Es jueves y atardece,
jueves de ronda
y es otoño.
A la hora de estas líneas todavía perseveraba en la avenida San Martín, frente al Juzgado Federal, un grupo de manifestantes auto convocados para ratificar su apoyo al juez que no vacila en levantar las banderas de dignidad y coraje ante el hedor que emana desde el Poder Judicial.
Fue una concentración que tonifica la memoria y vuelve a interpelar a las conciencias cívicas. Ni tantos ni tan pocos, como decían nuestros abuelos. En términos históricos, en las coordenadas fundantes de la patria, los suficientes.
No está en debate el factor cualitativo, pero el elemento cuantitativo desvela, preocupa y obliga a repensar las estrategias de articulaciones futuras.
“Barajar y dar de nuevo, ganarle la partida al as d bastos”
El ciudadano, que le debe a la escuela pública, buena parte de lo que es hoy se refugia en un recuerdo que proviene de esa etapa. A medida que responde y replica los abrazos y palmadas de una cofradía fraguada en la calle, acude a su memoria la fábula del colibrí, que acaso explique y vigorice cada una de las presencias de esta tarde.
Ahí va:
Alguna vez se desató un voraz incendio en la fronda y allí acuden, prestos a sofocar las llamas que comprometen su hábitat, los hombres y mujeres con sus tinajas, los niños con sus jarros. Los animales acarreando los toneles y hasta un minúsculo colibrí con una gotita de agua albergada en su pico.
Alguien, acaso con sorna, o tal vez invadido por la incredulidad, inquiere sobre la eficacia de la acción.
Yo –contesta el colibrí- hago mi parte…
La memoria es un tatuaje del alma. Se lleva en la conciencia y obedece a sus dictados. Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela lo que somos. Testimonio para presentir destinos y decidir qué haremos
martes, 7 de mayo de 2019
viernes, 26 de abril de 2019
¡Volver a Gutraché!
Cómo no aceptar el convite bardino.
Cada vez que suenen los acordes de una cantata nacerá una reminiscencia por la Región Rubia, y su estandarte. Toda ocasión en que , se alce un pregón o cierre un puño por los expulsados de la Mapu. Cada vez, decimos, que un cauce se sepulte, con su secuela de hambre y sed, comparecerá Guillermo Herzel, su obra en ristre, como aquel caballero Campeador , redivivo, inquiriendo qué somos, para indagar qué hacemos por el patronato de un destino común. Que asiente sus reales, eterno e inexpugnable , en el definitivo Ministerio de los Buenos.
(fragmento de la cantata Canciones de Contraolvido, interpretada por Hila Alvarado y Martín Mansilla)
lunes, 25 de marzo de 2019
El tamaño de la memoria
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| Juan Carlos Pumilla-Raquel Barabaschi-Maxi Corroinca (alegato final de JuanCarlos Pumilla en el jucio Subzona 1.4 desarrollado en La Pmpa durante 2017 a 2019) |
EL TAMAÑO DE LA MEMORIA
Agradecemos al tribunal, que nos haya permitido expresarnos y bienvenida la objeción, porque permite vigorizar un derecho.
Quiero asociarme a los agradecimientos que en el inicio formuló nuestro compañero Franco Catalani, y los hago extensivos, a la militancia, a mis afectos, a mis vecinos y a esa pajarería de alumnos de institutos secundarios que durante todo el año poblaron esta sala y que nos reconcilian con el futuro que nos merecemos y proponemos. Presencias que al mismo tiempo ponen al descubierto notorias ausencias de protagonistas centrales del proceso democrático.
Lo he dicho en otros foros, pero tengo la necesidad de ratificarlo aquí: ha sido un honor participar de estas audiencias junto a ese enorme ejemplo de dignidad y lucha que es Raquel Barabaschi y también me siento congratulado de estar en compañía de los demás querellantes, de compañeros del movimiento de derechos humanos y otros con los que nos unen un largo itinerario de luchas y banderas.
Un agradecimiento muy especial, primero por la fraternidad y sus enseñanzas y luego por su solvencia y compromiso cívico, mis queridos amigos Franco Catalani, Miguel Villagra, Maxi Corroinca y Juan Resia. Gracias a ellos hemos llegado a hasta esta instancia, y ahora podemos decir, con mucha seguridad, que hubo un plan, y un procedimiento sedicioso para reforzarlo; el botín fue la república.
Edgar Morisoli en su imprescindible poema “Patria de doce rejas”, la califica como “solar de desconsuelos…”
En ese solar no es ajena la palabra genocidio, porque ya padeció otro en las postrimerías del siglo XIX e ilustro tan sólo con un ejemplo, Napoleón Uriburu, que da nombre a una localidad del noreste pampeano, comandante de la frontera sur, es el precursor de la guerra bacteriológica, cuando decide liberar y enviar prisioneros infectados de viruela a las tolderías del cacique Purrán.
Quizá Uriburu haya aprendido este procedimiento de su jefe en la guerra canalla de la Triple Alianza, Bartolomé Mitre, que consiente que se arrojen cadáveres coléricos a las aguas de los ríos paraguayos para diezmar la población de aguas abajo.
¡Ciento cuarenta años!, los mismos objetivos y las mismas consecuencias. Crímenes tremendos, y crímenes imperceptibles, ayer y hoy; entre ellos uno muy singular; el asesinato de la realidad a manos del relato de esa realidad..., de manera tal que haya perseverado hasta estos días la falacia de “desierto” a las campañas punitivas, que al plan de expolio se lo llame “Doctrina de la Seguridad Nacional” que todavía …, pululen por ahí los exégetas de la Teoría de los Dos Demonios o que se filtre, como ha acontecido en estas audiencias, el discurso de la isla de paz.
