viernes, 14 de septiembre de 2018

Raquel Barabaschi


Días de juicio
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RAQUEL BARABASCHI
La vi llegar con su pañuelo verde
y aquel  cartel arropado entre sus brazos.
Se fue veloz  a colgarlo  con un lazo
por si acaso la memoria se nos pierde.

Hubo un café, que su hermana trajo,
luego el cerrojo de  una celda oscura,
en las alturas renacían los lamentos
de un tiempo en que la muerte fue a destajo.

Allí se  hundió por  un pasillo largo
donde la noche revive en su acechanza
una lombriz de sal, ese  recuerdo amargo.
más tarde  fue la luz, la calle y un abrazo.
                ………….
La vi partir  y en sus pupilas color  jade
aletearon  mil pañuelos, como pájaros,
ebrios de sol pidiendo que se quede
para abrigar  aquel  cartel en su regazo
              …………..
En unos días más esa mirada clara
medirá la distancia entre dos plantas.
Ondeará la  demanda   en ese espacio
desde el cual la memoria nos hermana.

(agosto 2018, tras la inspección ocular a la seccional Primera)


sábado, 8 de septiembre de 2018

Pibes de la noche



Cubren con el hueco de sus manos
 su quinta inmolación de la jornada,
brasitas de ocasión, humo y sudor
los pibes de la calle, tan callada.

Uno avecina ramitas al fogón
y otro arroja una botella desahogada.
La  penumbra  arropa una ilusión,
hada fugaz, ciega de luz, disparatada.

A medida en que  la noche se embaraza
y un Dios hereje esquiva una proclama,
los pibes en  la niebla  avivan ascuas
por si acaso el calor resucitara.

En las orillas el trono está en la esquina,
y el barrio  es un reino de entrecasa.
Suburbios de este  Sur que se dilata
y culmina   en la ciudad como  una trampa.

Una luciérnaga  alumbra retiradas
se van, cabezas gachas, embozados,
brillos  furtivos,  no alcanzan a ocultar,
esa angustia que se crispa en  sus miradas.
………………………………………
(Están allí mis hijos,  mis hermanos
mis nietos de un futuro, desahuciado
escribo mis pancartas, las levanto
y me subo a sus sombras, hasta abrazarlos.
……………………………………………
JCP
Agosto 2018

miércoles, 29 de agosto de 2018

Ciro

días de juicio
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Fue hace unos momentos mientras agosto desplegaba sus furias. Acudimos al lugar donde ahora se impone su nombre. Nos resulta familiar; desde hace meses la planta alta del Colegio de Abogados es escenario donde la memoria  pugna  contra la impunidad, el silencio, el olvido…
En ese sitio, desde el inicio de las audiencias, el nombre de Ciro Ongaro emergió  en estremecidos  testimonios de centenares de víctimas que fueron dispensados  por el afecto, defensa, sus prodigaciones  de aliento y esperanza.
Fuera del calendario, acudimos al piso superior para ratificar,  fortalecer la cofradía el abrazo con sus hijas y nietos. Nos mancomunaba la honra a un amigo, al maestro, un luchador de causas nobles y a menudo perdidas. Conocimos a Ciro Lisandro Ongaro en una etapa de mocedades y nos perpetuamos  en su hospitalidad,  el cobijo de un nido, porque su hogar era una pajarería  y sus paredes, refugio. El ya constituía  un ejemplo y transitaba sin premura hacia la leyenda.
Pero no se trata este texto de fundar una semblanza. Más bien una crónica de ocasión y acaso de desahogo.
La ceremonia de imposición  de nombre del  que alguna vez sostuvo, ante un  auditorio atónito, atestado y probablemente compelido por el morbo que “algo huele mal en Dinamarca”, para referirse a la Justicia,  fue todo lo desacartonada que  puede esperarse de hombres anclados a sus   corbatas.
No permanecimos en la sala mucho tiempo. Nos fuimos, expulsados por una insolente incongruencia: la presencia, en el panel, de un orador que está en  las antípodas de lo que representó Ciro. Distancia abismal de ese  pensamiento y práctica que hoy constituye su enorme legado. Esa herencia  espiritual que hoy  usufructuamos los que estamos de este lado de la grieta.
Momentos antes el presidente del Colegio puso en práctica la  ucronía. ¿Dónde se hubiera ubicado 0ngaro ante la disyuntiva de las dos bibliotecas del Derecho. La respuesta no dejó lugar para hesitaciones: del lado de la dignidad del hombre, de la cultura popular, del humanismo, de la lucha por un mundo distinto y mejor.
Está claro, y con esto fundamentamos nuestra retirada: si uno de los términos de la opción fuera la neutralidad o el olvido, Ciro hubiese optado por la  lucha colectiva y la memoria. Si la disyuntiva condujera a la comodidad o la resignación, el querido maestro no vacilaría en desplegar sus velas hacia la utopía.
Brindamos por ese magisterio.

