domingo, 21 de febrero de 2016

Ofrenda

(foto Andino Digital)


Si pasábamos este domingo podríamos jugar la final del zonal con los de Pampero de Guatraché. Linda perspectiva, ser reconocidos en la Liga del Sur y acaso estrenar casacas nuevas. Pero falta mucho para eso. Ahora estamos enfrentando a los de Sporting Hucal. No parecen  muy habilidosos  pero tienen empeño y son fuertes. De eso se encarga la viuda  de Bencich: tenerlos bien alimentados  y contentos con la promesa vaga de alguna extra en la quincena. Nosotros hicimos la campaña con mucha garra y por eso llegamos hasta  aquí, algo inquietos e ilusionados. Enrique probaba su cábala una y otra vez. Escupía hacia el centro del eucalipto de la entrada e iba repitiendo los disparos. Si lograba dibujar  una “E” mayúscula era de buen augurio. Oscar, en cuclillas, sostenía la cabeza con las  dos manos en tanto estudiaba el precalentamiento de los rivales. Julio se esforzaba por meter   el tiento de la pelota entre el encordado porque, aseguraba, cada vez que cabeceaba el maldito tiento le marcaba la frente. Francisco estaba ensimismado, en un rincón, como siempre. No había demasiada  onda con él por su retraimiento. Por eso y algo más: salía con Griselda, la chica de nuestros sueños. La piba más linda del pueblo y la estrella  del barrio “Las Catorce Provincias”. Su casita era una de las más alejadas pero no conozco a nadie que en algún momento de su vida no se haya aventurado entre el  tamariscal,  desafiando  los perros de don Samuel,  sólo por una mirada de sus ojos oscuros.
 Por ahí andaban mis pensamientos cuando el Negro Ludueña tocó el silbato y los de Hucal se vinieron como si supieran. Hubo un primer tiempo para el olvido y un segundo de hacha y tiza. Casi al borde del complemento   el ruso Ivanoff nos metió un gol  como para la tapa  del Gráfico. Menos mal que ahí estaba Francisco  que primero le hizo un caño al ruso y luego la colocó en el ángulo conquistando el empate que nos llevaba a los penales y, quién sabe, a las diagonales de Guatraché.
No es un misterio para nadie  que los más inútiles van al arco. Yo soy uno de ellos. Tengo la única camiseta de Unión Deportiva que aun mantiene su intenso color verde. Me la estiro por enésima vez por si acaso se hiciera más ancha para tapar el inmenso arco. Estaba en eso cuando se arrimó Francisco hasta ponerse a mi lado. El Negro  ya había ubicado la pelota en el punto del último penal.  Francisco  me puso la mano en el hombro y preguntó:
-¿Tenés miedo?
Contesté avergonzado con un leve cabeceo.
--Tomá dijo extendiendo su mano derecha.
-Qué es- pregunté con cierta inquietud. .
Se acercó y susurró media docena de palabras al  oído .Sentí que mis mejillas enrojecían.
            Hubo una interpelación trunca suspendida en el aire y una  respuesta anticipada.
-¿No te lo imaginás?
Lo miré boquiabierto
-Dale.  A mi me dio suerte.
Refrené el  impulso inicial de retraer los dedos y, tras una breve vacilación, se  los ofrecí cara arriba con premura. Francisco,  labios apretados y mirada concentrada, comenzó a restregar sus yemas contra mis  palmas con disposición y energía.
Pensé…  Bueno, no les puedo contar lo que pensé.
 Hay emociones que tornan, a la razón, analfabeta.
Cuando el grandote de Hucal propinó  su feroz guadañazo mi cuerpo se arqueó y los brazos se alzaron como si quisieran tocar el cielo. Los ojos bien abiertos. Las manos,  tan extendidas, que hasta podrían atrapar  al sol. 