La isla es La Pampa.
Miki Villagra la describió en su primera intervención: un territorio de ciento cuarenta y cuatro mil kilómetros cuadrados, el grueso de su población recostado sobre la franja de ese trapecio noreste- sureste, donde en los setenta la población urbana no superaba los 80.000 habitantes. En este territorio, las redes camineras siguen la lógica de las antiguas rastrilladas, y los caminos vecinales son tributarios de esas redes, de manera que con el sólo control y fiscalización de la ruta 55, de la 35, de la 5, de la 152, era posible tener un control absoluto de ingresos y egresos, consecuentemente un dominio total de lo que sucedía en estos confines.
Aquí, en lo que en estas audiencias se ha denominado como “ la zona verde” del país. ya Franco refutó ese concepto consignando un esbozo de crímenes tremendos. Voy a insistir en ese detalle con algunas precisiones al sólo efecto de crear una plataforma para un eventual tercer juicio y a manera de desafío intelectual para quienes siguieron estas audiencias por la red de UTELPA por internet, para ver si es posible discernir, localizar cómo se conjugan los cuatro factores que confluyen, que se iluminan en la consideración de la doctrina Roxin tal cual lo describió nuestro amigo Juan Resia: dominio, fungibilidad, ficción normativa,y operatividad.
Los dos primeros crímenes de La Adela, los ingenieros Riganti y Pradanos fueron traídos desde Bahía Blanca seguramente a través de la ruta 22, que tiene sus inconvenientes porque como une el puerto con Río Negro y el sur con Chile, estaba sometido a muchos controles, pero quizás hubo placet para el traslado porque el otro camino posible implicaba una mayor distancia a través de la ruta 35 y además otro control el del puesto caminero de Arauz. Riganti y Pradanos fueron traídos a un predio que está cercano a la Estación Gaviotas de La Adela, y luego acribillados a balazos con armas de diverso calibre. O sea, más de dos ejecutores y posiblemente más de un vehículo. Más tarde se colocó entre ellos un pan de trotyl para desaparecerlos.
Hubiera pasado como un crimen aislado si con una diferencia de días no se registrara otro asesinato de idénticas características; el hallazgo en un predio cercano de otro hombre asesinado con la misma metodología. Al que luego de una pericia policial se decidió su sepultura a falta de otros elementos científicos, como el ADN, que facilitarían su identificación.
De manera que hay un asesinado en La Pampa del que desconocemos su filiación. Tal vez por poco tiempo porque hace menos de dos meses Víctor Giavedonni junto a compañeros del Movimiento de DDHH se trasladaron hasta La Adela y pudieron detectar al hombre que le dio sepultura y está dispuesto a dar su testimonio. El testigo recuerda el lugar donde se efectuó esa ceremonia.
Pradanos, Riganti y este hombre; uno es casualidad, otro es coincidencia, pero tres es un elemento que conforma un sistema. Y esta apreciación se fortalece con la exposición de Maxi cuando nos descubre que además de La Adela, su comisaría, fue centro de detención y en sus adyacencias centros de torturas.
Se podría decir que todo esto es conjetural, pero es la conjetura el último resquicio que nos queda, habida cuenta de la vigencia del pacto de silencio y de impunidades.
Sigamos el repaso:
Dos crímenes más en las cercanías de Miguel Cané, entre Cané y Quemú Quemú. El matrimonio Pérez Cubas. Fueron secuestrados en Rosario y asesinados en ese lugar. Había mucha actividad esa noche porque transcurría un baile en Relmo, lo que ciertamente originó algunas desprolijidades, porque el coche pretendió primero ser volcado pero al no lograrlo, lo quemaron, ese Fiat permaneció junto a un galpón durante mucho tiempo en el destacamento 101 con asiento en Toay. Para llegar al sitio del siniestro debe haber atravesado los rigores del puesto caminero de Catriló hasta comunicar con la ruta 1. Como secuela de ese crimen permanece desaparecida Ilsa Clotilde Mora, otra secuestrada que se suma a la estadística de infinitos secuestros en La Pampa de distintas intensidades. Recordemos sino el secuestro extorsivo al que fue sometido Eladio Rodríguez de Victorica. O este otro caso aun no profundizado y que demuestra los mecanismos aceitados de la coordinación represiva. Se trata del sindicalista tucumano radicado en esos años en Santa Rosa, Florencio Villafañe. Vivía en el primer monobloque de la calle Padre Buodo y fue detenido a pedido de la autoridades de aquella provincia. Fue arrestado el 2 de noviembre de 1976 y estuvo en esta capital hasta marzo de 1977 en que fue llevado a Tucumán. En esa provincia estuvo preso hasta octubre de 1978. Y no podemos soslayar entonces la consideración de otros de mucha elocuencia como lo es es el secuestro y tortura de la Bióloga Graciela Gau. Graciela está mencionada en el testimonio del doctor D Astolfo porque fue una de las amenazadas por un anónimo en el Servicio Provincial de Salud.