(foto de Pablo De Pian. Al centro Ciro Lisandro Ongaro en el curso de una asamble en el marfco de la huelga salinera)


viernes, 17 de agosto de 2018

La noche de la memoria


Quién sigue tus pasos, general. Te escoltan tus guerreros, espectro que vagan por las noches en busca de la luz. Allí están tus glorias, general, trocadas en el bronce al que el viento de agosto va cubriendo de herrumbre. ¿Te escoltan los recuerdos, general, pero no son los recuerdos los que quedaron sobre el mar para albricias de los nietos?. ¿Y tus cuitas, tus lunas, los misterios, tus dolores, soledades y miserias? Todos están allí, integrando el cortejo. Pero…¿quién sigue tus pasos, general?.. La respuesta está en la lava y en el trueno, en el fulgor azul que eleva una torcaza, en el fragor de mayo y en el reloj del pueblo que avanza, lentamente, paso a paso.

viernes, 10 de agosto de 2018

Pañuelos en la calle

foto: Dagna Faidutti

Porque América, --tierra del futuro--,
igual que la mujer, vence de echada.
(Jaime Dávalos)

Putas, mitómanas, asesinas, golpeadas, arrastradas, humilladas... Uno pretende disponer  qué hacer o decir de  ellas. Cualquier cosa, lo que  nos venga a mano. A las manos. Empero crece  la sospecha de que, en  cada articulación cimentamos nuestra propia capitulación. Porque ellas, desde los umbrales mismos de la historia, siempre  nos llevan la ventaja: cavilan en claves insondables,  acarrean el  misterio de la existencia en las entrañas y  –ya está probado - van a hacer  con sus cuerpos lo que se les cante…
Si vuelven a nacer
serán como los pájaros
 Ya lo sostuvo  el trovador, en la bruma fugaz de la utopía, en ese atardecer  del país  que fue.
 Retoñaron los  versos en miles de endechas nostalgiosas. Temples como puños empinados en  otras voces, en otros tiempos, otras brasas  avivando la luz de los fogones.
Ahora verificamos, tras los desvelos  de  una noche inenarrable, que aun  en la  frustración, ellas, las putas de la historia, han doblegado la estolidez y la ignorancia.
Volcán de lava verde, pañuelo en ristre,  derramaron  por  las calles   sus  certezas, concebidas de gracia y alegría.
Coral de las mochilas
 son sus  corazas
  Dávalos retorna con sus coplas y ellas están allí para esperarlo. Noctámbulas, luciérnagas. A cielo abierto, brazo  alzado, puño en  alto, desafiando ofuscaciones y lloviznas. Acaso , como si nada.
Porque esas muchachas, al igual que las Madres, como  el Cid Campeador en  su última batalla, renacen  en las plazas. Asoman en  cada esquina de este Sur   que las ampara. y se levantan, cuando todos las piensan  derrotadas.