domingo, 14 de febrero de 2016

Ronda feroz en el Parque Infantil

hamacas del Parque Oliver

         La niña se balancea.
         Sus pupilas se han dilatado como un sol azorado.  Un enorme sol detenido en un punto infinito en el que no se observa nada.
         Su cuerpo es delicado y la leve brisa basta para columpiar a la niña que ayer nomás sustituyó a su ajada muñeca de pañolenci, ojos de nácar y cabellos claros, por cuatro paredes grises con olor a guiso.
         Ella… ¿ella es…?  La doméstica, dicen unos con cierto rubor en las mejillas.  Sirvientita, recalcan otros, ¡pero ché, la fámula!… en fin,… esa muchacha, murmuran las vecinas tras las ventanas entornadas.
         -La he visto hasta hace poco jugar en los baldíos.
         - Nosotros, cada tanto, pasamos por su casa allá en la villa.
¿Ella es la de los bailes del domingo?
         -No. Es la chiquilla que juega a las muñecas cuando culmina con la limpieza de las casas.
-         - ¿Esa? ¡pero si ayer la vi, cruzando la placita!
         La niña se balancea.
         Mansamente, quizás porque tiene todo el tiempo del mundo.
         Dicen que corrió y hasta gritó en la tibia noche del poblado. Pero no hubo quien concluyera en que no son las mismas vociferaciones  que suelen imperar por las tardes. Chilló.  Su frágil cuerpo de niña se introdujo    furioso en el juego que alguna vez soñó de otra manera.
         Acaso hizo algo más. Seguramente arañó, babeó, lloró, se arrastró.  En fin, todas esas cabriolas que realizan las niñas cuando son niñas.
         Estas materias colman el universo coloquial de las comadres en la apacible aldea que era Santa Rosa en los años treinta.
         -Sobre eso, señor, nada sabe la policía.
         La niña se balancea, como siempre quiso hacerlo en ese sitio y nunca tuvo tiempo.
         Se mece.  Por última vez en el Parque Infantil. El lugar de hamacas y escondidas.

sábado, 6 de febrero de 2016

QUE VES CUANDO ME VES

(publicado en LA en 1994)

            En la Argentina del primer piso alguien asoma al balcón por donde pasa la gente y mira. En la del subsuelo otro alza los ojos hacia el cielo y ve. Son dos maneras de contemplar en este país de los desvelos.
            En el país de arriba rinden culto al altar del movicom mientras Dios toma sol en Punta del Este asediado por la prensa de la otra orilla. Abajo, en tanto, una multitud de promesantes desfila para tocar a San Cayetano.
            Al que ve no le gusta lo que ve. Los de arriba lo han educado para que reniegue de si mismo. Es la paradoja está el punto de contacto: ambos odian lo mismo.
            Fukuyama sonríe en las alturas; el nos ama. Pero….¿qué es esa sombra que avanza desde Chiapas?
            Zapata cabalga nuevamente en la desmesura americana. Aquí en tanto, el héroe nacional es el Malevo. Pronto será un nuevo Bairoletto. Aquí hasta Videla puede ser un nuevo Bairoletto.
            No, Videla no, porque en el país de los olvidos Videla nunca dejó de ser un hombre ejemplar.
            ¿Ves lo que yo veo?
            Cuenta Osvaldo Bayer que en Brasil se lanzó una campaña para evitar que la gente mantuviera animales domésticos porque estos, cuando escapaban, penetraban en la fronda alternando la armonía de los animales salvajes. Al mismo tiempo decenas de miles de hectáreas de bosque eran arrasadas por las multinacionales. Es como dijo don Atahualpa: a veces el árbol impide ver el bosque.
            El ejemplo aflora en razón de que en el país de los diez millones de habitantes por debajo de los límites de la pobreza y otro tanto haciendo cola para ingresar nos embarcamos en un debate tramposo, apresurado y falaz donde la Constitución es la convidada de piedra.
            En la patria de abajo el hambre danza un tanto lastimero y feroz; el llanto aumenta el fango y es cada vez más grande como portafolios en el PAMI.
            En el país de arriba la música es Light y celestial. Hay que mirar hacia delante, no hay que quedarse, viejo.
            En la Argentina de los que se miran el ombligo la realidad es una pelusa.

miércoles, 27 de enero de 2016

¡Quince mil!

