Amanece un nuevo año. Se ilumina la certeza de que
la gran contradicción sigue siendo liberación o dependencia. Tiempo de furias y
desgarros. Los que avanzan al porvenir lo hacen convicción de que o se lucha o
se pierde. Bienvenidos a los desafíos de la hora. Nos abriga una wiphala y una
antorcha encendida.
La memoria es un tatuaje del alma. Se lleva en la conciencia y obedece a sus dictados. Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela lo que somos. Testimonio para presentir destinos y decidir qué haremos
miércoles, 25 de diciembre de 2019
jueves, 5 de diciembre de 2019
El ciego
En el niño al que
apalea, distingue a un enemigo. En la
muchacha que trata de huir de sus garras, un objeto de placer. La mira del
fusil no devuelve esa lágrima ni el ojo que estalla. Sus retinas solo confirman una lección, la ejecución de un chantaje
histórico para esos rehenes del porvenir que algunos llaman sobrevivientes. Frente
a una whipala que flamea , verifica una amenaza . El soldado,
que desliza su mirada en este e solar en llamas que propicia, en las devastaciones
de la avaricia y en ese horizonte ceniza donde habitan los escarnecidos de su afrenta, no ve la
realidad. Acaso constate su propio futuro.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
¡Ay Rita!
¡AY RITA!
Rita Ssegato, a quien le debemos sensateces que han
iluminado y enriquecido nuestras existencias, acaba de promover un examen acerca
de los acontecimientos en el altiplano.
Apresurada por fiscalizar comprensiones caricaturescas estereotipadas de alguna masa crítica del país No vacila en adjudicar a
otras voces el pecado de interpretaciones
sesgadas y binarias soslayando el hecho
que en su misma formulación subyace un soplo maniqueo.
Lo hace desde Buenos Aires, dirigiéndose a las compañeras y
hermanas bolivianas. Por alguna razón, sus expresiones nos remiten al fallido y
olvidable ensayo de Marx sobre Bolívar. Rimas de un pensamiento que reincide a través de la bruma histórica.
Segato , obnubilada por su propio feminismo, evita deliberadamente
abordar las cuestión boliviana y hemisférica dentro del marco de la lucha de
clases, circunstancia que a todas
luces hubiera promovido otros enfoques o acaudalado su perspectiva.
Soslaya, utilizando como peso argumental un estado de ánimo,
que las razones del golpe no son exógenas sino provocadas por las debilidades, errores
y miserias de Evo y sus políticas.
Así, el presidente legítimo de Bolivia, ratificada su
adhesión popular por diez puntos de
diferencia obtenidos en la última compulsa comicial, cae, en la exégesis de la
antropóloga intelectual, por machista, por su equivocada política
ambiental y el deterioro de su crédito
social.
No parecen muy científicas sus consideraciones. Si
alcanzaran otra estatura, se constituyeran
en coordenadas de análisis con más enjundia, sus adherentes podrían concluir que si estos
son los fundamentos del a alzamiento, los días de Bolsonao están contados.
Con la misma soltura y liviandad también podrían argüir que
la mujer violada lo es como producto de sus traspiés,
segato oblitera la enunciación de los logros de cuatro años
de gestión. En el mismo espacio temporal en que Macri devastó a la Argentina
Morales elevó a su país al sitial más empinado de la independencia y la
distribución de los recursos.
Negarlo, soslayarlo, adulterar este dato de la realidad
conduce a sostener, que la producción y montaje de la monumental maniobre sediciosa no tuvo en consideración esa cuestión.
Elemento cuya centralidad emerge a poco
que cualquier desprevenido se detenga a repasar el progreso o involución de los
países de la región en el lustro.
Y por último, el peso de las palabras. Es decir el volumen
ideológico que subyace o se infiere de una elaboración analítica: Evo es invocado trece veces en un texto de
tres páginas ; Camacho, dos .Curiosamente están ausentes en ese ensayo sobre lo
que acontece en el país hermano, las palabras
resistencia, Añez, asesinados, Trump,
imperialismo, fascismo, pueblo .