Vivía en el barrio de casas oficiales lindante con la academia de policía. Un día una patota ingresó en su domicilio en octubre de 1977 y, delante de sus hijos, se la llevó. Apareció en la Cacha. La Cacha es un campo de concentración en las afueras de La Plata, que lleva ese nombre por la bruja Cachavacha, aquella que hace desaparecer todo lo que agarra. Estuvo allí diez días encapuchada hasta que otra prisionera le levantó la capucha y vio donde estaba. Por razones que no se explica al cabo de ese término fue liberada. Para entonces ya sabía que había sido asesinada su hermana, su cuñado. Dejando huerfano al hijo de ambos que luego ella crió. Fue casi arrojada en las proximidades de la terminal donde pudo tomar un micro que la condujo a La Pampa; en realidad, hasta Catriló. Porque el eficiente control de Catriló no la dejó pasar indocumentada. De manera que tuvo que explicar su situación hasta que consiguió regresar a su domicilio en Santa Rosa, distante a 80 metros del domicilio de Baraldini. Insisto con los crímenes pues resulta inevitable recordar el asesinato de los jóvenes albañiles sindicalista, Fortunsky y Vázquez, este último mencionado en el testimonio de Mengui. Un guardia del Juzgado Federal los acorraló en proximidades de la casa de gobierno y los acribilló, sumando dos nuevas víctimas a una lista en la que ya figuraba el homicidio de Santiago Pomphile, productor agropecuario y ex intendente de Ingeniero Luiggi.
Todos estos casos formaron parte de una primera denuncia que en nombre del Movimiento de DDHH presentamos junto a Horacio Maldonado en junio de 1984 ante la opinión pública y la justicia Federal. De manera que hoy se cierra un ciclo importante para mi y para la consideración del tema en La Pampa. Me siento comprometido a recordar a quienes no están y apoyaron la presentación de esa denuncia de cuya edición se encargó la legislatura provincial, empezando por María Tartaglia, Horacio Maldondo, el doctor Mauricio Knobel y su señora de General Pico, el doctor Benigno Perrota, Olga y Fernando Molteni, Hugo Fornasari, Vladis Rivero, Matile Alonso tía de Juan Carlos Andreotti. Menos mal que todavía permanece encendida la llama que atesoran con tanta firmeza Celia Korsunsky y Muruma Lucero.
A esos compañeros debemos sumarle otras ausencias entrañables que hoy están aquí, acompañándonos, amigos, luchadores sociales, compañeros, camaradas, comenzando por nuestra compañera de querella Elida Rodríguez Jara, siguiendo por Lalo Tartaglia, Julio Mata, Moisés Korsunsky, Nicolás Acosta, Raulito D’Atri, Ricardo di Nápoli, Adrián di Santo, el Cholo Covella, Pepe Mendizábal, Stella Barrios, Samuel Bertón, Américo Pracilio, Miguel Angel Gómez, el poeta.
¡Hemos vivido en duelo durante cuatro décadas!
Y en estos diez últimos años, lo que va del juicio de 2010 hasta ahora, le sumamos más de cien testigos y víctimas fallecidas. Una estadística que relativiza el concepto de justicia.
Y a ello, debemos sumarle nuestros desaparecidos, los cincuenta y pico de compañeros que enumeró Miguel Villagra en su primera intervención; ya están consignados pero quiero insistir en ello porque en muchos de los casos refutan el concepto de ajenidad de La Pampa en sus desapariciones y en otros está comprobado que desaparecieron como producto de esta redes de inteligencia locales.
Bueno, ahí está Oscar Di Dío sentenciado por Pedro Vergez, el creador del Comando Libertadores de América, Emilce MagdalenaTrucco, perseguida por Amarante y aparecida calcinada en el baúl de von Wernic. Mario Frigerio asesinado en Rosario. El fiscal Pedro Perotti intervino para su traslado a La Pampa, luego de cobrar una suculenta suma por la gestión. Ya hemos hablado en nuestra primera intervención en este juicio de los casos de Lucía Tartaglia y de Sergio Korsunsky que evidencian el andamiaje, la gestión local en sus desapariciones. Lo sumamos a Carlitos Davit comprendido en un informe de las agencias de inteligencia del sudeste de La Pampa que luego aparece colgado en el puente de Bahía Blanca. También los casos de los primeros detenidos, en la represión en La Pampa, Elena Alfaro fichada por la Policía Federal y esa ficha fue precursora de su calvario en el campo de concentración el Vesubio. Y Antonio Quispe que por esa panfleteada luego es asesinado.
(...)Y de ese contexto ya hemos celebrado aquí la recuperación de la nieta 125 pero nos queda pendiente otra deuda, que es la hija, hijo, hije, de María de las Mercedes Gómez y Juan Carlos Orzacoa, deuda que se impone ante nuestra propia dignidad como un compromiso de vida pero también para la dignidad de la provincia de La Pampa. Debe ser recuperada ¡ahora! porque aún está viva una abuela que lucha y espera, Nélida De Cristófano.
(...)
Por una de esas rimas del cosmos cuando el tribunal nos informó que se aproximaba el tiempo de los alegatos, llegó a través de amigos a nuestras manos un texto de la poeta española Marisa Peña, que es probable que esté siguiendo esta audiencia por la red. En uno de sus versos Marisa sostiene que “…la sombra de la memoria también es alargada…”. Se refiere a esa memoria que nos identifica y que nos representa. La memoria de la cual extraemos sus contenidos emancipadores y la memoria sin la cual no existe el acto de justicia, la memoria como redentora de la historia. Pero además porque la desmemoria sumada a la impunidad ha sido el caldo de cultivo de las grandes atrocidades de nuestro pasado. Elijamos un límite temporal y aparecerán nombres y apellidos prototípicos, desde Joaquín Penina a Rafael Nahuel. Desde Felipe Vallese a Santiago Maldonado, pasando por ese horror de la historia nacional que es el bombardeo a Plaza de Mayo cuya impunidad fue consagrada por el célebre abrazo del almirante Rojas con el presidente Carlos Saúl Menem.
