La memoria es un tatuaje del alma. Se lleva en la conciencia y obedece a sus dictados. Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela lo que somos. Testimonio para presentir destinos y decidir qué haremos
viernes, 26 de febrero de 2016
domingo, 21 de febrero de 2016
Ofrenda
domingo, 14 de febrero de 2016
Ronda feroz en el Parque Infantil
sábado, 6 de febrero de 2016
QUE VES CUANDO ME VES
(publicado en LA en 1994)
En la Argentina del primer piso
alguien asoma al balcón por donde pasa la gente y mira. En la del subsuelo otro
alza los ojos hacia el cielo y ve. Son dos maneras de contemplar en este país
de los desvelos.
En el país de arriba rinden culto al
altar del movicom mientras Dios toma sol en Punta del Este asediado por la
prensa de la otra orilla. Abajo, en tanto, una multitud de promesantes desfila
para tocar a San Cayetano.
Al que ve no le gusta lo que ve. Los
de arriba lo han educado para que reniegue de si mismo. Es la paradoja está el
punto de contacto: ambos odian lo mismo.
Fukuyama sonríe en las alturas; el
nos ama. Pero….¿qué es esa sombra que avanza desde Chiapas?
Zapata cabalga nuevamente en la
desmesura americana. Aquí en tanto, el héroe nacional es el Malevo. Pronto será
un nuevo Bairoletto. Aquí hasta Videla puede ser un nuevo Bairoletto.
No, Videla no, porque en el país de
los olvidos Videla nunca dejó de ser un hombre ejemplar.
¿Ves lo que yo veo?
Cuenta Osvaldo Bayer que en Brasil
se lanzó una campaña para evitar que la gente mantuviera animales domésticos
porque estos, cuando escapaban, penetraban en la fronda alternando la armonía
de los animales salvajes. Al mismo tiempo decenas de miles de hectáreas de
bosque eran arrasadas por las multinacionales. Es como dijo don Atahualpa: a
veces el árbol impide ver el bosque.
El ejemplo aflora en razón de que en
el país de los diez millones de habitantes por debajo de los límites de la
pobreza y otro tanto haciendo cola para ingresar nos embarcamos en un debate
tramposo, apresurado y falaz donde la Constitución es la convidada de piedra.
En la patria de abajo el hambre
danza un tanto lastimero y feroz; el llanto aumenta el fango y es cada vez más
grande como portafolios en el PAMI.
En el país de arriba la música es
Light y celestial. Hay que mirar hacia delante, no hay que quedarse, viejo.
En miércoles, 27 de enero de 2016
¡Quince mil!
QUINCE MIL. El inapelable contador del servicio de Blogspot ha indicado que en la segunda semana de enero de 2016 esta página ha alcanzado las 15.000 lecturas. El registro anterior de 14.000 fue obtenido el lunes 9 de noviembre de 2015. A poco más de dos años de iniciada en forma sistemática , nos sentimos muy gratificados por esta inmensa muestra de interés y afecto de los lectores.
Una cifra acaso inusual para una página de autor, literaria y del sur.
Muchas gracias por la perseverancia. Retribuiremos con el compromiso de mejorar y ampliar al máximo de nuestras capacidades.
JCP
viernes, 22 de enero de 2016
El desocupado
(publicado por primera vez en el diario La Arena en 1978)
La
risa –decía Rabeleis- es propia del hombre. Esa facultad ya no es natural de un
sector de la población que transita su angustia por el país tras el rótulo de
“desocupado”. La legión de hombres y
mujeres sin empleo ha pasado a engrosar la lista de nuestras profesiones
cotidianas.
Así, desocupado se esgrime como
quien se presenta “doctor”, “abogado”, “carnicero”, etc.
Como toda persona enrolada en
determinada actividad al desocupado presenta también características
(modalidades, criterios, modos de enfocar la vida) particulares.
El ocupado pierde su trabajo e
ingresa en un mundo desconocido, cruel, con una filosofía propia.
Y aquel que antes era eficiente,
audaz, con iniciativas, va perdiendo todas estas facultades ante las
sempiternas negativas a su requerimiento de trabajo.
El desocupado comprende que ha
estado habitando un mundo desconocido, hostil. Esta revelación –sumada a su
problema- lo toma desconfiado, inseguro y le crea un problema familiar y
social. Cada vez vacila más aquella capacidad que lo hacía mostrarse como el
hombre que “vale tanto” que “es capaz de tanto”.
Ahora, su presentación se ha
modificado. Es el que pide cualquier cosa, las changas los corretajes, lo que
sea con tal de salir de la nueva posición en que está inmerso.