En fin, duele el análisis, acaso por su indigencia y
unilateralidad. Ciertamente, por provenir de quien proviene, una luchadora que sigue manteniendo un plus de expectativa
en nuestros corazones.
viernes, 15 de noviembre de 2019
La edad de plomo
Hubo
una muerte impune y una víctima inocente. Luego otra. Y otras. El mismo patrón
Asesinatos seriales, rememorarían con laconismo algunas crónicas de un siglo a
otro. La policía sospechaba de los
historiadores.
lunes, 11 de noviembre de 2019
Evo
No ha sido vencido el estadista que privilegió a la vida ante la tragedia. Renacerá, como el vaticinio de Allende en la Moneda. Porque la única derrota admisible es la del pensamiento. No pudieron los Barrientos, García Meza ni los Banzer. Cada vez que suene un sikus, que se empuñe un poema, que flamee una Wiphala en la cima de un cerro, se ratificará el triunfo deEvo Morales y todo lo que encarna.
jueves, 31 de octubre de 2019
logros
miércoles, 23 de octubre de 2019
¡VIVA CHILE, MIERDA!
VIVA CHILE, MIERDA!
Parece un pibe, lo es. Pero no el niño que se aguanta la lágrima y una queja. Que acaso esta noche – si la suerte- despertará sobresaltado , muerto de miedo, porque sus padres aun no han vuelto.El que parece un pibe y lo es, es el otro. El guerrero de la coraza , empujado a Las Condes a dilapidar la última dignidad de clase que le quedaba cuando decidió vestirse de enemigo, subyugado por los ojos claros de las Lagardes de turno, esas ante las cuales Macri se postró para jurarles fidelidad eterna invitando a sus paisanos a hacer lo mismo: enamorarse.
El portador de la caparazón tiene toda su fuerza en el atuendo, por lo demás es un pelele. Sueña con vivir en el barrio donde ahora arrastra a su víctima pero por las noches, tras sus dilatados turnos en que hace días escucha la prédica implacable de cómo cazar huevones, junta las monedas para regresar a Colina, Villa O’Higgins o José Donoso . En esos barrios, por las madrugadas -como las diuca de Morisoli- crece un murmullo que se agiganta, un andar rebelde e implacable que tal vez hoy , mañana, o pasado o muy pronto cruzará las alamedas para expresar y hacer lo que su dignidad y bronca le exigen.
El carabinero vestido de comic es, apenas, un pobre chileno desclasado . Ya sabe que no hay soldados ricos en la carabinería. Intuye también, porque vive en colina o en JoseDonoso, que lo que enfrenta en las calles de Santiago es un nuevo protagonista. Al anterior lo conoce de los manuales, de su procedencia, Por los Inti Illimani o desde las marciales enseñanzas en la Academia. A estos nuevos no: algunos hasta son parientes o amigos de sus jefes, visibles componentes de los sectores medios empujados a la pobreza que aceleradamente, a partir de las luchas por los aranceles, por los costos de una diálisis o el valor del transporte , aprendieron con desazón que el sistema no los incluye.
los que avanzan en Las Condes confluirán esta noche con los que han partido ayer desde el barrio donde vive el pelele , cantando bajito La Muralla. Cuando lleguen al Cabildo sus voces entonarán que el pueblo unido no será vencido y no tendrán certeza alguna del porvenir de esta confluencia. De una cosa pueden estar seguros, ganarán, tarde o temprano, porque así lo dictamina –inexorable- ese pregón que se hizo himno acuñado alguna vez en La Moneda.
El pibe que arrastra salvajemente al otro pibe no leyó la tapa de hoy de El Mercurio, en su columna central alguien sostiene como abriendo el paraguas “que se veía venir y no estuvimos a la altura”.
La mujer de Piñera fue más explicita, porque no tiene la cancha del Mercurio para la ambigüedad , al sostener que “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios”. Su marido la escucha, mira el reloj, pide perdón pero en su fuero íntimo crece la certidumbre de que las mieles de su privilegios tienen los días contados.
El monstruo desclasado y pobre que reprime a los pobres verá mañana su perfil en las portadas. La misma catadura que hoy escupen los vilipendiados de Chile y el mundo.
martes, 1 de octubre de 2019
Inventario de la impiedad
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| foto: Dagna Faidutti |
El fantasma de 2001 con su corolario de represión y muerte opera como un disuasivo a la hora de proyectar la elevación de la protesta social. Esta conclusión rehúye la ponderación de que este modelo produce expiraciones -impunes- a escalas industriales.