Podemos hablar de la memoria desde otro ángulo tal como nos enseñó nuestro maestro y amigo Ricardo Nervi al regreso de su exilio en México. Hay una versión literaria de Eduardo Galeano sobre la misma historia pero nos gusta contarla tal como la escuchamos desde nuestra juventud. Contaba, Ricardo acerca de una ceremonia que cultivan culturas ceramistas de América central, el alfarero maestro anciano al que ya no le dan las fuerzas para alzar una pieza, decide delegar su tarea y elige el jarrón mejor bruñido, el más sonoro, el mejor templado y se lo entrega al que va a ser su sucesor, el que lo recibe no lo guarda en un estante, lo arroja al suelo y se muelen los fragmentos. Es con esos restos que realiza la argamasa con la que levanta una nueva pieza.
Esa es la memoria que nos gusta, la que sirve para construir cosas nuevas. En esa memoria nos refugiamos, con esa memoria nos defendemos, con esa memoria avanzamos al porvenir para poder establecer cuál será la longitud de la sombra de la justicia.
Desgrabación: Daniela Naveiras – Roberto Rekofsky. Del audio facilitado por UTELPA Santa Rosa.
Fotos: Dagna Faidujtti
viernes, 15 de marzo de 2019
Apuntes para un alegato
Texto preliminar de base para la descripción del contexto histórico. Fundamentos de la querella presentados en el sel Juicio Subzona II, desarrollado en SantaRosa La Pampa, desde agosto de 2017 a la actualidad.
Foto Dagna Faidutti.............................
docs.google.com/document/d/19dhlQtQ_v6Seu_IW1jm-uBhPTT0H_qhQ/edit
miércoles, 2 de enero de 2019
Cachito
Acaso su propia percepción, sumado a un creciente rumor que se dilataba en una de las prisiones de Bussi, le anticiparon que iba a ser ejecutado por la mañana.
Persuadió al guardia que apagara la luz del pabellón y dedicó el resto de la noche a cubrir de saliva su cuerpo hasta que la urgencia, sumada a la delgadez de los encierros y tormentos, facilitaron que se deslizara desnudo por uno de los tragaluces.
Contra sus pronósticos, no cayó a la calle sino a un patio interior. De modo que, tras vestirse, tuvo que escalar un muro para terminar más tarde en una vereda que aguardaba la luz inmigrante del amanecer.
Maldijo su mala suerte cuando por la esquina dobló un patrullero. Lo socorrió su instinto y la ficción de una naturalidad que el argentinismo admite: comenzó a orinar contra el muro como un peatón librando libaciones y así lo hizo mientras que el falcon se perdía en la oscuridad.
Luego corrió, una dos quién sabe cuántas jornadas. Se refugió en una cueva con la fortuna de que un linaje puestero le diera cobijo y cayó desmayado. Una semana entera hasta que despertó articulando un agradecimiento, ingerir un mendrugo y retornar a su destino de combate contra el régimen.
Desgranó el episodio una noche de desvelos y planificación apenas amanecida la democracia y los chicos, que habían seguido el relato con una mezcla de emoción y admirado respeto, lo encumbraron –persiste al día de hoy- a la galería de héroes familiares. Hicieron algo más: adoptaron como su menú preferido salchichas estalladas por el hervor que Cachito había cocinado con esmero esa noche y, que al parecer, era su mayor logro gastronómico. No nos sorprende, teniendo a su lado a una compañera de acero, acostumbrada a alimentar la militancia en los parlamentos con guisos tan sabrosos como nunca más hemos saboreado.
Hasta aquella noche Cachito no era tal sino El Pelado con que lo conocimos en los finales de la dictadura de Lanusse en un colmado congreso de la Fuerza Revolucionaria Antiacuerdista (FRA) a la que asistimos, pletóricos de energía e inocencia, para solventar la consigna de “ni golpe ni elección: revolución”.
El Pelado subió al estrado, el mismo mameluco con que esa noche lo habían liberado de una más de sus prisiones, logrando encandilarnos con un discurso plausible, vigoroso, insuflado de esperanza en la naturaleza revolucionaria de la clase trabajadora. Fue una pieza oratoria que, los escasos concurrentes pampeanos que sobreviven, la recuerdan con respeto y una cuota de nostalgia.
Volvimos a encontrarnos en la clandestinidad a que nos arrastraban las claudicaciones del gobierno de Isabelita y el creciente accionar de las Tres A. Para entonces nuestro camarada, Raulito DAtri ya era prisionero. El encuentro fue en una ignota parcela de la serranía cordobesa que Roberto Cristina cerrara aludiendo que una de sus principales conquistas había sido ejercer el objetivo de la crítica y la autocrítica y la determinación de parar, ocupar y luchar ante el preanunciado golpe de Estado.
Roberto había amparado su juicio apelando a un fragmento del libro de Ignacio Ezcurra, el único periodista argentino muerto en Vietnam, en el que el cronista narraba con descarnada elocuencia cómo se habían comportado las milicias del Vietcong tras las cruentas batallas que los propios invasores, para graficar la cantidad de cuerpos masacrados, habían denominado “la colina de la hamburguesa”.
