miércoles, 23 de septiembre de 2015

Lorena

(postal de viaje)
LORENA
        
         “Era más fresca que el río…”
         Nos regaló una sonrisa al cruzar la calle Robertou Galli, a media cuadra del Herodion Nada más, un guiño generoso y plebeyo como prólogo de la pregunta suspendida en el aire. Un signo de interrogación fundado en horas inapropiadas y  esa minúscula verdulera de ocho bajos  abrazada a su pecho. Respondió  con mohín gracioso y  acarició las  teclas  inaugurando sortilegios con  apenas tres tonos que harían palidecer a más de un consagrado.
         Iba con otra niña, acaso su hermana mayor, flauta dulce y más encantos. Nuestro inglés Hupumorpo tan  solo condujo a vislumbrar la sospecha de  un nombre, Lorena, y usufructuar   melodías  que todavía nos acompañan.
         Ni siquiera intervino una  demanda, una alusión fundada en las  urgencias  del presente.
         Luego fue en la terraza  empedrada  que conduce a la Acrópolis, solita.
         Musitaba, cabeza abajo,  una canción melancólica  para un público ausente. “Dinatá, dinatá..!, es posible.
         Anochecía en el próximo encuentro. Demorado en las tres notas y una conversación frustrada en el acceso a Plakas.
         Refutadores de leyendas se detuvieron    en una teoría gestada en la misantropía. Por cierto, de todas las especulaciones  plausibles solo cabe  una consideración: una piba  y la calle.
         En esos días abundaron crónicas de chicos en las calles.
¡Ay, si estuviera Tejada…!
 Cuatro –según la aséptica contabilidad de un relator afónico-  en el interior de un camión abandonado en Austria. Otros que parecían dormir en una playa aciaga del Egeo. Cientos en Siria.  Víctimas, de omitidos victimarios, alimentando noticieros impiadosos y analistas  neutrales.     
Niños. Y niñas, para no contrariar a los exégetas de género.
         Sebastiao Salgado los retrató en las desolaciones de Ruanda y en las resolanas  de Sudán. Nick Ut  hizo lo mismo entre el humo  de una carretera  a Saigón tratando de evitar que  el olor acre del napalm turbara sus sentidos.
Iba tras ellos  Moamen Oreigea, al Este de Gaza, en su silla de ruedas.
         Estampas del Viejo Mundo.
         Lorena nos despidió  en silencio casi al amanecer de agosto al borde de la extinción. Otra palmada  y un ademán de adiós sin futuro.
         Un mínimo   coloquio,  porque su idioma  era inexpugnable y nuestra comprensión, atroz.

Cuando nos alejábamos rumbo al Pireo se nos antojó -por imperio de esos peregrinos jugueteos de la conciencia- que la señora Angela Merkel tampoco sabe griego. De ahí su dificultad para comprender  a niños como Lorena.

martes, 15 de septiembre de 2015

Procedimiento


         Cuando le sonreí se tranquilizó. Extendió su brazo sin alzar la vista Dije: “está bien, andate”. Examiné su espalda algo encorvada y me detuve en la nuca. Tenía una mancha de nacimiento. Apunté

(de la serie microrelatos de 33 palabras)

lunes, 31 de agosto de 2015

Tres mujeres



Postal de viaje
TRES MUJERES

(Gracias Mónica)

         Antes de partir exhortó a un amigo para que se internara en el monumental alegato de Viñas de Ira en la que John Steinbeck propicia una moralidad que los saciados de todos los tiempos resisten. En las páginas finales una mujer que acaba de perder a su niño amamanta a un anciano moribundo. El texto, tan bello como turbador, acaso haya acrecentado las ofuscaciones de ese tal  Eugene Mc Arthy que colocó a Steinbeck  en un lugar expectable de su miserable lista.
         Tres días  más tarde, en  las galerías del Museo del Prado, atravesadas centralmente por susurros alemanes y japoneses, una viajera llama la atención sobre una de las esculturas aledañas al sitio donde imperan  Las Meninas. Despertando un sinnúmero de emociones la figura de  Antonio Solá  interpela  y provoca. En “La caridad romana” una hija  visita a su padre condenado a morir y ofrece sus pechos para que se alimente. El anciano succiona mientras la muchacha, sabedora  de  las consecuencias de su acción vigila atentamente hacia el exterior de la celda.
         La escena genera más adhesiones que rechazos, es sobrecogedora e inquietante. Pero no constituye la única trasgresión. Hubo una, anterior, consumada   por el curador de la sala, que  ubicó la obra acompañando  lienzos de gran porte tal vez más conservadores y previsibles. ¡Bien por él!
         Esa noche, la alegría y desenfado sienta sus reales en la bulliciosa peatonal Montera. Mozas  encantadoras prometen porvenires venturosos recostadas en los árboles de los canteros medulares o en los umbrales de los negocios abundantes en neón y turistas.
         Una de las chicas repara en un anciano que ha subido la cuesta y  exhausto toma aire para recobrar aliento. Ella tiene ojos claros y cabellos  de miel. El  hombre es canoso y por sobre sus espaldas encorvadas asoma parte de una trenza que se va deshilachando sin remedio. Se alcanza a percibir un aro en el lóbulo izquierdo y esa mirada ceniza  que hemos visto en hombres  tristes.
La muchacha cruza la calle hacía él dilapidando fragancias y le musita algo en el  oído. El hombre inclina su cabeza y no responde. Ella insiste otra vez. Y otra, hasta que logra modelar el atisbo  de un mohín auspicioso   en su rostro. Sin intervalos  la joven lleva el dedo índice a sus labios lo  apoya en  una de las comisuras del viejo para  recorrer todo el itinerario de la boca hasta construirle un puente de saliva. Asoma, tímida,  una sonrisa. Él articula una palabra de gratitud que queda náufraga en la calle porque ella ya ha retornado a su puesto. Eso, nada más. Ni nada menos. Tres situaciones, rimas del  cosmos, tres relámpagos  reveladores  en las desmesuras  del ser humano. Tres  mujeres,  al fin,  ejerciendo su magisterio de prorrogar vidas.







