La hoja
penetró sigilosa en el corazón de la verdad. Hubo otras expiraciones,
seriales. El cadáver de la realidad quedó sepultado en una pila de olvidos,
papeles amarillos, relatos de televisión. Ninguna huella.
(de microrelatos de 33 palabras)
La memoria es un tatuaje del alma. Se lleva en la conciencia y obedece a sus dictados. Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela lo que somos. Testimonio para presentir destinos y decidir qué haremos
La hoja
penetró sigilosa en el corazón de la verdad. Hubo otras expiraciones,
seriales. El cadáver de la realidad quedó sepultado en una pila de olvidos,
papeles amarillos, relatos de televisión. Ninguna huella.
(de microrelatos de 33 palabras)
…………………………………………………………….
a Pablo Grillo
……………………………
Canta,
Y al hacerlo alerta.
Quehaceres del canario
que acunan los
mineros,
anticipando vahos ,
festines de sulfuro,
desde el fondo del túnel.
Lo sostuvo Springten,
tras la huelga,
un otoño de antorchas
destellando laureles
de la calle en marcha.
Y persiste en el canto,
entre el humo
que asfixia,
el futuro incierto,
y la metralla.
Respira, el que canta,
y la acera prorroga
un destello de luz
clamores de esperanza
ante el grito de alarma
que repica en las plazas.
Menos mal el que canta
y al cantar sostiene
que hay un viejo llorando
y una anciana apaleada.
Lo demás,
lo demás,
ya es cosa nuestra.
Ahora…
ahora que fulgura
este ademán de
otoño
sin pausa y sin treguas
su tonada crece
por si acaso el ahogo
o enturbia la mirada.
Alcemos nuestros ruegos
por su enfoque acertado
donde quiera que vaya
esa voz que previene
ese Grillo que canta
y que al cantar,
nos salva.
……….
Foto Cambio 2000
Disciplinados, eficientes, lacayos del mal.
Satisfacen órdenes
y se amparan en esa obediencia.
Acaso hubo alguien que prescribiera esa sonrisa?
Tal vez este apartado esté contenido en el Manual de la Abyección tan escrupulosamente puesto en
práctica las tardes de los miércoles.
No hay que indagar demasiado. Basta escuchar a la ministra asegurando que una anciana
de 87 años, apaleada, gaseada, que reclama por su derecho a una vida digna, es
una patotera.
Ríen, sentencia la
calle, se ríen de todos nosotros.
Simetrías, en el almanaque de la historia. Festejos, en
el banquete de la impunidad.
Contribuciones a Borges para engordar su Historia
Universal de la Infamia.
Sobran las palabras, se extinguen ante la incompetencia de las adjetivaciones.
Si fuere necesario,
van dos ilustraciones. Podrían
ser tres; nos falta Pablo Grillo para
ofrecerla. Un registro de la prisión de EEUU
en Abu Graib, Irak, 2003. La soldado Ynndie England posando,
displicente, junto a sus víctimas.
Laotra fue obtenida
por Crónica TV, durante la represión en la Plaza del Congreso.
Una selfie para el inventario del oprobio.
En el
jubilado al que apalea, distingue a un
enemigo. En la muchacha que trata de huir de sus garras, un objeto de placer. La anciana que cae ante el bastón, un estorbo.
La mira del fusil no devuelve esa lágrima ni el
ojo que estalla. Sus retinas solo confirman una lección, la ejecución de un chantaje
histórico para esos rehenes del porvenir que algunos llaman sobrevivientes.
Frente a una pancarta que flamea, verifica una amenaza. El acorazado que desliza su mirada, imperturbable, en
este solar en llamas que propicia, se obnubila. Su mente
esclavizada naufraga entre las
devastaciones de la avaricia. En ese
horizonte ceniza donde habitan los
escarnecidos de su afrenta, no ve la realidad. Acaso constate su propio futuro.