En aquella ocasión Elías Seman dejó impregnado una lección de su portentoso magisterio militante explicando cómo una política de masas, aplicada en la práctica, produce cambios portentosos. Cachito nos regaló luego la segunda lección de esa catequesis plebeya que lo identifica. Tuvo la generosidad de repasar palmo a palmo las conclusiones didácticas de esa maravilla teórica que es “La bancarrota de la segunda Internacional”.
Sabemos, por los comentarios de la compañera Susana, que el hombre que hoy celebra un nuevo nacimiento, ha sido prolijo y eficiente en aplicar esas doctrinas que advierten sobre los riesgos que el proletariado corre cuando se deja subyugar por el pregón de la burguesía.
La misma voz de alerta que desplegara en el congreso partidario desarrollado en la sede de Smata de Córdoba enfatizando la necesidad de ponerle más leninismo al marxismo.
A esta altura de este texto -elaborado en las postrimerías del 60 aniversario de la revolución cubana- cobra aliento la certeza de la imposibilidad de agotar una semblanza sobre un luchador. Un gudari argento que ha pasado la mayor parte de su vida en la clandestinidad logrando, al mismo tiempo, hacerse visible solo para los trabajadores.
El que sostuvo, custodiando la soledad flagelada del Ñato Geller, desafiando agorerías, a los Benzi y sus traiciones, al Vesubio y sus sacrificios, que “el partido no se rinde”
Emilio, Beatriz, Ana, Ernesto, Raúl, Roberto, Osvaldo, Rubén Bebel, Mauricio, Mario, Colores, Raulito, Ricardo y tantos más. Desgarros del imperio del Leviatán. Menos mal Cachito y sus sobrevidas.
Se nos ocurre que lo más certero y adecuado es propiciar, ahora sin dilaciones, ese precepto que Bradbury estampara en su Faeheit 451. Es decir, que cada uno de los que lo frecuentaron se adjudique un fragmento de su experiencia al conocerlo y, de modo coral, se vaya construyendo un fresco colectivo que contribuya, no solo a dimensionar la enorme estatura de un gladiador sino también el magistral aporte de su ejemplo.
En esa eventual recopilación resulta ineludible una consideración de Héctor como soldado de un objetivo supremo, salvando todo lo que se pudiera restañar tras las furias del Vesubio, fraguando lealtades y construyendo nuevas utopías.
_El del abrazo apretado y la sonrisa contagiosa. De los consejos sabios,del pregón latinoamericanista y el puño en alto. Larga vida al señor de la unidad y el estandarte alzado.
Héctor, Cachito, el Pelado, ese hombre que hoy celebramos .Agradecidos por su coraje y lealtad. Por habernos allegado ese precepto proveniente desde tan lejos, que preconiza que debemos confiar en nuestras propias fuerzas. Por hacernos visible la herramienta desde donde germina el poder. Y algo más: tal como el cóndor que al saberse ciego adopta el camino de la muerte, por instruirnos acerca de que solo existe una sola manera de vivir: con los ojos abiertos, las alas desplegadas, buscando insobornable y obsesionado, las mejores térmicas para volar en libertad.
lunes, 17 de diciembre de 2018
miércoles, 12 de diciembre de 2018
Un arma cargada de futuro
UN ARMA
CARGADA DE FUTURO
Todavía perseveran, en los socavones de la UNLPam, los ecos de la apertura de la muestra fotográfica “No fue una isla”. Auspiciada por esa casa de estudios. Fue, entre otras cosas, una manifestación de coherencia institucional habida cuenta que la universidad se ha constituido en querellante en el segundo juicio a los represores de la Subzona 1-4.
Un buen sitio, por su carácter propiciador de ideas y debates, para desafiar al dogma y sostener que una imagen puede ser generadora de mil palabras. Turgueniev respiraría aliviado.
La exposición, que permanecerá abierta el tiempo necesario para que toda la comunidad académica, o el ocasional público que asista al aula magna, ingrese o reinicie un contacto con estos inquietantes documentos de las audiencias. Sesiones en las que se juzga a los autores de las articulaciones más atroces que se puedan concebir en el plan genocida que, ciertamente, involucró a la academia de manera directa.
Dagna, Paula , Ceci, Milton y Adrián, los autores, perpetuaron en sus registros relámpagos intensos de las audiencias captando rostros, situaciones, gestos que repugnan, duelen o estremecen. Víctimas y victimarios habitando, tal cual el escueto recinto del Colegio de Abogados, el mismo espacio, frente a frente, en un extraordinario recorte de un momento histórico que preserva para el futuro una didáctica de la memoria.
Porque estas fotos, que parten de una matriz creativa, que se dilata más allá de la técnica o la apertura del diafragma, perforarán el prevenir abriendo paso a una refutación que la propia manifestación lleva por título.
Se trata de una contribución sustancial de arte propensa a aniquilar la neutralidad y el descompromiso. Porque cada detalle, ángulo, cada elección de color, revelan una opción ideológica que torna a estos fotógrafos en militantes de una de las causas más nobles a que pueda aspirar el ser humano: la verdad.
Búsquedas graficas de un año de sesiones que se dilatarán en el nuevo trimestre. A lo largo de este lapso, hemos sufragado – querellantes, empleados del TOF y la fiscalía, periodistas, componentes de los grupos de asistencia- una fraternidad que las exteriorizaciones de emoción y gozo volcadas a los artistas esta mañana, confirma y nos proyecta hacia la posteridad impregnados de esperanza.