miércoles, 5 de agosto de 2015

Los rostros y las sombras

dibujo: José Vallaldares



            ¿Cómo creer en el hombre que desde el cartel de su candidatura exhibe una juventud que no tiene?. Cabelleras donde hay calvicie, pieles tersas donde imperan las  arrugas, talantes  bondadosos en lugar de semblantes crispados. Rasgos de una moral travestida.
            Los rostros y las máscaras, aquí está el título de un nuevo libro. El afanoso, como estéril, intento de ocultar un dato comprobable de la realidad concita la inquietud ciudadana. Porque los rostros, ya se sabe, son los espejos del alma. Carteles de una campaña pasteurizada que insiste que los “batata!” son una invención de la prensa.
            Politólogos condescendientes reducen la cuestión al rubor estético. Los escépticos, esa raza canalla insidiosa, indican que no hay pequeñas o grandes, las mentiras son siempre mentiras.
            Resulta un ejercicio subyugante detenerse en la contemplación de los carteles policromos. Los que están más cerca del poder ostentan amplias sonrisas; la oposición inmediata apenas la esboza. En los restantes el gesto es de gravedad o de infranqueable hermetismo. Hay caras que lo dicen todo y las hay que no dicen nada.
            El afán rejuvenecedor o embellecedor transporte a los candidatos a varios lustros atrás. Aquí, quizás haya un mensaje subliminal. Por cierto, resulta difícil descifrarlo. Hace veinte años las consignas eran de liberación en contra de la dependencia y las proclamas  registraban los términos de esta contradicción: brazos en alto, dedos en V, puños cerrados, gestos de un pueblo en marcha.
            Hoy hay solo caras. Probablemente un indicio de cómo transcurre el funeral de las ideologías. Hoy el drama nacional se expresa en la contradicción: corrupción o decencia. Buena, pero cualitativamente inferior.
            Caras. Se nos  antoja que la angustia argentina tiene que ver más con lo gastronómico que con lo cosmetológico. A la hora de la verdad el atribulado ciudadano de estos días asistirá el domingo 3 a la ceremonia de elección de caras. Deberá optar por la que le inspire más confianza, por la que interprete su ideal de belleza, por aquellas que le asegure que el voto es el pasaporte para la obtención de una mejoría tan notable como la que logra la publicidad de la mano de las artes gráficas.
            Demasiadas dudas para el ciudadano. ¿Será por eso que al cuarto donde se registra el acto de elegir le dicen oscuro?

(domingo 3 de octubre de 1993-publicado en diario LaArena)