El catálogo de la exclusión determina que en el último año se perdió un puesto de trabajo cada dos minutos. Así lo advierte un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) sobre la situación del empleo entre marzo de 2018 y marzo de 2019.
Excluidos del trabajo.
Menguados de la vida.
Porque la muerte civil es eso: una de las formas de la muerte.
Hasta el más desprevenido es consciente del porvenir de esta situación. Aunque el conocimiento, ya se sabe, no siempre viene de la mano con una respuesta social que relacione las condiciones objetivas del desamparo con las consideraciones subjetivas. Valoraciones que eventualmente lo convocarían a asumir una actitud de rechazo activa o al menos crítica.
Por si no bastare, el INDEC nos acaba de anunciar que una de cada tres personas en Argentina es pobre. El 32% de la población. La noticia agrega que en un año la cantidad de pobres creció un treinta y seis por ciento . Son 14.300.000 (catorce millones trescientas mil personas, para digerirlo con todas las letras).
Este continente de la indignidad se subleva ante la verificación de que un argentino sucumbe por desnutrición cada diez horas.
Espantoso arqueo del evangelio del expolio. De manera tal que los lectores de este texto amanecerán mañana sabiendo que en el altar del capitalismo se sumaron dos nuevos sacrificios.
Y pasado mañana. Y al siguiente…
La voracidad del método afila sus colmillos cotidianamente y deja la puerta abierta para dar la bienvenida a las víctimas propiciatorias, producto de las necesidades coyunturales de un proyecto político en cuyo programa de acción se establece que ”los pobres importan un choto…” Decimos, por ejemplo, los Rafael Nahuel… Santiago Maldonado. O los caídos por imperio de la doctrina Chocobar, aplicada con tanta eficiencia que produce un muerto cada 21 horas. Consumada lucubración de Patricia Bullrich, tan inexpugnable que hasta goza de la anuencia de los Poderes Públicos que la propician o consienten.
Los amos de la vida y el dinero sostienen la inevitabilidad de la pobreza y desprecian el producto de sus acciones practicando un odio de clase que pro- viene desde el fondo de la historia.
El Dios del Mercado y de la Entrega baja o sube los pulgares a su antojo en un desenfreno que acaso no detenga la empalizada comicial.
A esta altura del texto pedimos misericordia por un preámbulo tan extenso. Originalmente tenía como única misión lograr un pretexto para insistir en un relato ficcional que hace treinta y cinco años titulamos:
El catálogo de la exclusión determina que en el último año se perdió un puesto de trabajo cada dos minutos. Así lo advierte un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) sobre la situación del empleo entre marzo de 2018 y marzo de 2019.
Excluidos del trabajo.
Menguados de la vida.
Porque la muerte civil es eso: una de las formas de la muerte.
Hasta el más desprevenido es consciente del porvenir de esta situación. Aunque el conocimiento, ya se sabe, no siempre viene de la mano con una respuesta social que relacione las condiciones objetivas del desamparo con las consideraciones subjetivas. Valoraciones que eventualmente lo convocarían a asumir una actitud de rechazo activa o al menos crítica.
Por si no bastare, el INDEC nos acaba de anunciar que una de cada tres personas en Argentina es pobre. El 32% de la población. La noticia agrega que en un año la cantidad de pobres creció un treinta y seis por ciento . Son 14.300.000 (catorce millones trescientas mil personas, para digerirlo con todas las letras).
Este continente de la indignidad se subleva ante la verificación de que un argentino sucumbe por desnutrición cada diez horas.
Espantoso arqueo del evangelio del expolio. De manera tal que los lectores de este texto amanecerán mañana sabiendo que en el altar del capitalismo se sumaron dos nuevos sacrificios.
Y pasado mañana. Y al siguiente…
La voracidad del método afila sus colmillos cotidianamente y deja la puerta abierta para dar la bienvenida a las víctimas propiciatorias, producto de las necesidades coyunturales de un proyecto político en cuyo programa de acción se establece que ”los pobres importan un choto…” Decimos, por ejemplo, los Rafael Nahuel… Santiago Maldonado. O los caídos por imperio de la doctrina Chocobar, aplicada con tanta eficiencia que produce un muerto cada 21 horas. Consumada lucubración de Patricia Bullrich, tan inexpugnable que hasta goza de la anuencia de los Poderes Públicos que la propician o consienten.