QUINCE MIL. El inapelable contador del servicio de Blogspot  ha indicado que en la segunda semana de enero  de 2016  esta página ha alcanzado las 15.000 lecturas. El registro anterior de 14.000 fue obtenido el lunes 9 de noviembre de 2015. A poco más de dos años de iniciada en forma sistemática , nos sentimos muy gratificados por esta inmensa muestra de interés y afecto de los lectores.
Una cifra acaso inusual para una página  de autor, literaria y  del sur. 
Muchas gracias por la perseverancia. Retribuiremos  con el compromiso de mejorar y ampliar al máximo de nuestras capacidades.
JCP

viernes, 22 de enero de 2016

El desocupado

(publicado por primera vez en el  diario La Arena en 1978)

La risa –decía Rabeleis- es propia del hombre. Esa facultad ya no es natural de un sector de la población que transita su angustia por el país tras el rótulo de “desocupado”.  La legión de hombres y mujeres sin empleo ha pasado a engrosar la lista de nuestras profesiones cotidianas.
            Así, desocupado se esgrime como quien se presenta “doctor”, “abogado”, “carnicero”, etc.
            Como toda persona enrolada en determinada actividad al desocupado presenta también características (modalidades, criterios, modos de enfocar la vida) particulares.
            El ocupado pierde su trabajo e ingresa en un mundo desconocido, cruel, con una filosofía propia.
            Y aquel que antes era eficiente, audaz, con iniciativas, va perdiendo todas estas facultades ante las sempiternas negativas a su requerimiento de trabajo.
            El desocupado comprende que ha estado habitando un mundo desconocido, hostil. Esta revelación –sumada a su problema- lo toma desconfiado, inseguro y le crea un problema familiar y social. Cada vez vacila más aquella capacidad que lo hacía mostrarse como el hombre que “vale tanto” que “es capaz de tanto”.
            Ahora, su presentación se ha modificado. Es el que pide cualquier cosa, las changas los corretajes, lo que sea con tal de salir de la nueva posición en que está inmerso.
            Si el desocupado es soltero se irá a otros lugares a probar fortuna. No regresará, salvo que la consigna, pues no quiere sumar un lauro más a la larga lista de frustraciones cotidianas, la de encontrarse con sus amigos y que le pregunten ¿cómo te fue?
            Si el desocupado es casado, su problema es mayor. Permitirá que su compañera solvente el pesado lastre de la economía hogareña con su solo salario. Pero al tiempo, esa situación se torna insostenible.
            El desocupado, que aún no puede desarraigarse de la condición machista de esta sociedad, no aguanta esta situación, s torna irascible, su inseguridad crece y su actitud desarmoniza su hogar.
            La familia por su parte también recibe estas influencias. La esposa asume en la mayoría de los casos una actitud comprensiva que de tan evidente, se convierte en una peligrosa trampa. El desocupado se retrae el cariño y desprecia las efusiones.
            Los restantes miembros del clan familiar (suegros, padres, tíos) que al principio fueron los campeones de la comprensión y de las muestras de ánimo comienzan a emprender la retirada. Por algo será que estás así, concluyen, para justificar su alejamiento.
            ¿Y los amigos del desocupado? Al principio lo consuelan, lo apoyan económicamente, hasta que advierten que el desocupado ha dejado de pertenecer a su grupo.
            Claro, el desocupado no va al club, al cine, sus temas de conversación han sido suplantados por los de la resolución de sus problemas.
            Es entonces que sus amigos y conocidos lo empiezan a ver como la representación concreta de todo lo que ellos no quieren para sí. El desocupado se convierte para cualquiera en el exponente de la propia miseria, de la soledad. El potencial enemigo de nuestra estabilidad laboral, si el desocupado consigue tanto es porque se lo ha restringido a otro. Esta es la conclusión a que se llega en esta deformada situación.
            Y esto es válido también entre desocupados. Se rehuyen, evitan y son remisos a cambiar información, es la competencia entre desocupados para dejar de serlo.
            Entonces, el desocupado continúa solo, cada vez más solo y sumando angustias. Porque… ¿quién emplea a un desocupado? El desocupado ha perdido iniciativa, no es productivo, su misma condición de desempleado (de haber sido despedido, prescindido, inhabilitado) suma un argumento en su contra.
            Aunque también presenta algunos beneficios. El desocupado se “regala”, cobra barato, se resiste a los planteos laborales… Claro que estos atributos no pesan tanto como los anteriores.
            Al desocupado le quedan entonces pocas alternativas. A algunas se resiste y otras lo están tentando.


miércoles, 20 de enero de 2016

Opciones


            -Mirá pibe, yo se lo que te digo, así que haceme caso. Vos aquí tenés tres posibilidades. Me decís lo que te pregunto y te vas de acá con solo dos o tres cachetazos. Te resistís y te damos máquina hasta que te quebramos o directamente sos boleta. ¿Me entendiste? ¿qué decidís?

