miércoles, 25 de diciembre de 2019

Felices luchas


Amanece un nuevo año. Se ilumina la certeza  de  que la gran contradicción sigue siendo liberación o dependencia. Tiempo de furias y desgarros. Los que avanzan al porvenir lo hacen convicción de que o se lucha o se pierde. Bienvenidos a los desafíos de la hora. Nos abriga una wiphala y una antorcha encendida.

jueves, 5 de diciembre de 2019

El ciego


En el niño al que apalea, distingue  a un enemigo. En la muchacha que trata de huir de sus garras, un objeto de placer. La mira del fusil no devuelve  esa  lágrima ni el  ojo que estalla. Sus retinas solo confirman  una lección, la ejecución de un chantaje histórico para esos rehenes del porvenir que algunos llaman sobrevivientes. Frente a una whipala que flamea , verifica una amenaza  . El soldado, que desliza su mirada en este  e solar  en llamas que propicia, en las devastaciones de la avaricia y en ese horizonte ceniza donde habitan  los escarnecidos de su afrenta, no ve la realidad. Acaso constate   su propio futuro.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

¡Ay Rita!


¡AY RITA!

Rita Ssegato, a quien le debemos sensateces  que  han iluminado y enriquecido nuestras existencias, acaba de promover un examen acerca de  los acontecimientos en el altiplano.
Apresurada por fiscalizar   comprensiones caricaturescas  estereotipadas  de alguna  masa crítica del país No  vacila en adjudicar a otras voces  el pecado de interpretaciones sesgadas  y binarias soslayando el hecho que en su misma formulación subyace un soplo maniqueo.
Lo hace desde Buenos Aires, dirigiéndose a las compañeras y hermanas bolivianas. Por alguna razón, sus expresiones nos remiten al fallido y olvidable ensayo de Marx sobre Bolívar. Rimas de un  pensamiento que  reincide a través de la bruma histórica.
Segato , obnubilada por  su propio feminismo, evita deliberadamente abordar las cuestión boliviana y hemisférica dentro del marco de la lucha de clases, circunstancia que a todas  luces   hubiera promovido otros enfoques o  acaudalado su perspectiva.
Soslaya, utilizando como peso argumental un estado de ánimo, que las razones del golpe no son exógenas sino provocadas por las debilidades, errores y miserias de Evo y sus políticas.
Así, el presidente legítimo de Bolivia, ratificada su adhesión popular por diez puntos  de diferencia obtenidos en la última compulsa comicial, cae, en la exégesis de la antropóloga intelectual,   por machista, por su equivocada política ambiental  y el deterioro de su crédito social.
No parecen muy científicas sus consideraciones. Si alcanzaran otra estatura, se constituyeran
en coordenadas de análisis con más enjundia,  sus adherentes podrían concluir que si estos son los fundamentos del   a alzamiento,  los días de Bolsonao están contados.
Con la misma soltura y liviandad también podrían argüir que la mujer violada lo es como producto de sus traspiés,
segato oblitera la enunciación de los logros de cuatro años de gestión. En el mismo espacio temporal en que Macri devastó a la Argentina Morales elevó a su país al sitial más empinado de la independencia y la distribución de los recursos.
Negarlo, soslayarlo, adulterar este dato de la realidad conduce a sostener,  que la producción y  montaje de la monumental  maniobre sediciosa  no tuvo en consideración esa cuestión. Elemento cuya centralidad emerge  a poco que cualquier desprevenido se detenga a repasar el progreso o involución de los países de  la región  en el lustro.
Y por último, el peso de las palabras. Es decir el volumen ideológico que subyace o se infiere de una elaboración analítica:  Evo es invocado trece veces en un texto de tres páginas ; Camacho, dos .Curiosamente están ausentes en ese ensayo sobre lo que  acontece en el país hermano, las  palabras  resistencia,  Añez, asesinados, Trump, imperialismo, fascismo, pueblo .
En fin, duele el análisis, acaso por su indigencia y unilateralidad. Ciertamente, por provenir de quien proviene, una luchadora  que sigue manteniendo un plus de expectativa en nuestros corazones.




viernes, 15 de noviembre de 2019

La edad de plomo


Hubo una muerte impune y una víctima inocente. Luego otra. Y otras. El mismo patrón Asesinatos seriales, rememorarían con laconismo algunas crónicas de un siglo a otro.  La policía sospechaba de los historiadores.