Si el desocupado es soltero se irá a
otros lugares a probar fortuna. No regresará, salvo que la consigna, pues no
quiere sumar un lauro más a la larga lista de frustraciones cotidianas, la de
encontrarse con sus amigos y que le pregunten ¿cómo te fue?
Si el desocupado es casado, su
problema es mayor. Permitirá que su compañera solvente el pesado lastre de la
economía hogareña con su solo salario. Pero al tiempo, esa situación se torna insostenible.
El desocupado, que aún no puede
desarraigarse de la condición machista de esta sociedad, no aguanta esta
situación, s torna irascible, su inseguridad crece y su actitud desarmoniza su
hogar.
La familia por su parte también
recibe estas influencias. La esposa asume en la mayoría de los casos una
actitud comprensiva que de tan evidente, se convierte en una peligrosa trampa.
El desocupado se retrae el cariño y desprecia las efusiones.
Los restantes miembros del clan
familiar (suegros, padres, tíos) que al principio fueron los campeones de la
comprensión y de las muestras de ánimo comienzan a emprender la retirada. Por
algo será que estás así, concluyen, para justificar su alejamiento.
¿Y los amigos del desocupado? Al
principio lo consuelan, lo apoyan económicamente, hasta que advierten que el
desocupado ha dejado de pertenecer a su grupo.
Claro, el desocupado no va al club,
al cine, sus temas de conversación han sido suplantados por los de la
resolución de sus problemas.
Es entonces que sus amigos y
conocidos lo empiezan a ver como la representación concreta de todo lo que
ellos no quieren para sí. El desocupado se convierte para cualquiera en el
exponente de la propia miseria, de la soledad. El potencial enemigo de nuestra
estabilidad laboral, si el desocupado consigue tanto es porque se lo ha
restringido a otro. Esta es la conclusión a que se llega en esta deformada
situación.
Y esto es válido también entre
desocupados. Se rehuyen, evitan y son remisos a cambiar información, es la
competencia entre desocupados para dejar de serlo.
Entonces, el desocupado continúa
solo, cada vez más solo y sumando angustias. Porque… ¿quién emplea a un
desocupado? El desocupado ha perdido iniciativa, no es productivo, su misma
condición de desempleado (de haber sido despedido, prescindido, inhabilitado)
suma un argumento en su contra.
Aunque también presenta algunos
beneficios. El desocupado se “regala”, cobra barato, se resiste a los planteos
laborales… Claro que estos atributos no pesan tanto como los anteriores.
Al desocupado le quedan entonces
pocas alternativas. A algunas se resiste y otras lo están tentando.
miércoles, 20 de enero de 2016
Opciones
-Mirá pibe, yo se lo que te digo,
así que haceme caso. Vos aquí tenés tres posibilidades. Me decís lo que te
pregunto y te vas de acá con solo dos o tres cachetazos. Te resistís y te damos
máquina hasta que te quebramos o directamente sos boleta. ¿Me entendiste? ¿qué
decidís?
- ¡H i j o d e
p u t a!
domingo, 10 de enero de 2016
Cambiemos
![]() |
| Modus perandi:p or la espalda |
Cambiemos
Balas de goma a los obreros de Cresta Roja, balas
de goma a los despedidos de La
Plata , entre ellas a la espalda de una mujer que tendrá de
por vida el registro de este tiempo violento. Balas de goma en las Itakas que la
seguridad ” apostó para preservar los
bienes de la toma tan simbólica como
pacífica de los desempleados de la comuna de
Santa Rosa. Se abren las apuestas
para establecer cuanto tiempo transcurrirá para que el compuesto de las vainas
mute por un material más duro.
La
respuesta la tienen las víctimas de ahora y la presumen las de mañana. Porque
una cosa es segura: persistirán las balas para reprimir la protesta social,
porque este procedimiento forma parte del catecismo del nuevo gobierno cuyos
predicadores más fervorosos (Bulrich-Michetti) lo repiten ante el hartazgo en
los viejos y renovados medios de
comunicación.
Para
colmo, el grado de alvearización del socio principal, el radicalismo, ha
llegado a tal grado que con estas tres semanas de ignominioso silencio ha
sepultado para siempre las expectativas que el partido de Alem, del viejo
Lebenshon, de Solari Irigoyen, de Karacachoff…de Ariel Velázquez (Si se nos
exige algo más de actualidad digamos del
partido de Raúl Alfonsín) reaccione ante la ignominia.