Los amos de la vida y el dinero sostienen la inevitabilidad de la pobreza y desprecian el producto de sus acciones practicando un odio de clase que pro- viene desde el fondo de la historia.
El Dios del Mercado y de la Entrega baja o sube los pulgares a su antojo en un desenfreno que acaso no detenga la empalizada comicial.
A esta altura del texto pedimos misericordia por un preámbulo tan extenso. Originalmente tenía como única misión lograr un pretexto para insistir en un relato ficcional que hace treinta y cinco años titulamos:
EL DESOCUPADO
La risa –decía
Rabeleis- es propia del hombre. Esa facultad ya no es natural de un sector de la población que transita su
angustia por el país tras el rótulo de “desocupado”. La legión de hombres y mujeres sin empleo ha
pasado a engrosar la lista de nuestras profesiones cotidianas.
Así, desocupado se esgrime como
quien se presenta “doctor”, “abogado”, “carnicero”, etc.
Como toda persona enrolada en
determinada actividad el desocupado presenta también características
(modalidades, criterios, modos de enfocar la vida) particulares.
El ocupado pierde su trabajo e
ingresa en un mundo desconocido, cruel, con una filosofía propia.
Y aquel que antes era eficiente,
audaz, con iniciativas, va perdiendo todas estas facultades ante las
sempiternas negativas a su requerimiento de trabajo.
El desocupado comprende que ha
estado habitando un mundo desconocido, hostil. Esta revelación –sumada a su
problema- lo toma desconfiado, inseguro y le crea un problema familiar y
social. Cada vez vacila más aquella capacidad que lo hacía mostrarse como el
hombre que “vale tanto” que “es capaz de tanto”.
Ahora, su presentación se ha modificado.
Es el que pide cualquier cosa, las changas, los corretajes, lo que sea con tal
de salir de la nueva posición en que está inmerso.
Si el desocupado es soltero se irá
a otros lugares a probar fortuna. No regresará, salvo que la consigna, pues no
quiere sumar un lauro más a la larga lista de frustraciones cotidianas, la de
encontrarse con sus amigos y que le pregunten ¿cómo te fue?
Si el desocupado es casado, su
problema es mayor. Permitirá que su compañera solvente el pesado lastre de la
economía hogareña con su solo salario. Pero al tiempo, esa situación se torna
insostenible.
El desocupado, que aún no puede
desarraigarse de la condición machista de esta sociedad, no aguanta esta
situación, se torna irascible, su inseguridad crece y su actitud desarmoniza su
hogar.
La familia por su parte también
recibe estas influencias. La esposa asume en la mayoría de los casos una
actitud comprensiva que de tan evidente, se convierte en una peligrosa trampa.
El desocupado se retrae al cariño y desprecia las efusiones.
Los restantes miembros del clan
familiar (suegros, padres, tíos) que al principio fueron los campeones de la
comprensión y de las muestras de ánimo comienzan a emprender la retirada. Por
algo será que estás así, concluyen, para justificar su alejamiento.
¿Y los amigos del desocupado? Al
principio lo consuelan, lo apoyan económicamente, hasta que advierten que el
desocupado ha dejado de pertenecer a su grupo.
Claro, el desocupado no va al
club, al cine, sus temas de conversación han sido suplantados por los de la
resolución de sus problemas.
Es entonces que sus amigos y
conocidos lo empiezan a ver como la representación concreta de todo lo que
ellos no quieren para sí. El desocupado se convierte para cualquiera en el
exponente de la propia miseria, de la soledad. El potencial enemigo de nuestra
estabilidad laboral, si el desocupado consigue tanto es porque se lo ha
restringido a otro. Esta es la conclusión a que se llega en esta deformada
situación.
Y esto es válido también entre
desocupados. Se rehúyen, evitan y son remisos a cambiar información, es la
competencia entre desocupados para dejar de serlo.
Entonces, el desocupado continúa
solo, cada vez más solo y sumando angustias. Porque… ¿quién emplea a un
desocupado? El desocupado ha perdido iniciativa, no es productivo, su misma
condición de desempleado (de haber sido despedido, prescindido, inhabilitado)
suma un argumento en su contra.
Aunque también presenta algunos
beneficios. El desocupado se “regala”, cobra barato, se resiste a los planteos
laborales… Claro que estos atributos no pesan tanto como los anteriores.