Quienes hemos tenido la fortuna de convivir y trabajar junto a maestros de la imagen como el Gringo De Pian, Joaquín Rodríguez, Horacio Echaniz, Eduardo Pérez… percibimos en la presentación de la jornada que su legado se salvaguarda y enriquece con estas miradas tan comprometidas, tan jóvenes. Observaciones a través de las lentes que catequizan a las cámaras en una herramienta de combate. Una exteriorización (gracias GabielCelaya) cargada de futuro.
sábado, 1 de diciembre de 2018
Indispensable vecindad
| Juan Carlos Pumilla - Raquel Barabaschi |
Anoche, en una ceremonia pletórica de emoción, junto
aRaquel Barabaschi, hemos sido objeto de
un reconocimiento en el Concejo Deliberante deSanta Rosa por nuestro quehacer
en el campo de los derechos humanos. . Fue una postulación de luchadores
sociales y representaciones del campo popular que centralizaron en nosotros un
abrazo institucional que pertenece a un inmenso colectivo que cada jornada suma
una cuota de lucha por la defensa de las libertades y la condición humana. En
el acto también fueron distinguidos vecinos y organizaciones que con su quehacer nos hacen la vida más llevadera y
bella. Recibimos nuestros diplomas sabedores del compromiso que encierra y gratificados
por la presencia de infinidad de rostros
amigos. Anoche, todos, hemos dado un
paso más consolidando una fraternidad inexpugnable con la que avanzamos
con mejores perspectivas hacia la conquista de un futuro distinto y mejor.
jueves, 8 de noviembre de 2018
Un miserere por la parda
![]() |
| Maria Remedios del Valle |
mujeres
....................................
Imprecisiones de la historia consagran la primera injusticia. Nació en 1766 o 1767 y murió, según el mismo rigor documental, a la edad de 78 a 81 años, entre el 28 de octubre y 8 de noviembre.
María Remedios del Valle Rosas, su nombre atraviesa las tinieblas de la memoria en estos días en que la crónica cotidiana relata incertidumbres locales y hemisféricas y aflora por doquier un pregón segregacionista en ascenso difícil de torcer.
Acaso conociera por vez primera a quienes residían en las antípodas de estas lucubraciones pichettas. Moreno, Belgrano o Castelli, (el primero recién llegado de Sucre) en las decisorias jornadas de resistencia a la segunda invasión inglesa en estas costas. Todavía no lo sabía, pero ya entonces era una de las mujeres fundantes de la patria.
Un lacónico parte de guerra la ubica en los Corrales de Miserere, junto al Batallón de Castas en que militaba su marido, resguardando los pertrechos, arcabuceando, aliviando heridas.
Más tarde, junto a su esposo y dos hijas se enlistó como enfermera en el Ejército del Norte. Huaquí, Ayohuma. Éxodo y derrotas fraguaron su temple que no pudo ser doblegado por nueve días de azotes con que el invasor la castigó por su rebeldía . Su piel fue América y la espalda el mapa de sus ríos indomables.
Fue en la pampa de Ayohuma donde se consolidó el mito. Ella y sus niñas, tres muchachas sorteando atascaderos, entre las trincheras, para salvar vidas, ofrecer consuelos, cavar las tumbas.
Niñas de Ayohuma abriendo surcos, penetrando laboriosamente en los manuales escolares, gestando postulaciones para futuras emancipaciones color verde.
Nadie sabe cómo pudo retornar a Buenos Aires, mientras la estela de su leyenda flameaba testaruda en las estribaciones de Potosí, en las riberas escarlatas del Desaguadero.
Llegó sola con sus desgarros, acarreando tres laceraciones espirituales en su corazón, compelida a desandar el nuevo siglo guerreando contra la indigencia y el olvido. ¡ Pobre parda!, tan triste, tan desguarnecida, acosada por ese designio ominoso heredado de Vilcapugio.
Viamonte la reconoció, lustros más tarde, conviviendo con la soledad en las inmediaciones de la Plaza de la Victoria.
Mendiga de las calles. Recolectora de las sobras en las trastiendas de la Recova, fue convertida en Madre de la Patria por un edicto remiso, una mitigación desvaída por el tiempo, que a duras penas pugna contra las impiedades de la desmemoria.
....................................
Imprecisiones de la historia consagran la primera injusticia. Nació en 1766 o 1767 y murió, según el mismo rigor documental, a la edad de 78 a 81 años, entre el 28 de octubre y 8 de noviembre.
María Remedios del Valle Rosas, su nombre atraviesa las tinieblas de la memoria en estos días en que la crónica cotidiana relata incertidumbres locales y hemisféricas y aflora por doquier un pregón segregacionista en ascenso difícil de torcer.
Acaso conociera por vez primera a quienes residían en las antípodas de estas lucubraciones pichettas. Moreno, Belgrano o Castelli, (el primero recién llegado de Sucre) en las decisorias jornadas de resistencia a la segunda invasión inglesa en estas costas. Todavía no lo sabía, pero ya entonces era una de las mujeres fundantes de la patria.
Un lacónico parte de guerra la ubica en los Corrales de Miserere, junto al Batallón de Castas en que militaba su marido, resguardando los pertrechos, arcabuceando, aliviando heridas.
Más tarde, junto a su esposo y dos hijas se enlistó como enfermera en el Ejército del Norte. Huaquí, Ayohuma. Éxodo y derrotas fraguaron su temple que no pudo ser doblegado por nueve días de azotes con que el invasor la castigó por su rebeldía . Su piel fue América y la espalda el mapa de sus ríos indomables.