            - ¡H i j o   d e   p u t a!

domingo, 10 de enero de 2016

Cambiemos

Modus perandi:p or la espalda
Cambiemos

Balas  de goma a los obreros de Cresta Roja, balas de goma a los despedidos de La Plata, entre ellas a la espalda de una mujer que tendrá de por vida el registro de este tiempo violento. Balas de goma en las Itakas que la  seguridad ” apostó para preservar los bienes de la  toma tan simbólica como pacífica de los desempleados de la comuna de  Santa Rosa. Se abren las  apuestas para establecer cuanto  tiempo  transcurrirá para que el compuesto de las vainas mute por un material más duro.
         La respuesta la tienen las víctimas de ahora y la presumen las de mañana. Porque una cosa es segura: persistirán las balas para reprimir la protesta social, porque este procedimiento forma parte del catecismo del nuevo gobierno cuyos predicadores más fervorosos (Bulrich-Michetti) lo repiten ante el hartazgo en los  viejos y renovados medios de comunicación.
         Para colmo, el grado de alvearización del socio principal, el radicalismo, ha llegado a tal grado que con estas tres semanas de ignominioso silencio ha sepultado para siempre las expectativas que el partido de Alem, del viejo Lebenshon, de Solari Irigoyen, de Karacachoff…de Ariel Velázquez (Si se nos exige algo más de actualidad  digamos del partido de Raúl Alfonsín) reaccione ante la ignominia.
         Hay algo de inocencia en esta manifestación expectante y está dado por la verificación de la incapacidad de respuestas condignas en este último lustro por parte de los componentes centrales de esta agrupación que al cabo de poco más de un siglo decidió su suicidio.     
         Muy pocos de ellos, y de ese porcentaje de argentinos que decidió que un representante de la derecha más ortodoxa llegara al gobierno por voto popular,  podrá argüir inocencia o desconocimiento.
         Porque Macri no mintió, para nada. Fue fiel a sí mismo en sus constantes visitas a  la embajada de EEUU, ante los foros económicos, ante esa vaguedad   llamada “el campo”  que actúa como tapadera de la Sociedad Rural. Macri no mintió en su debate con Chavez ni en sus tenidas gastronómicas con Mirtha. Nunca ocultó su pensamiento de clase salvo, acaso, cuando en los últimos días de campaña su gurú latinoamericano le aconsejó que ejecutara “La Gran Menem” inflando globitos, desdiciendo sus dichos y ensayando nuevos pasos de baile por si acaso el balcón…
         Los exégetas de Cambiemos lo sabían. Obnubilaron sus juicios tras el festival del colorinche  y la vacuidad. Ya no aparecen  en faceook y sería bueno que alguien lo hiciera para lograr algo de catarsis, dónde ensayar la sorna o descargar la bronca.
         Macri, la representación más ostensible de esa figura ambigua que llamamos “poder” ahora tiene, también el gobierno. El sueño de los dictadores catapultado por los mecanismos de la democracia burguesa.
         Ya  lo había dicho ese anciano, y acaso primer literato norteamericano “las elecciones siempre perpetúan las eternas injusticias del Estado” Hablamos de Torheau, que entre otras cosas  produjo ese manual para desobedientes tan apto y tan actual para estas vacaciones, indispensable para el bolsillo de los caballeros o la cartera de la dama.
         En el firmamento de las respuestas a tanta pálida ya han amanecido- como siempre- las proclamas más activas y esperanzadoras de parte de esa porción de argentinos que  Scalabrini, con tanta precisión y poesía, llamara “subsuelo de la patria”
         Las visualizamos en más de media docena de movilizaciones en las calles céntricas de Santa Rosa  y frente a Radio Kermes: por la democracia, contra el ajuste, contra los despidos o la liberación de genocidas y  por la ley de medios.
         Como era previsible el movimiento  espontáneo tuvo reflejos más certeros   e inmediatos que  la mayoría del establishment  político partidario. Su fortaleza radica en su convicción de origen  y pertenencia  y un ofensor unificado. Su debilidad: la incertidumbre acerca de qué compuesto de clase ganará su conducción, porque ya se sabe que si invaden los marines no es lo mismo que la resistencia la lidere El Eternauta que el Pato  Donald, para hacerla simple y menos complicada.
         En la  mediatarde  de este  viernes pegajoso de enero muchos estarán lucubrando acerca de los deberes de la hora. El qué hacer, lo que ciertamente nos remite a los maestros que  sobre este mismo tópico ya formalizaron una representación del porvenir con mucha mayor enjundia de lo que se puede esperar de este texto de contingencia.
Por si no bastare, por si hiciera falta  alguna otra precisión nos refugiamos en lo que el genio de Einstein resumió en nueve palabras: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"

Juan Carlos Pumilla



         

martes, 22 de diciembre de 2015

Una causa, una canción

el viejo puente de Santa Isabel

"Nuestras vidas son los ríos..."