Al desocupado le quedan entonces
pocas alternativas. A algunas se resiste y otras lo están tentando.
viernes, 13 de septiembre de 2019
Balada por la muerte de Lorca
………………………………………………………………….
El
crepúsculo es el más luminoso que recuerda y alumbra relámpagos de plata sobre el lomo de los
pájaros. Se abaten los ojos al fulgor de su pechera mientras una lágrima se dispara
……………………………………………………………………………
Bajo de
aquel olivo que crece entre los lirios yace
una rama mustia, trunca madera.
Acaso suene un río y ese rumor del agua fluye como un poema.
Una
línea que diga, propiciando un vaticinio:
quiero dormir el sueño de las manzanas…”
El trueno
de la noche mancilla una paloma incierta. Un pétalo de rapa abriga su herida.
No hay
testigos, Goya ya ha marchado
astillando las tinieblas de Príncipe Pío.
Desde
el Sur de la sombra, aligera y desangra, esta elegía.
¿Alguien
sabe dónde?
Hay un
barranco y una pala, sudor en la frente
del que cava y esa matriz
de sal andando cauce abajo en la
mejilla del que aguarda.
La pala
lacera la ladera hasta la piedra y la piedra
magulla su filo. De la misma
manera que lo hace un verso, aquel texto
de otoño, ese pregón de alerta por los que avanzan sembrando hogueras.
“”Sobre
el olivar
hay un
cielo hundido
y una
lluvia oscura
de
luceros fríos
El que busca sabe del montecillo,
del río y la pradera. Y de la desgajada sombra granadina , sus latidos.
Interpela,
tenaz, entre cien silencios, cien olvidos.
No
reclama aquiescencias tampoco concede treguas. No se detiene, ni se rinde.
Se
extiende, sin premuras ni sosiegos.
Procede
como la memoria…
…o esa
mantilla verde de Viznar que se dilata,
al amparo del árbol, donde crecen los lirios
(set.2019)
domingo, 8 de septiembre de 2019
'Lonja!
Si por algún efecto de la prestidigitación alguien, una cosa, un fenómeno, lograra que la consideración del hambre –o el dólar—quedara en segundo plano, emergerá en el foco de la atención argentina la estela creciente de la violencia promovida en forma institucional y encarnada como un elemento más de nuestra cotidianeidad.
No hay que ser muy vivos para percibirla . Allí está Carrió advirtiendo que será la nueva mártir que reedite a Allende en su último minuto en la Casa de la Moneda. O Macri, impostando la voz para vociferar un ¡carajo! poco convincente en términos actorales pero muy efectivo en el examen de sus connotaciones.
Si el dólar se evadiera del firmamento nacional, brotará fuerte, potente, eficazmente letal, un protocolo ya sedimentado en la escena histórica: desde Joaquín Penina a Vallese, partiendo de Santiago Maldonado a Rafael Nahuel , desde los bombardeos en plaza de Mayo a Kosteki y Santillán.
Ya sabemos lo que suturó este historial del luto.
El protocolo debutó, oficialmente, con el ejercicio de tiro por la espalda de Bonadío y prosiguió, casi sin transición, con Chocobar.
Pero hay otras ejercitaciones de la muerte que la crónica adultera hasta tornarlas espasmos sin relación. El asesinato de un anciano por un pote de mermelada o esa patada en el pecho a un borrachito aturdido que avanza hacia su verdugo con las manos atrás, como un número nueve en falta.
El espectro de esa pulsión sobrevuela nuestros días. Y peor: nuestras horas.
En los setenta asistimos con fruición a la proyección del film “I Como Ícaro” en lo que fuera el cine Monumental. Allí, el formidable Ives Montand replica un pasaje de lo que fue en los sesenta el experimento Milgram: un ejercicio de violencia ficcional que se presenta como real a sus observadores. Dependerá del grado de verosimilitud de la práctica para que el que asistiere al martirio de un sujeto indefenso reaccione provocando la paralización de la práctica. Los hubo quienes no pasaron del grado dos y también los que insistieron en proseguirla. En la película de Verneuil, Montad, aturdido por lo que creía una tortura real, se rebeló en el grado cinco.
A vastas capas de la sociedad les pasó inadvertida la reedición del experimento de Stanley Milgram pero, sin el componente de ficción.