Fue en la pampa de Ayohuma donde se consolidó el mito. Ella y sus niñas, tres muchachas sorteando atascaderos, entre las trincheras, para salvar vidas, ofrecer consuelos, cavar las tumbas.
Niñas de Ayohuma abriendo surcos, penetrando laboriosamente en los manuales escolares, gestando postulaciones para futuras emancipaciones color verde.
Nadie sabe cómo pudo retornar a Buenos Aires, mientras la estela de su leyenda flameaba testaruda en las estribaciones de Potosí, en las riberas escarlatas del Desaguadero.
Llegó sola con sus desgarros, acarreando tres laceraciones espirituales en su corazón, compelida a desandar el nuevo siglo guerreando contra la indigencia y el olvido. ¡ Pobre parda!, tan triste, tan desguarnecida, acosada por ese designio ominoso heredado de Vilcapugio.
Viamonte la reconoció, lustros más tarde, conviviendo con la soledad en las inmediaciones de la Plaza de la Victoria.
Mendiga de las calles. Recolectora de las sobras en las trastiendas de la Recova, fue convertida en Madre de la Patria por un edicto remiso, una mitigación desvaída por el tiempo, que a duras penas pugna contra las impiedades de la desmemoria.
Valga, en estas efemérides inciertas, menguadas por el Reino de la Vorágine, para la enfermera parda del bueno de Belgrano, señora capitana de mil batallas, esta elegía.
MARÍA DE AYOHUMA
María de los Remedios
quién lo diría
tu sombra crece en los llanos
de la porfía
quién lo diría
tu sombra crece en los llanos
de la porfía
Cuando la historia cante
sobre tu vida
no quedarán cantores
que no la digan.
sobre tu vida
no quedarán cantores
que no la digan.
María Remedios, parda
con tus dos niñas
Venciste en Tucumán
pampas de ira.
con tus dos niñas
Venciste en Tucumán
pampas de ira.
María de Valle Rosas
en Ayohuma
arde la patria mestiza
pura bravura.
en Ayohuma
arde la patria mestiza
pura bravura.
Cuando la historia cuente
de las batallas
tendrá que sumar también
tus cicatrices
de las batallas
tendrá que sumar también
tus cicatrices
La Niña de Ayohuma
tan silenciada
Le sobran los honores
en las ranchadas.
tan silenciada
Le sobran los honores
en las ranchadas.
Nueve días de azotes
por tu bravura
¿podrá el olvido acallar
La desmesura?
por tu bravura
¿podrá el olvido acallar
La desmesura?
Muchacha del Valle, triste
fue tu destino
leudan por ti estas coplas
de contraolvido.
fue tu destino
leudan por ti estas coplas
de contraolvido.
jueves, 1 de noviembre de 2018
Elogio del escrache
![]() |
| Luis Baraldini- registro Cecilia Fotos |
En el corazón del perenne movimiento independentista catalán comenzó a latir, sin precisiones de tiempo y lugar, un nuevo vocablo para expresar la indignación popular. La voz “scratch” floreció un buen día y se quedó a vivir hasta ahora. Alguna vez, cuando el viejo Merlí recale por estos pagos, le preguntaremos si es cierto que su origen viene, precisamente de ese solar de impiedades que por allí, cada tanto, acostumbran llamar “las colonias”.
En el Perú, “le dicen El Roche” y En Chile “Funa”, viene dena voz mapuche que alude a algo que se pudre.
Aquí la Agrupación Hijos la tomó prestada del lunfardo e inauguró sus acciones de denuncia sobre el paradero de los apropiadores convocando a localizar a los autores de la última villanía cívico militar.
En la madrugada del lunes su mención cobró vigor porque un atento y enérgico grupo de militantes de derechos humanos decidió no dejar pasar por alto las prebendas de que goza Luis Enrique Baraldini a contrapelo de su prisión domiciliaria consagrando una inequidad de graves connotaciones.
Esta acción motivó que el hombre, acaso el más conspicuo del plan represivo en La Pampa, luego de Iriart, por supuesto, estableciera una denuncia por agravios y perjuicios. Se añade la violencia, pero a nadie se le escapa que una vociferación es microscópica confrontada a una picana en el estómago o en la vagina o la rebelión carapintada.
Por el contrario, tiene sus connotaciones benéficas. Es una voz de alerta, una acción de salud pública que previene y repara.
Ignoró, el letrado que constituyó la acusación ¡en el fuero federal!, que el escrache es una actividad lícita mientras persevere una hilacha del Estado de Derecho. Porque alude a una manifestación popular de repudio e indignación en que sus propiciadores sólo persiguen el objetivo que la raíz del vocablo indica: sacar a la luz algo que se pretende ocultar, amplificar una denuncia no centralmente contra del sujeto que es objeto de la acción sino para alertar a sus vecinos de los peligros, significación, proyecciones que esa presencia corporiza.
Por otra parte, funciona de ida y vuelta. Lo saben muy bien los que han padecido las furias de la condena social.
Los griegos, que acaso fueron los primeros en acuñar un término que englobara el sentido íntimo, la enorme gravitación de su significación, la llamaron “Alétheia” y forzamos su inserción en este texto sólo por el placer de escribirla y por su sonoridad al escucharla.