Hay
algo de inocencia en esta manifestación expectante y está dado por la
verificación de la incapacidad de respuestas condignas en este último lustro por
parte de los componentes centrales de esta agrupación que al cabo de poco más
de un siglo decidió su suicidio.
Muy
pocos de ellos, y de ese porcentaje de argentinos que decidió que un
representante de la derecha más ortodoxa llegara al gobierno por voto
popular, podrá argüir inocencia o
desconocimiento.
Porque
Macri no mintió, para nada. Fue fiel a sí mismo en sus constantes visitas
a la embajada de EEUU, ante los foros
económicos, ante esa vaguedad llamada
“el campo” que actúa como tapadera de la Sociedad Rural.
Macri no mintió en su debate con Chavez ni en sus tenidas gastronómicas con Mirtha.
Nunca ocultó su pensamiento de clase salvo, acaso, cuando en los últimos días
de campaña su gurú latinoamericano le aconsejó que ejecutara “La
Gran Menem ” inflando globitos, desdiciendo
sus dichos y ensayando nuevos pasos de baile por si acaso el balcón…
Los
exégetas de Cambiemos lo sabían. Obnubilaron sus juicios tras el festival del
colorinche y la vacuidad. Ya no aparecen
en faceook y sería bueno que alguien lo
hiciera para lograr algo de catarsis, dónde ensayar la sorna o descargar la
bronca.
Macri,
la representación más ostensible de esa figura ambigua que llamamos “poder”
ahora tiene, también el gobierno. El sueño de los dictadores catapultado por
los mecanismos de la democracia burguesa.
Ya lo había dicho ese anciano, y acaso primer
literato norteamericano “las elecciones siempre perpetúan las eternas
injusticias del Estado” Hablamos de Torheau, que entre otras cosas produjo ese manual para desobedientes tan apto
y tan actual para estas vacaciones, indispensable para el bolsillo de los
caballeros o la cartera de la dama.
En
el firmamento de las respuestas a tanta pálida ya han amanecido- como siempre-
las proclamas más activas y esperanzadoras de parte de esa porción de
argentinos que Scalabrini, con tanta
precisión y poesía, llamara “subsuelo de la patria”
Las
visualizamos en más de media docena de movilizaciones en las calles céntricas
de Santa Rosa y frente a Radio Kermes:
por la democracia, contra el ajuste, contra los despidos o la liberación de
genocidas y por la ley de medios.
Como
era previsible el movimiento espontáneo
tuvo reflejos más certeros e inmediatos
que la mayoría del establishment político partidario. Su fortaleza radica en su
convicción de origen y pertenencia y un ofensor unificado. Su debilidad: la
incertidumbre acerca de qué compuesto de clase ganará su conducción, porque ya
se sabe que si invaden los marines no es lo mismo que la resistencia la lidere
El Eternauta que el Pato Donald, para
hacerla simple y menos complicada.
En
la mediatarde de este
viernes pegajoso de enero muchos estarán lucubrando acerca de los
deberes de la hora. El qué hacer, lo que ciertamente nos remite a los maestros
que sobre este mismo tópico ya
formalizaron una representación del porvenir con mucha mayor enjundia de lo que
se puede esperar de este texto de contingencia.
Por si no bastare,
por si hiciera falta alguna otra
precisión nos refugiamos en lo que el genio de Einstein resumió en nueve
palabras: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo
mismo"
Juan Carlos Pumilla
martes, 22 de diciembre de 2015
Una causa, una canción
domingo, 20 de diciembre de 2015
Poesía
La pampa se dilata en el poema. El perfil crepuscular de los jinetes inventa fantasmagorías en el horizonte y sus siluetas parecen brotar en el llano como estalagmitas pardas que el resplandor adelgaza y prolonga hacia el oeste. Los versos crecen y entusiasman mientras un trote pasuco repica hacia el amor o el desaliento... Cabalgan, se internan en la desmesura del viento o el jornal. Allá van, despacio y sin premuras porque este es un territorio para viajar sin prisas, para querer de a poco. Es gente de este y otros pagos, paisanos, desnudos de mayores alegrías, austeros en su andar como el paisaje que andan. Un triste fulgor empuja sus espaldas hasta el punto final que cierra la historia e inaugura razones para indagar destinos o tal vez, simplemente, para repensarnos. Los jinetes avanzan hacia algún sitio, cierto remanso de la luz que algunos sospechan o quizás conozcan. Luego, se apean para desaparecer en el interior de la carpeta que Edgar Morisoli cierra despaciosamente ante un auditorio que se crispa y sacude. El poeta despliega una amplia mirada por encima de sus lentes y queda callado.
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