El primer expolio significó la inmolación  de los sentidos.
El segundo, de la razón.
 Sangraduras que aun palpitan.
Luego, la irrupción  del silencio en estas dilataciones sedientas  de la patria.
Ahí habita el germen de la música asociada al agua o a su ausencia.
En los susurros del cauce cortejando a la llanura y esa comunión del hombre y su paisaje.
Lo reveló  aquel  niño que comentó a Edgar Morisoli, “Vieras, señor, el pajarerío ”. Y con eso, dijo todo.
Quizás  la nostalgia se destile en la observación, porque las evocaciones nunca son castas y a menudo vienen de la mano de las tristezas.
Tal vez  haya que explorar en las memorias heredadas de 1808, año que subraya un hito aciago en el historial del despojo.
Tellis de Meneses, el señor comandante.
Luego vinieron otros, claro, hasta agotar el siglo e inaugurar el siguiente.
Menos mal que antes, ratificando los conceptos de la Patria Grande, Luis de la Cruz, el patriota, dejaba testimonio de su asombro ante la Babel de los Desaguaderos.
César Ércole Tamborini supo luego de las agonías de las vertientes. Cien años después, leguas  abajo  de la Puntilla, fue espectador de la maravilla  del agua cantarina. Tan fuerte fue la emoción que, a su regreso a Toay (donde fundaría la Banda Tamborini) plasmó “La marcha del Salado”. Acaso, la primera partitura asociada a nuestros ríos
¿Habrán cruzado sus pasos  este piamontés pionero y aquel ignoto cronista de Caras y Caretas que alcanzó a percibir tanto  esplendor?
Años más tarde, ya entrado el siglo, Ove Bock, el danés que  sentara las bases para la fertilidad del sur de  Mendoza   sería muy explícito. “Había  cierta gloria en la esquina noroeste  de La Pampa”.
Que lo digan si no los proyectos anticipatorios  de Edmundo Day imaginando una confluencia interoceánica a través de los cursos de agua superficiales.
Francisco de Villagra, el aventurero (cuyas  afiebradas obsesiones por encontrar al Lin Lin tanto desvelaban al querido Julio Colombato) acaso haya sido precursor de estas quimeras del mendocino.
La  singladura  de 1550 del enviado de Valdivia  a estos confines alumbra  otra incógnita: ¿habrá un legado, una herencia  espiritual afinada en un temple misterioso que pudiera darle sostén a una hipótesis sonora que tanto enriquecería este cancionero?
En el universo de las especulaciones no es aventurado conjeturar que ciertamente hubo música ligada al agua antes, mucho antes. Está habilitado para inferirlo cualquiera  que se introduzca en las fascinantes conclusiones  del trabajo de Mónica Berón relatando la junta, el encuentro de culturas celebrando negocios y cimentando fraternidades al costado del agua.
Ahí nomás, en Puelches, hace más de cinco mil años.
Y seguramente hubo una lamentación, una entonación fúnebre, dicha como letanía junto  los restos rodeados  de  sus ajuares, hace 8.600 años, en casa de Piedra, al borde del fragor del Colorado.
Pero todo esto, sujeto a las arbitrariedades de la elección, es –si se quiere- historia reciente.
Ahora sabemos que hubo otro cauce, otras   escorrentías  sonoras, argentinas (si se permite el juego de palabras) bajo lo que hoy es objeto de consideración.
En el pleistoceno, asegura el fundado trabajo de María Gabriela González (Santa Rosa, La Pampa, 2014)  existió un paleocauce de  asombrosa simetría con los actuales que otorga razones prehistóricas y geomorfológicas a las impetraciones por quebrar con las laceraciones de un desierto que divide. Esa  cicatriz que   resiente la soberanía nacional, afecta el desarrollo solidario de zonas productivas y construye una llaga  antrópica en el medio de la esperanza.
Desierto, el silencio. Como se sabe, la música se compone de ellos y resulta imperioso  su ordenamiento   para obtener gratificaciones al oído.
         Resulta  ardua la concordia. Porque el que el que el que desarmoniza  no es un Estado, tampoco un gobierno, Ni siquiera un partido o un conglomerado social. Es un concepto.
Hay otras razones que justifican  esta recopilación.