sábado, 28 de julio de 2018

Mujer que dice no

Salvadora Medina Onrubia

MUJER QUE DICE NO
(a  Raquel)

Salvadora dice no, al general de la furia… además, insiste en su desprecio. No hay redención posible para   los que doblegan sus  almas cimentando  placebos de libertad retaceada. Mitigaciones  de la  conciencia. Menos mal, Salvadora. Comparece, melena bermeja   y corazón fogata, a negarle su claudicación al general de la rabia. Alzando un poema, esgrimiendo  un puño, abriendo una caricia con letra de matriz  amanecida La imagino, salvaguardada de las ofuscaciones de una moral  beata, navegando en   la  marea de los pañuelos verdes. Fuera de su tiempo. Venciendo   sin  olvidos  al general del odio. Atravesando todo,  quién sabe cuánto, ¿acaso  más de un siglo?  Para no sucumbir, solo mujer, consintiendo  rigores de ancestral latido. El   siglo forastero  la consagra trajinando,   plebeya entre bastones y  chisteras,   hasta alcanzar  a  Simón para decirle ¡vamos! a un porvenir incierto. Simón de los abrazos, Simón de los océanos, aquel  de la Protesta. Muchacho Radowitzky, vengador de  memorias. Las  nuestras, las  de siempre. Brisas  a cielo abierto. Y ella, luchadora, emergiendo de la bruma de un manto de desvelos. Vendrá reaparecida, su cabellera al viento a sumar una honra al mural de Siqueiros o alzar una proclama que cala bien  adentro.  Letras  que se tornan gritos para descargar  tormentas al sujeto de los  entorchados.  Al general crepúsculo del golpe inaugural cuya victoria celebra el reino del silencio. Laurel de  las amnesias. De la  cobarde  apatía asociada a razones de envilecido precio. Menos mal esta mujer a la que canto.  Ahí está, constructora, la niña de  la tribuna en llamas, la sospecho brazo en alto encumbrando  un edificio, un trabajoso andamiaje de sudor y combate desde cuyos tablados se alza la negativa. Esa admonición tan rotunda como    categórica. Aquella  desaprobación redentora de techumbre y abrigo en donde  nos refugiamos
-¿de qué, de quiénes?
-de los generales invierno, generales noche, generales  tinieblas.
 ………
(de la serie “Mujeres”)
En memoria de Salvadora Medina Onrubia, poeta, anarquista, feminista, periodista que a los 15 años asumió la lucha por la libertad de Simón Radowitzky. Fue  encarcelada y refutó un pedido de indulto ,promovido  por  intelectuales de la talla de Roberto Arlt o Jorge Luis Borges, con una carta pública dirigida a Uriburu en la que le expresa: “General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio”



sábado, 9 de junio de 2018

Los hijos



LOS HIJOS
                                                             A Nahuel, Lihué y Rayén

Suelen jugar a la pelota por las tardes
arrebatándole a la siesta sus silencios;
otros andan por ahí, de guitarreada,
devolviéndole a la noche nuevos sueños.
Es en vano presentarlos
ignorarlos constituye un despropósito.
Se anuncian solos
su presencia no pasa inadvertida
vienen a sostener que no todo está perdido
y lo dicen sin tapujos ni sonrojos.
Son jóvenes, como alguna vez lo fuimos,
pero a la vez distintos:
ellos han sobrevivido a las afrentas,
bebieron en la mesa de fantasmas
el amargo licor de nuestros miedos;
y ahora están aquí, tozudamente,
ensayando un singular corte de mangas
a la historia oficial y adulterada.