 (de la serie microcuentos de 33 palabras)

lunes, 11 de noviembre de 2019

Evo


No ha sido vencido el estadista que privilegió a la vida ante la tragedia. Renacerá, como el vaticinio de Allende en la Moneda. Porque la única derrota admisible es la del pensamiento. No pudieron los Barrientos, García Meza ni los Banzer. Cada vez que suene un sikus, que se empuñe un poema, que flamee una Wiphala en la cima de un cerro, se ratificará el triunfo deEvo Morales y todo lo que encarna.

jueves, 31 de octubre de 2019

logros

El inapelable contador de Blogger  ha establecido que hemos superado las 30  mil lecturas. Gracias por la constancia y el apoyo.

miércoles, 23 de octubre de 2019

¡VIVA CHILE, MIERDA!

VIVA CHILE, MIERDA!
Parece un pibe, lo es. Pero no el niño que se aguanta la lágrima y una queja. Que acaso esta noche – si la suerte- despertará sobresaltado , muerto de miedo, porque sus padres aun no han vuelto.
El que parece un pibe y lo es, es el otro. El guerrero de la coraza , empujado a Las Condes a dilapidar la última dignidad de clase que le quedaba cuando decidió vestirse de enemigo, subyugado por los ojos claros de las Lagardes de turno, esas ante las cuales Macri se postró para jurarles fidelidad eterna invitando a sus paisanos a hacer lo mismo: enamorarse.
El portador de la caparazón tiene toda su fuerza en el atuendo, por lo demás es un pelele. Sueña con vivir en el barrio donde ahora arrastra a su víctima pero por las noches, tras sus dilatados turnos en que hace días escucha la prédica implacable de cómo cazar huevones, junta las monedas para regresar a Colina, Villa O’Higgins o José Donoso . En esos barrios, por las madrugadas -como las diuca de Morisoli- crece un murmullo que se agiganta, un andar rebelde e implacable que tal vez hoy , mañana, o pasado o muy pronto cruzará las alamedas para expresar y hacer lo que su dignidad y bronca le exigen.
El carabinero vestido de comic es, apenas, un pobre chileno desclasado . Ya sabe que no hay soldados ricos en la carabinería. Intuye también, porque vive en colina o en JoseDonoso, que lo que enfrenta en las calles de Santiago es un nuevo protagonista. Al anterior lo conoce de los manuales, de su procedencia, Por los Inti Illimani o desde las marciales enseñanzas en la Academia. A estos nuevos no: algunos hasta son parientes o amigos de sus jefes, visibles componentes de los sectores medios empujados a la pobreza que aceleradamente, a partir de las luchas por los aranceles, por los costos de una diálisis o el valor del transporte , aprendieron con desazón que el sistema no los incluye.
los que avanzan en Las Condes confluirán esta noche con los que han partido ayer desde el barrio donde vive el pelele , cantando bajito La Muralla. Cuando lleguen al Cabildo sus voces entonarán que el pueblo unido no será vencido y no tendrán certeza alguna del porvenir de esta confluencia. De una cosa pueden estar seguros, ganarán, tarde o temprano, porque así lo dictamina –inexorable- ese pregón que se hizo himno acuñado alguna vez en La Moneda.
El pibe que arrastra salvajemente al otro pibe no leyó la tapa de hoy de El Mercurio, en su columna central alguien sostiene como abriendo el paraguas “que se veía venir y no estuvimos a la altura”.
La mujer de Piñera fue más explicita, porque no tiene la cancha del Mercurio para la ambigüedad , al sostener que “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios”. Su marido la escucha, mira el reloj, pide perdón pero en su fuero íntimo crece la certidumbre de que las mieles de su privilegios tienen los días contados.
El monstruo desclasado y pobre que reprime a los pobres verá mañana su perfil en las portadas. La misma catadura que hoy escupen los vilipendiados de Chile y el mundo.

martes, 1 de octubre de 2019

Inventario de la impiedad

foto: Dagna Faidutti

El fantasma de 2001 con su corolario de represión y muerte opera como un disuasivo a la hora de proyectar la elevación de la protesta social. Esta conclusión rehúye la ponderación  de que este modelo produce expiraciones  -impunes-  a escalas industriales.