Se cumplen tres décadas de la primera iniciativa y han transcurrido casi dos  lustros desde la última edición. Poco o mucho según la perspectiva. Ya se sabe que el tiempo es una medida arbitraria del pensamiento.
Más allá de la mensura podríamos decir, apelando a un sarcasmo  de entrecasa que mucha agua ha corrido bajo el puente.
Las publicaciones precedentes están agotadas o ausentes en bibliotecas y colegios lo que conspira contra las intenciones de que nuevas generaciones se formen al influjo de las canciones vinculadas al agua.
Se ha ampliado el universo multimediático ofreciendo opciones novedosas, accesibles  y eficaces para extremar el objetivo de la comunicación.
En este contexto, una circunstancia tan auspiciosa como  ineluctable: la aparición de nuevos actores sociales y la asunción de la causa por parte de una  militancia joven, aguerrida, heredera y protagonista de momentos de lucha, movilización y resistencia como no existían antecedentes desde aquellas heroicas jornadas de la COPDRIP.
Esta nueva generación, nacida o crecida en el silencio del agua, es, asimismo, artífice   de poemas y melodías   que auspician un plano de sutura armónico entre  ellos y  los precursores  del cancionero de los ríos .
Nos hacen falta. Más ahora, en que se ha interrumpido el flujo  artístico y creador de Guillermo Mareque, chicho Cejas, Oscar Perna, Tucho Rodríguez, Paulino Ortellado,Humberto Urquiza, Néstor Masolo,  Julio Domínguez, JuanCarlos Bustriazo Ortíz, Guri Jaquez o Alejandro Gadán, artistas, trabajadores de la cultura imprescindibles que -donde  estuvieren -  auspician a los que vienen en clave de Sol.
En el plano ideológico y político también se suscitaron hechos sustanciales. La década se inicia con una presentación ante la CSJ por parte del doctor Miguel Palazzani. A ella se suma luego la decisión gubernamental de establecer una demanda ante la Corte Suprema de Justicia, por sus derechos de provincia condómina. Como correlato, emerge con vigor la internalización del concepto de derecho humano al conculcado por la inicua limitación de nuestros caudales.
Lo enumerado construye un corpus imposible de obviar y en  la configuración de un porvenir que destierre  la inocuidad, que persevere  en la memoria. Aferrados al concepto,  aspiramos, a que el  nuevo cancionero de los ríos, establezca un soporte eficaz  para la divulgación. La música como manifiesto de los desposeídos. Una publicación cobijando la canción que venza al tiempo en el camino a la restitución   de nuestros derechos  ancestrales.
Todo puede ser. Ya lo  sostuvo Bach, las disonancias más agudas se registran en las proximidades de las concordias.
Brindamos entonces por las nuevas sonoridades que refuercen la legitimidad del reclamo a voz alzada.
Una postulación para que el silencio troque en armonía y no haya más agravios a los sentidos.









domingo, 20 de diciembre de 2015

Poesía



La pampa se dilata en el poema. El perfil crepuscular de los jinetes inventa fantasmagorías en el horizonte y sus siluetas parecen brotar en el llano como estalagmitas pardas que el resplandor adelgaza y prolonga hacia el oeste. Los versos crecen y entusiasman mientras un trote pasuco repica hacia el amor o el desaliento... Cabalgan, se internan en la desmesura del viento o el jornal. Allá van, despacio y sin premuras porque este es un territorio para viajar sin prisas, para querer de a poco. Es gente de este y otros pagos, paisanos, desnudos de mayores alegrías, austeros en su andar como el paisaje que andan. Un triste fulgor empuja sus espaldas hasta el punto final que cierra la historia e inaugura razones para indagar destinos o tal vez, simplemente, para repensarnos. Los jinetes avanzan hacia algún sitio, cierto remanso de la luz que algunos sospechan o quizás conozcan. Luego, se apean para desaparecer en el interior de la carpeta que Edgar Morisoli cierra despaciosamente ante un auditorio que se crispa y sacude. El poeta despliega una amplia mirada por encima de sus lentes y queda callado.

ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...