                                                   Son protestotes
                                                   cuestionan todo
                                                   beben los vientos
                                                   pintan consignas
                                                   andan en grupo
                                                   nunca más solos.
                                                   Están en plazas
                                                   en los potreros
                                                   en las escuelas
                                                   con los obreros.
Y uno que parece estar de vuelta
arrastrando la vida en las espaldas
comienza a comprender un poco tarde
que resulta requisito indispensable
volver a las antiguas rebeldías
encaramarse a la cima del coraje
e inaugurar un ministerio de ternura
sin pausa, porfiados, sin alardes.
Quizás será posible entonces
tras una noche de luchas y recuerdos
sentir el leve roce en la ventana
de una flor estallando en madrugada
anunciando que han llegado nuevos sueños
de la mano de esos cantos y guitarras.


Marzo 88

sábado, 26 de mayo de 2018

Himno


Estábamos, los tres aquel otoño, insuflados de bronca y coraje, en la primera marcha del silencio en mayo de 1969 para denunciar los crímenes de Bello y Cabral. Despojados de otras herramientas, el grito sagrado ofició de representación y salvaguarda.
Volvimos a cantar ,los tres entre muchos más. en los fragores del Cordobazo, por la caída de Allende, en Salineros, bogando por la nacionalización de la UNLPam y cada vez que la patria estuvo comprometida , que es como decir que hemos estado invocando vivir coronados de gloria cincuenta años ininterrumpidos de nuestras vidas.
Ayer volvimos a hacerlo. Los tres en una multitud, codo a codo, como aquellos admirados jacobinos de mayo. Cantamos más fuerte que nunca, al borde de nuestras posibilidades. Tercamente, estentóreos, como ese gallo de Rostand, que piensa que al hacerlo provoca la salida del sol.
Tornamos a la misma plaza desbordados de nostalgia y a la vez de esperanzas, celebrando cofradías y rencuentros. Ignoramos el porvenir de esa armonía común., Acaso , al cantar ,salga el sol. No lo sabemos. De lo que sí estamos seguros es que no nos vencerá la noche.
fotos: Pablo De Pian y Dagna Faidutti

miércoles, 23 de mayo de 2018

El juramento



Están ahí, los conjurados, codo a codo. Menos Saavedra, claro, porque con él la cosa es a los codazos. El rostro crispado de Moreno acentuando las cuchilladas  de la viruela. El bueno de Belgrano que lo seguirá siendo pese al  dictamen de los insurrectos de las trenzas. Están, ellos. Se escrutan tornando ociosas las palabras. No hacen falta: son innecesarias  las verbalizaciones en esta hora en que el futuro se pellizca con la punta de los dedos.  Castelli, que nunca sabrá de las exaltaciones de Huánuco, se vuelve hacia ambos y  sus ojos inauguran una melga en la siembra  de la a historia. Paso reembolsa la mirada  y descansa su palma en el hombro  del  Sabiecito del Sur, esa calificación que acaso, por vez primera, otorgue al hemisferio austral una concepción ideológica. Sabiecito, del sur, el cariñoso apelativo acuñado por French  al camarada que es Norte y cobijo.  Domingo French, el cartero de la revolución,  cuyas pulsiones libertarias no dejaron resquicios para vacilaciones  en un  amanecer brumoso de Cabeza de Tigre. Ahí están, jacobinos de mayo, inmisericordes,  ensimismados en su destino,  a un instante de plasmar  dos palabras que labrarán una leyenda.  Codo a codo, fraguados en sus convicciones, ignorantes de que en esas dos palabras que se hundirán en el corazón de la América, están fundando un ideario y un legado.  Un manifiesto del Sur que  acaso el porvenir mancille porque su preservación depende de que haya nuevos hombres para sustentarlo. Futuros e ineludibles  moceríos ácratas de la talla de estos muchachos del otoño porteño que no dan ni demandan tregua alguna. Vislumbres de guerreros  que creen, defienden y publican que “si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas”. Ellos, que  en un relámpago de tiempo, con una enjundia exenta de jactancias, confirmarán, en un contrato inexpugnable, que es posible la utopía.

( mayo de 2018)

ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...