Sucedió a la luz del día, ante un público pletórico de violencia, asumiéndose Césares en el circo romano de la Asociación Rural Argentina.
Gallardos, viriles, empeñados jinetes criollos henchidos de fervor nacional arremetieron blandiendo sus rebenques contra un grupo de pibas veganas que alzaban sus pancartas proclamando su filiación.
Constituyó un ejercicio de tortura colectiva y al aire libre.
Pero no fue, eso, lo peor. Lo execrable lo instituyó la circunstancia de que la platea, encendida de pasión redentora, alentara a los hidalgos representantes de la Rural al grito de ¿Lonja!¡¡ Lonja!
Imaginamos a Patricia, en ropa de fajina, siguiendo las exteriorizaciones desde su plasma, restregando sus manos de puro gozo.
Sirvan estas desordenadas líneas como pretexto para promover expectaciones con más enjundia y rigor. Tentativas propensas a elevar la puntería en el análisis de esta espiral de violencia que se internaliza, como predominio de esa terrible fuerza, al decir de Gelman, infatigable y mortal: la de la costumbre.
………
jcp
setiembre8 de 2019
No hay que ser muy vivos para percibirla . Allí está Carrió advirtiendo que será la nueva mártir que reedite a Allende en su último minuto en la Casa de la Moneda. O Macri, impostando la voz para vociferar un ¡carajo! poco convincente en términos actorales pero muy efectivo en el examen de sus connotaciones.
Si el dólar se evadiera del firmamento nacional, brotará fuerte, potente, eficazmente letal, un protocolo ya sedimentado en la escena histórica: desde Joaquín Penina a Vallese, partiendo de Santiago Maldonado a Rafael Nahuel , desde los bombardeos en plaza de Mayo a Kosteki y Santillán.
Ya sabemos lo que suturó este historial del luto.
El protocolo debutó, oficialmente, con el ejercicio de tiro por la espalda de Bonadío y prosiguió, casi sin transición, con Chocobar.
Pero hay otras ejercitaciones de la muerte que la crónica adultera hasta tornarlas espasmos sin relación. El asesinato de un anciano por un pote de mermelada o esa patada en el pecho a un borrachito aturdido que avanza hacia su verdugo con las manos atrás, como un número nueve en falta.
El espectro de esa pulsión sobrevuela nuestros días. Y peor: nuestras horas.
En los setenta asistimos con fruición a la proyección del film “I Como Ícaro” en lo que fuera el cine Monumental. Allí, el formidable Ives Montand replica un pasaje de lo que fue en los sesenta el experimento Milgram: un ejercicio de violencia ficcional que se presenta como real a sus observadores. Dependerá del grado de verosimilitud de la práctica para que el que asistiere al martirio de un sujeto indefenso reaccione provocando la paralización de la práctica. Los hubo quienes no pasaron del grado dos y también los que insistieron en proseguirla. En la película de Verneuil, Montad, aturdido por lo que creía una tortura real, se rebeló en el grado cinco.
A vastas capas de la sociedad les pasó inadvertida la reedición del experimento de Stanley Milgram pero, sin el componente de ficción.
Sucedió a la luz del día, ante un público pletórico de violencia, asumiéndose Césares en el circo romano de la Asociación Rural Argentina.
Gallardos, viriles, empeñados jinetes criollos henchidos de fervor nacional arremetieron blandiendo sus rebenques contra un grupo de pibas veganas que alzaban sus pancartas proclamando su filiación.
Constituyó un ejercicio de tortura colectiva y al aire libre.
Pero no fue, eso, lo peor. Lo execrable lo instituyó la circunstancia de que la platea, encendida de pasión redentora, alentara a los hidalgos representantes de la Rural al grito de ¿Lonja!¡¡ Lonja!
Imaginamos a Patricia, en ropa de fajina, siguiendo las exteriorizaciones desde su plasma, restregando sus manos de puro gozo.
Sirvan estas desordenadas líneas como pretexto para promover expectaciones con más enjundia y rigor. Tentativas propensas a elevar la puntería en el análisis de esta espiral de violencia que se internaliza, como predominio de esa terrible fuerza, al decir de Gelman, infatigable y mortal: la de la costumbre.
………
jcp
setiembre8 de 2019
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