domingo, 26 de julio de 2015

Raulito



Puto julio de frío, desamparos e histerias colectivas. Para qué hablar si fue en julio, también, el mutis por el foro de Julio Colombato, Oscar Perna y el Gringo Nervi ...
Y ahora Raulito. La muerte lo aprehendió de noche y a traición, reiterando en forma de metáfora callejones de su vida.
Didácticas de la sobremuerte.
Raulito, constructor de esa dialéctica que gozamos y padecimos, que le hizo ganar el mote, para nosotros, de entrrecasa, de “Raulismo”.
No salen las palabras, puto invierno de manos frías que no le arrancan a este teclado una mísera idea redentora, un buen réquiem, un miserere adecuado para la ronda de la tristeza, para subirse a la ronda de la tristeza y exorcizarla, acaso, con algún chiste pavo de su inagotable galería.
El Raulismo che, amigo y camarada. Hoy lo recordamos, emergiendo entre el humo espeso de una madrugada en la redacción, para dilatar el cierre por si Ansa Latina o la BBC regalaban una migaja so-bre el secuestro de Aramburu o aquella vergonzosa huida de Saigón.
Cuando los chafes del plomo y de la sangre lo arrancaron de sus pájaros les gritó tan fuerte que todavía resuenan sus denuncias en el firmamento sonoro de los justos. Proclamas que cada tanto retornan a la calle Independencia escritas con cal, para que nadie olvide. Lecciones de dignidad, tan bienvenidas como necesarias en este país del face-boock y la tilinguería. Gritos, demandas potentes. Por eso no hicieron falta altavoces, hace poco, en Rawson, cuando un juez, un tribunal y los canallas volvieron a escucharlo.
Ellos, los miserables, lo saben bien; cuando debió callar, calló.
Raulito ríos o salinero. Cronista nictálope en esta comarca de sombras. No hay dudas que está dentro de las coordenadas de Brecht.
Raúl Celso D`Atri, el Raulito
Maldito corazón. Maldito frío que no le saca al teclado un adiós más justiciero.
Se fue, menos mal que lo llevamos adentro.

viernes, 17 de julio de 2015

Un viejo mar

El viento abofetea la pradera. Ráfagas poderosas castigan los surcos hasta desfigurarlos. La erosión afila sus colmillos.
       El  hombre que lastima sus ojos  frente a  esta sublevación de la naturaleza no ve arena. Ese manto sinuoso que se desenrolla caprichosamente entre las lomadas, ese torrente que fluctúa  y pone faldas a los flamantes alambrados, que construye una simetría  ondulante que gratifica la imaginación y acrecienta  el disgusto de los dioses, no es arena.

 ¿Acaso ese muchacho que juega con las palabras, que pretende  de las palabras un oficio, ese muchacho, digo, que responde al nombre de Ricardo Nervi, se atreverá algún día a describir, a explicar, qué es esta marea desenfrenada, este atolondramiento  de los sentidos, esta promesa flagelada, a la que muchos - probablemente por costumbre u ocio - se empeñan en describir de una sola manera?
(capitulo 20 del Hombre del Potemkin)

viernes, 26 de junio de 2015

Raconocimiento del INADI


El instituto Nacional contra la Discriminación dispuso otorgar una serie de reconocimientos con motivo del vigésimo aniversario de su creeación. Estas instituciones y personas, integrantes de diversos colectivos sociales fueron : Luis Alberto Dentoni, Rosa Audisio, Agrupación Somos Diversidad, Ana María Lasalle, Armando Lagarejo, FM Libre 93.5 - Radio Cooperativa, Mónica Rodríguez, Edith Gazzaniga, Fernando Giayetto y Juan Carlos Pumilla. Fue gratificante y enaltecedor formar parte de este grupo. Con algunos de ellos me une una amistad entrañable fraguada en luchas de tantos años. A otros los conozco por su brega en causas nobles. Soy depositario de un diploma que tiene un dueño plural. Lo recibí en nombre de los que luchan toda la vida, según la categoría más alta de Bertolt Brecht, de las víctimas pampeanas del terrorismo de Estado y de tres mujeres ejemplares a las que debo enseñanzas vitales: María Tartaglia, Olga Molteni y Celia Jinkis de Korsunsky. En la fotografía , regalo deCandela, con su mamá, la indoblegable Mónica Rodríguez
.

domingo, 21 de junio de 2015

Evocaciones

El Negro Pumilla es huérfano de padres desde muy niño. Fue criado entre internados y potreros y se ha hecho grande en andurriales donde no penetran  los neutrales. Cada tanto, deslumbra a los niños en los domingos de Bernasconi haciendo malabares  inimaginables  con el balero, acertando a blancos imposibles con la gomera o confeccionando minúsculas  tarasquitas que vuelan tan alto que apenas  pueden verse. En ocasiones los chicos presentan quejas ante su esposa: no vamos a jugar más con el  Alfredo, lloriquean, siempre nos gana a la arrimada y con su ojito puntero nos quiebra todas las bolitas. Él escucha y calla. No encuentra  palabras o no sabe explicar de otro modo que los aprendizajes en la vida son  platos que se comen calientes.

lunes, 1 de junio de 2015

NI UNA MENOS

COTIDIANO
epite que la quiere. Una y otra vez, como una plegaria, en voz muy baja. Ella asiente con los ojos cerrados y la cabeza baja. Se afana por abrirlos para verificar si miente.

(microrelatos de 33 palabras)
DIBUJO. Mariela González

miércoles, 29 de abril de 2015

ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...