La hoja
penetró sigilosa en el corazón de la verdad. Hubo otras expiraciones,
seriales. El cadáver de la realidad quedó sepultado en una pila de olvidos,
papeles amarillos, relatos de televisión. Ninguna huella.
(de microrelatos de 33 palabras)
ESTUDIANTES PAMPEANOS CREARON LA PRIMERA FOTONOVELA SOBRE LA NOCHE DE LOS LÁPICES.
MENOS MAL LOS PIBES
"...Están allí mis hijos, mis hermanos
mis nietos de un futuro, desahuciado.
… escribo mis pancartas, las levanto
y me subo a sus sombras, hasta abrazarlos..."
Leemos: en el Hades, los muertos no conservan recuerdos de su
vida anterior porque han cruzado el Olvido, el límite del retorno.
Menos mal que están, para vencer la amnesia,
ellos.
Pibas, pibes que recuerdan. Mejor aún, moceríos desobedientes
e insobornables, con memoria. Heredada, porque esos relatos y reminiscencias provienen de otra época.
Quedaron impregnados en las paredes, en las
estigmas de una calle adoquinada,
en las arrugas de un rostro que espera, en los manteles donde sobra un plato, o dos, o todos, Ausencias que duelen y sublevan. Una falange del tiempo en el que el Leviatán sentó sus reales alterando todo: subvertir la lógica de la existencia
hasta alterarla: por caso, que los hijos mueran antes que sus padres.
¿Otra época?
Los chiques que nos convocan a esta maravillosa iniciativa, irrumpen
a contramano de las directrices que
imponen los dómines del sentido común. Muchos de ellos alzan pancartas
reclamando justicia, o presupuesto. Otros añoran la tibieza de un abrazo
fraterno porque el abuelo de las caricias se retrasa en regresar al hogar. La
mitad se irá a dormir con la panza vacía
y los restantes avanzan a
tientas, navegando por los avatares de esta tormentosa, peligrosa, incierta
singladura que en la asepsia de los manuales se reputa como realidad.
Esta fotonovela alivia, rejuvenece la orientación de la
esperanza, se afianza en el legado de libertad, justicia y futuro que esa monumental parcela de jóvenes, cuyo vacío
se evidencia en los padrones, nos dejara.
Uno de nuestros maestros, Nervi, solía decirnos que,
enfrentados a instancias espinosas, al
tigre afgano se lo caza con el lebrel
afgano.
Estos muchaches de
ahora no conocieron a Ricardo, pero replican esta sabiduría en sus
realizaciones. Primero los retratos, ahora los fotogramas y la dramatización.
Lenguajes remozados para acceder a conciencias lozanas y refrescar a los mayores la importancia de no
desdeñar los recursos, sino ideologizarlos tras el objetivo de urbanizar nuevos
paradigmas.
Impedir que la historia se repita como tragedia, honrar la
lucha y a los luchadores, romper el
silencio, proteger a los pájaros caídos.
Ya lo hemos dicho pero insistimos: la memoria como redentora
de la historia. Un magisterio de ofrendas sin jactancias. Esa es la remembranza
que nos gusta, la que sirve para
construir cosas nuevas. En ella nos refugiamos,
a su amparo nos defendemos, con esa
memoria en ristre avanzamos al porvenir con el afán de calibrar – tal cual lo hicieran los rebeldes
de la generación inmolada -cuánto nos
falta hasta pellizcar, nuevamente, el cielo con los dedos.
Noches, lápices y aquí, exorcizando la oscuridad, soles.
Germinales desenfadados,
galácticos.
Se despliegan luminosos
entre nosotros cada vez que promovemos la alborada
de estas páginas.
Amanecen en nuestro firmamento desbordados de luz.
Obcecados, esculpiendo la melga de renovados horizontes.
Vienen del otoño, soles primavera.
Juan Carlos Pumilla
Noviembre 2024
Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...