El catálogo  de la exclusión determina que en el último año se perdió un puesto de trabajo cada dos minutos. Así lo advierte un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) sobre la situación del empleo entre marzo de 2018 y marzo de 2019.

Excluidos del trabajo.

Menguados de la vida.

Porque la  muerte civil es eso: una de las formas de la muerte.

Hasta el más desprevenido es consciente del porvenir de esta situación. Aunque el  conocimiento, ya se sabe, no siempre viene de la mano con una respuesta social que relacione las condiciones objetivas del desamparo con las consideraciones  subjetivas. Valoraciones  que eventualmente lo convocarían  a asumir una actitud de rechazo  activa o al menos crítica.

Por si no bastare, el INDEC nos acaba de anunciar que una de cada tres personas en Argentina es pobre. El 32% de la población. La noticia agrega que en  un año la cantidad de pobres creció un treinta y seis por ciento . Son 14.300.000 (catorce millones trescientas mil personas, para digerirlo con todas las letras).

Este continente de la indignidad se subleva ante la verificación de que un argentino sucumbe por desnutrición cada diez horas.

Espantoso  arqueo del  evangelio del expolio. De manera tal que los lectores de este texto  amanecerán mañana sabiendo que en el altar del capitalismo se sumaron dos nuevos sacrificios.

Y pasado mañana. Y al siguiente…

La voracidad del método  afila sus colmillos cotidianamente y deja la puerta abierta para dar la bienvenida a las víctimas propiciatorias, producto de las necesidades coyunturales de un proyecto político en cuyo programa de acción se establece que ”los pobres importan un choto…” Decimos, por ejemplo, los Rafael Nahuel… Santiago Maldonado. O los caídos por imperio de la doctrina Chocobar, aplicada con tanta eficiencia que produce un muerto cada 21 horas. Consumada  lucubración de Patricia Bullrich,  tan   inexpugnable que hasta goza de la anuencia de los Poderes Públicos que la propician o consienten.

Los amos de la vida y el dinero sostienen la inevitabilidad de  la pobreza y desprecian el producto de sus acciones practicando un odio de clase que pro- viene desde el fondo de la historia.

El Dios del Mercado y de la Entrega baja o sube los  pulgares a su antojo en un desenfreno que acaso no detenga la empalizada comicial.


A esta altura del texto pedimos misericordia  por un preámbulo tan extenso. Originalmente tenía como única misión lograr un pretexto para insistir en un relato ficcional que hace  treinta y cinco  años titulamos:

