cada palabra, para que no queden dudas sobre qué es lo que quieren decir. A menudo se quedan prendados con alguna idea y la examinan del derecho y del revés hasta acreditar su solvencia.
         ¿Asoma, tal vez, una luz de expectación?
Brasitas, rescoldo de una ingenuidad que quedó en los bordes de un potrero, en las púas de un tapial.
         Los muchachos rondan los veinte años de edad. Cuando cumplan sus condenas todavía serán jóvenes.
         Están allí, a tres cerrojos que repican con cruel sonoridad.
         El visitante no resiste la compulsión de examinar minuciosamente cada rostro para deducir qué es lo que han hecho para permanecer en el Instituto. En realidad la tarea es ociosa y, por otra parte, ya no quedan resquicios para ejercer perimidas prácticas lombrosianas: basta leer la crónica diaria. Ellos son sus reflejos.
En la crónica diaria también abundan los prestidigitadores de las postmodernidad, que adulteran la realidad para convertirla en una ficción; los vaciadores de esperanzas, los constructores de corrales, los que vilipendian al país, los pornógrafos del hambre y la miseria, los exegetas del miedo…, pero ellos no están en el interior del edificio blanco y adusto que interrumpe la monotonía de Colonia Escalante.
         Los muchachos saben o perciben, lo dicen sus miradas, sus gestos de recelo al momento de las presentaciones, la furia contenida de alguna de sus preguntas, que ellos son la ofrenda. Victimarios y víctimas, la expiación de una sociedad que reclama, aunque más no sea  un mínimo resarcimiento ante tanta iniquidad.
         Perejiles de la transgresión.
         Cuando los muchachos comiencen a redondear su juventud y la primera reja se cierre a sus espaldas, la circunvalación les ofrecerá una bienvenida y un dilema. La disyuntiva que puede ser feroz. El norte, el sur o los circuitos circulares.
         Cuando ese momento llegue probablemente queden pensativos. Como lo están ahora que han escuchado decir, con la misma fascinación que nosotros cuando lo oímos de nuestros maestros, que las derrotas son la madre de las victorias.
         Acaso la ansiada externación produzca alguna manifestación de sorpresa ante la comprobación de que el trazado de la avenida sigue inconcluso y que el viento se ha llevado los últimos ecos de una lejana proclama primermundista.
         ¿Cómo operará en su interior esta verificación? Es difícil saberlo: sus ojos apenas dejan entrever un compendio de incertidumbre, bronca y desconfianza. Peregrina, furtiva, se filtra por ahí una llamita de atracción generada por la aparición de una formulación que, como al descuido, cae en medio de la charla acerca de que la libertad es un estado de conciencia.
         Memoria y utopía. La palabra como mecanismo para buscar la libertad, la palabra como albergue de las ideas, la palabra como brújula de la justicia y la verdad.
         De esa palabra hablamos con los muchachos del Instituto Alfonsín un viernes gélido de mediados de junio
Luego, nos fuimos.
En el salón quedaron dos horas de honras a la letra escrita junto a una promesa que quizás comience a amortizarse con estas líneas.
Nadie podrá tener certezas del porvenir de esa charla. Salvo, claro, que ahora sabemos -nosotros los visitantes y ellos, los muchachos del Instituto Alfonsín-, que la palabra puede ser un arma portentosa y uno la carga como quiera.


                                                                  JCP

viernes, 22 de junio de 2012

Las estaciones




Pertenecen a un país que ya no es y están allí, en la soledad descascarada, lamiendo sus heridas, lejos de los ecos de otras épocas. Otras voces poblando estas galerías  que el viento recorre, puntualmente, acariciando desconsuelos.
        Siguen siendo nuestras y acaso estén como estamos todos: poblando un andén que está solo y espera.
        Es bueno visitarlas. Desandar sus recorridos para reconocer los puntos de partida y, si no  perdemos el tren, presentir los destinos.
Visitarlas como un ejercicio de la memoria, para saber qué  fuimos;  para establecer  qué haremos...
Crece el monte en  su interior. Avanza insolente y tenaz, como si fuese un reclamo. Afuera, contrariando a las vías, un retoño despliega  desafíos y marca la medida de la ausencia.
        Ahora, a través del árbol, mediremos alturas y distancias.
Los tramos recorridos...
...y todo lo que  nos falta
Ellas, las estaciones...


                                                                                                                            jcp

jueves, 21 de junio de 2012

Mujeres -Chicha

La mujer, que el jueves ascendió por las estribaciones del Sipren, no vino. Ya estaba con nosotros desde aquellas crepitaciones de la calle treinta que, una vez más, como cincuenta veces más, reverberaron en estas dilataciones de arena que llamamos pampa.


Apenas puso a descansar su bastón blanco percibió la bienvenida de Liliana Molteni y las palpitaciones de María Tartaglia, la otra abuela que está sola y espera.

Dos pulsos y un solo corazón. Cosa de jueves…

Fue un abrazo estremecido, apenas sin palabras. Acaso el silencio más elocuente y sonoro de la tarde.

La mujer prodigó voces de aliento y bienaventuranzas, también una sonrisa para gratificar al nieto que escribió un libro para honrar a su Superabuela.

Luego dijo lo que dijo y se nos antoja que mancillaríamos esas verbalizaciones intentando explicarlas. Porque hay otro texto, explícito y rotundo, en el abnegado magisterio de su mirada o en la gestualidad de las manos acariciando el aire.

En la despedida hubo lágrimas y las confirmaciones de la Cofradía del Abrazo.

Al caer la noche, con su lanza en ristre, se internó en el obsesionado afán de presionar al otoño hasta convertirlo en Primavera. Será pronto, presentimos, apelando a esa convicción que nos legara Arlt hablando del futuro.

Cuando eso suceda todo será una fiesta y sonará Vivaldi.

Albricias de un tiempo nuevo, celebraciones de la memoria.

La mujer del jueves –que en un acto supremo de generosidad resignó el amparo de un tejido trunco, no se fue. Quedó aferrada para siempre en nuestras expectaciones.



Juan Carlos Pumilla



Marzo 28de 2007











miércoles, 20 de junio de 2012

Sombras, nada más...

(tres microcuerntos al hilo



Avanzo tres pasos y ella hace lo mismo. Camino otros diez y siempre ella está allí, anticipada. Cada vez que intento alcanzarla, no  puedo, como tampoco puedo entender porque Galeano se empecina en llamarla utopía.
...............
La Mujer Maravilla comenzó a girar y una estela de reflejos salpicó las paredes. El  Hombre Invisible la contempló con envidia.
....................

Era un perfecto triángulo amoroso. Hasta que ella decidió apagar la luz para desnudarse de sus sombras.



                                                                                                                          jcp

ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...