La Pampa y Santa Rosa tienen un sazonado historial de escraches en los tiempos presentes. Todavía reverberan los ecos del botellazo por el Atuel frente a la Casa de Mendoza en Buenos Aires. Los dos últimos que recordamos se registraron en el curso de las masivas marchas contra el acuerdo del gobierno con el FMI y tuvieron, ante la ausencia de responsables visibles, las sedes de la UCR y Cambiemos.
La acción del escrache se agota en sí misma, no tiene ulterioridades aunque algunos, aviesamente pretenden concluir que su grado de convicción, volumen o firmeza reviste una connotación violenta.
Una estadística casera de los escraches en La Pampa concluye que sus consecuencias no son distintas en intensidad a las exteriorizaciones de bronca disgusto de un choque en la esquina o la reacción de la doce ante un arbitraje tarambana.
Hubo quienes, en el paroxismo de la interpretación, quisieron ver como feroz la estampada de huevos acontecida en ocasión de la visita del presidente a Santa Rosa. Soslayan, los del dedo admonitorio fácil, que un huevo estrellado contra el vehículo acorazado sólo podía herir orgullos y sus derivaciones son mucho menos perniciosas que un globo con agua lazado en las carnestolendas.
A fuer de sinceros debemos subrayar que sí hubo un escrache que culminó en bravata. Fue en el curso de aquella misma visita del presidente, en el acto organizado por los impulsores del PRO. Un representante de los pueblos originarios quiso iluminar la situación de ignominia que padece su comunidad y fue molido a golpes.
Celebramos los escraches como el corolario de una articulación ética del cuerpo social. Un gesto de dignidad colectiva, que enfrente al oscurantismo y sus exégetas. Necesario flujo de energía vecinal promoviendo claridad sobre circunstancias e individuos que lesionan y comprometen la aspiración de fundar una sociedad tan justa como nos merecemos.
Registro de Cecilia Fotos
Aquí la Agrupación Hijos la tomó prestada del lunfardo e inauguró sus acciones de denuncia sobre el paradero de los apropiadores convocando a localizar a los autores de la última villanía cívico militar.
En la madrugada del lunes su mención cobró vigor porque un atento y enérgico grupo de militantes de derechos humanos decidió no dejar pasar por alto las prebendas de que goza Luis Enrique Baraldini a contrapelo de su prisión domiciliaria consagrando una inequidad de graves connotaciones.
Esta acción motivó que el hombre, acaso el más conspicuo del plan represivo en La Pampa, luego de Iriart, por supuesto, estableciera una denuncia por agravios y perjuicios. Se añade la violencia, pero a nadie se le escapa que una vociferación es microscópica confrontada a una picana en el estómago o en la vagina o la rebelión carapintada.
Por el contrario, tiene sus connotaciones benéficas. Es una voz de alerta, una acción de salud pública que previene y repara.
Ignoró, el letrado que constituyó la acusación ¡en el fuero federal!, que el escrache es una actividad lícita mientras persevere una hilacha del Estado de Derecho. Porque alude a una manifestación popular de repudio e indignación en que sus propiciadores sólo persiguen el objetivo que la raíz del vocablo indica: sacar a la luz algo que se pretende ocultar, amplificar una denuncia no centralmente contra del sujeto que es objeto de la acción sino para alertar a sus vecinos de los peligros, significación, proyecciones que esa presencia corporiza.
Por otra parte, funciona de ida y vuelta. Lo saben muy bien los que han padecido las furias de la condena social.
Los griegos, que acaso fueron los primeros en acuñar un término que englobara el sentido íntimo, la enorme gravitación de su significación, la llamaron “Alétheia” y forzamos su inserción en este texto sólo por el placer de escribirla y por su sonoridad al escucharla.
La Pampa y Santa Rosa tienen un sazonado historial de escraches en los tiempos presentes. Todavía reverberan los ecos del botellazo por el Atuel frente a la Casa de Mendoza en Buenos Aires. Los dos últimos que recordamos se registraron en el curso de las masivas marchas contra el acuerdo del gobierno con el FMI y tuvieron, ante la ausencia de responsables visibles, las sedes de la UCR y Cambiemos.
La acción del escrache se agota en sí misma, no tiene ulterioridades aunque algunos, aviesamente pretenden concluir que su grado de convicción, volumen o firmeza reviste una connotación violenta.
Una estadística casera de los escraches en La Pampa concluye que sus consecuencias no son distintas en intensidad a las exteriorizaciones de bronca disgusto de un choque en la esquina o la reacción de la doce ante un arbitraje tarambana.
Hubo quienes, en el paroxismo de la interpretación, quisieron ver como feroz la estampada de huevos acontecida en ocasión de la visita del presidente a Santa Rosa. Soslayan, los del dedo admonitorio fácil, que un huevo estrellado contra el vehículo acorazado sólo podía herir orgullos y sus derivaciones son mucho menos perniciosas que un globo con agua lazado en las carnestolendas.
A fuer de sinceros debemos subrayar que sí hubo un escrache que culminó en bravata. Fue en el curso de aquella misma visita del presidente, en el acto organizado por los impulsores del PRO. Un representante de los pueblos originarios quiso iluminar la situación de ignominia que padece su comunidad y fue molido a golpes.
Celebramos los escraches como el corolario de una articulación ética del cuerpo social. Un gesto de dignidad colectiva, que enfrente al oscurantismo y sus exégetas. Necesario flujo de energía vecinal promoviendo claridad sobre circunstancias e individuos que lesionan y comprometen la aspiración de fundar una sociedad tan justa como nos merecemos.
Registro de Cecilia Fotos
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