 EL DESOCUPADO
La risa –decía Rabeleis- es propia del hombre. Esa facultad ya no es natural  de un sector de la población que transita su angustia por el país tras el rótulo de “desocupado”.  La legión de hombres y mujeres sin empleo ha pasado a engrosar la lista de nuestras profesiones cotidianas.
              Así, desocupado se esgrime como quien se presenta “doctor”, “abogado”, “carnicero”, etc.
              Como toda persona enrolada en determinada actividad el desocupado presenta también características (modalidades, criterios, modos de enfocar la vida) particulares.
              El ocupado pierde su trabajo e ingresa en un mundo desconocido, cruel, con una filosofía propia.
              Y aquel que antes era eficiente, audaz, con iniciativas, va perdiendo todas estas facultades ante las sempiternas negativas a su requerimiento de trabajo.
              El desocupado comprende que ha estado habitando un mundo desconocido, hostil. Esta revelación –sumada a su problema- lo toma desconfiado, inseguro y le crea un problema familiar y social. Cada vez vacila más aquella capacidad que lo hacía mostrarse como el hombre que “vale tanto” que “es capaz de tanto”.
              Ahora, su presentación se ha modificado. Es el que pide cualquier cosa, las changas, los corretajes, lo que sea con tal de salir de la nueva posición en que está inmerso.
              Si el desocupado es soltero se irá a otros lugares a probar fortuna. No regresará, salvo que la consigna, pues no quiere sumar un lauro más a la larga lista de frustraciones cotidianas, la de encontrarse con sus amigos y que le pregunten ¿cómo te fue?
              Si el desocupado es casado, su problema es mayor. Permitirá que su compañera solvente el pesado lastre de la economía hogareña con su solo salario. Pero al tiempo, esa situación se torna insostenible.
              El desocupado, que aún no puede desarraigarse de la condición machista de esta sociedad, no aguanta esta situación, se torna irascible, su inseguridad crece y su actitud desarmoniza su hogar.
              La familia por su parte también recibe estas influencias. La esposa asume en la mayoría de los casos una actitud comprensiva que de tan evidente, se convierte en una peligrosa trampa. El desocupado se retrae al cariño y desprecia las efusiones.
              Los restantes miembros del clan familiar (suegros, padres, tíos) que al principio fueron los campeones de la comprensión y de las muestras de ánimo comienzan a emprender la retirada. Por algo será que estás así, concluyen, para justificar su alejamiento.
              ¿Y los amigos del desocupado? Al principio lo consuelan, lo apoyan económicamente, hasta que advierten que el desocupado ha dejado de pertenecer a su grupo.
              Claro, el desocupado no va al club, al cine, sus temas de conversación han sido suplantados por los de la resolución de sus problemas.
              Es entonces que sus amigos y conocidos lo empiezan a ver como la representación concreta de todo lo que ellos no quieren para sí. El desocupado se convierte para cualquiera en el exponente de la propia miseria, de la soledad. El potencial enemigo de nuestra estabilidad laboral, si el desocupado consigue tanto es porque se lo ha restringido a otro. Esta es la conclusión a que se llega en esta deformada situación.
              Y esto es válido también entre desocupados. Se rehúyen, evitan y son remisos a cambiar información, es la competencia entre desocupados para dejar de serlo.
              Entonces, el desocupado continúa solo, cada vez más solo y sumando angustias. Porque… ¿quién emplea a un desocupado? El desocupado ha perdido iniciativa, no es productivo, su misma condición de desempleado (de haber sido despedido, prescindido, inhabilitado) suma un argumento en su contra.
              Aunque también presenta algunos beneficios. El desocupado se “regala”, cobra barato, se resiste a los planteos laborales… Claro que estos atributos no pesan tanto como los anteriores.
              Al desocupado le quedan entonces pocas alternativas. A algunas se resiste y otras lo están tentando.




viernes, 13 de septiembre de 2019

Balada por la muerte de Lorca


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El crepúsculo es el más luminoso que recuerda y alumbra  relámpagos de plata sobre el lomo de los pájaros. Se abaten los ojos al fulgor de su pechera mientras  una lágrima se  dispara
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Bajo de aquel olivo que crece entre los lirios yace  una rama mustia, trunca  madera. Acaso suene un río y ese rumor del agua fluye como  un poema.
Una línea que diga,  propiciando un vaticinio: quiero dormir el sueño de las manzanas…”
El trueno de la  noche mancilla  una paloma incierta. Un pétalo de rapa  abriga su herida.
No hay testigos, Goya ya ha marchado  astillando  las tinieblas de  Príncipe Pío.
Desde el Sur de la sombra, aligera y desangra, esta  elegía.
¿Alguien sabe dónde?
Hay un barranco y una  pala, sudor en la frente del que cava y  esa  matriz  de sal  andando cauce abajo en la mejilla del que aguarda.
La pala lacera la ladera  hasta la piedra  y la piedra  magulla su  filo. De la misma manera que lo hace un verso, aquel  texto de otoño, ese pregón de alerta por los que avanzan sembrando hogueras.
“”Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos
El que busca sabe del montecillo, del río y la pradera. Y de la desgajada sombra granadina , sus latidos.
Interpela, tenaz, entre  cien  silencios, cien   olvidos.
No reclama  aquiescencias   tampoco  concede treguas. No se detiene, ni se rinde.
Se extiende, sin premuras ni sosiegos.
Procede como la memoria…
…o esa mantilla verde de Viznar  que se dilata, al amparo  del árbol, donde crecen  los lirios 
(set.2019)



domingo, 8 de septiembre de 2019

'Lonja!

Si por algún efecto de la prestidigitación alguien, una cosa, un fenómeno, lograra que la consideración del hambre –o el dólar—quedara en segundo plano, emergerá  en el foco de la atención argentina la estela creciente de la violencia promovida en forma institucional y encarnada como un elemento más de nuestra cotidianeidad.
No hay que ser muy vivos para percibirla . Allí está Carrió advirtiendo que será la nueva mártir que reedite a Allende en su último minuto en la Casa de la Moneda. O Macri, impostando la voz para vociferar un ¡carajo! poco convincente en términos actorales pero muy efectivo en el examen de sus connotaciones.
Si el dólar se evadiera del firmamento nacional, brotará fuerte, potente, eficazmente letal, un protocolo ya sedimentado en la escena histórica: desde Joaquín Penina a Vallese, partiendo de Santiago Maldonado a Rafael Nahuel , desde los bombardeos en plaza de Mayo a Kosteki y Santillán.
Ya sabemos lo que suturó este historial del luto.
El protocolo debutó, oficialmente, con el ejercicio de tiro por la espalda de Bonadío y prosiguió, casi sin transición, con Chocobar.
Pero hay otras ejercitaciones de la muerte que la crónica adultera  hasta  tornarlas  espasmos sin relación. El asesinato de un anciano por un pote de mermelada o esa patada en el pecho a un borrachito aturdido que avanza hacia su verdugo con las manos  atrás, como un número nueve en falta.
El espectro de esa  pulsión  sobrevuela nuestros días. Y peor: nuestras horas.
En los setenta asistimos con fruición a la proyección del film “I Como Ícaro” en lo que fuera el cine Monumental. Allí, el formidable Ives Montand replica un pasaje de lo que fue en los sesenta el experimento Milgram: un ejercicio de violencia ficcional que se presenta como real a sus observadores. Dependerá del grado de verosimilitud de la práctica  para que el que asistiere  al martirio de un sujeto indefenso reaccione provocando la paralización de  la práctica. Los hubo quienes no pasaron del grado dos y también los que insistieron en proseguirla. En la película de Verneuil,  Montad, aturdido por lo que creía una tortura real, se rebeló en  el grado cinco.
A vastas capas de la sociedad les pasó inadvertida la reedición del experimento de Stanley  Milgram pero, sin el componente de ficción.
Sucedió a la luz del día, ante un  público pletórico de violencia, asumiéndose Césares en el circo romano de la Asociación Rural  Argentina.
Gallardos, viriles, empeñados jinetes  criollos henchidos de fervor  nacional arremetieron blandiendo sus rebenques contra un grupo de pibas veganas que alzaban sus pancartas proclamando su filiación.
Constituyó un ejercicio de tortura colectiva y al aire libre.
Pero no fue, eso, lo peor. Lo execrable lo instituyó la circunstancia de que la platea, encendida de pasión redentora, alentara a los hidalgos representantes de la Rural al grito de ¿Lonja!¡¡ Lonja!
Imaginamos a Patricia, en ropa de fajina,  siguiendo las exteriorizaciones desde su plasma, restregando sus  manos de puro gozo.
Sirvan estas desordenadas líneas como pretexto para promover expectaciones con más enjundia  y  rigor. Tentativas propensas a   elevar la puntería en el análisis de esta  espiral de violencia que se internaliza, como  predominio de esa   terrible fuerza, al decir de Gelman, infatigable    y mortal: la de la costumbre.


………
jcp
setiembre8 de 2019

ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...