viernes, 5 de julio de 2013

Raulito



Puto julio de frío, desamparos e histerias colectivas. Para qué hablar si fue en julio, también, el mutis por el foro de Julio Colombato ,Oscar Perna, Guillermo Mareque y el Gringo Nervi ...

Y ahora Raulito. La muerte lo aprehendió de noche y a traición, reiterando en forma de metáfora callejones de su vida.

Didácticas de la sobremuerte.

Raulito, constructor de esa dialéctica que gozamos y padecimos, que le hizo ganar el mote, para nosotros, de entrrecasa, de “Raulismo”.

No salen las palabras, puto invierno de manos frías que no le arrancan a este teclado una mísera idea redentora, un buen réquiem, un miserere adecuado para la ronda de la tristeza, para subirse a la ronda de la tristeza y exorcizarla, acaso, con algún chiste pavo de su inagotable galería.

El Raulismo che, amigo y camarada. Hoy lo recordamos, emergiendo entre el humo espeso de una madrugada en la redacción, para dilatar el cierre por si Ansa Latina o la BBC regalaban una migaja sobre el secuestro de Aramburu o aquella vergonzosa huida de Saigón.

Cuando los chafes del plomo y de la sangre lo arrancaron de sus pájaros les gritó tan fuerte que todavía resuenan sus denuncias en el firmamento sonoro de los justos. Proclamas que cada tanto retornan a la calle Independencia escritas con cal, para que nadie olvide. Lecciones de dignidad, tan bienvenidas como necesarias en este país del face-boock y la tilinguería. Gritos, demandas potentes. Por eso no hicieron falta altavoces, hace poco, en Rawson, cuando un juez, un tribunal y los canallas volvieron a escucharlo.

Ellos, los miserables, lo saben bien; cuando debió callar, calló.

Raulito ríos o salinero. Cronista nictálope en esta comarca de sombras. No hay dudas que está dentro de las coordenadas de Brecht.

Raúl Celso D`Atri, el Raulito

Maldito corazón. Maldito frío que no le saca al teclado un adiós más justiciero.

Se fue, menos mal que lo llevamos adentro.




17 de julio de 2009

viernes, 28 de junio de 2013

Cotidiano



Cotidiano

         Repite que la quiere.  Una y otra vez, como una plegaria, en voz muy baja.  Ella asiente con los ojos cerrados y la cabeza baja.  Se afana  por abrirlos para verificar si miente.


(microrelatos de 33 palabras)

viernes, 21 de junio de 2013

Wall Street

El viejo arrastró la palma suplicante sobre las baldosas, pero la moneda siguió a su dueño hasta el último piso. Desde los ventanales la calle era una línea y el viejo una coma.


(de microrelatos de 33 palabras)


sábado, 15 de junio de 2013

Una historia con Bustriazo Ortíz

Marcas




Marcas



“...uno lo dice quién lo piensa yo soy el dueño de mi boca pero ella sabe lo que es de ella y estoy de piedras mil rodeado digo de piedras de aura buena piedras que andan por mi sueño piedras que suenan en mi lengua y de una piedra vos viniste y en tu apellido están sus señas tal vez mañana y ahora mismo me suban piedras azulencas lo que te digo me lo escucho es un salvarte de la ausencia como el  que va por los olvidos y a cicatrices les da tierra tal vez no vuelva ya a cantarte hasta tu sien que me estremezca piedra de amor piedra que canta en mis pisadas veo tu huella!...”
                   
(Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Elegías de la Piedra  que Canta)



          Amonites, nombre común de un grupo de cefalópodos extinguidos que solían tener una caparazón en espiral enrollada sobre sí misma. Estos animales, parecidos a los calamares, aparecieron durante el devónico, hace unos 380 millones de años, y desaparecieron junto a los dinosaurios al final del cretácico, hace 65 millones de años.
          La explicación, en labios de Juan Carlos Bustriazo Ortiz, tuvo la virtud de establecer una tregua doméstica en medio de  la permanente zozobra  general. Espectros de guerra lucían sus ropajes en el Beagle  y el miedo fundaba nuevos ministerios.
          Ya hemos establecido que es un amonite…¿hace falta  presentar a Juan Carlos?.
          El poeta cumplía con rigor su visita  de los viernes y esta rutina nos arropaba. Nos sentíamos seguros en ella, flagelados por  tanta incertidumbre. Los fines de semana  las consternaciones se daban a la fuga mientras afuera, el caos.
          Una de esas tardes de  otoño, rumbo a la callecita Florida, algo convocó la atención del vate en la cubierta de lajas del Colegio Héctor Ayax Guiñazú.  En una de ellas, con prodigiosa precisión, se advertía la impronta de un molusco en la piedra.
          Era un círculo perfecto con un diagrama  interior que poco más tarde maravilló a Raquel por su belleza y desplegó el  asombro de los niños que ,  esa misma noche, bautizaron el descubrimiento como “el amonite del Penca”.
          Durante muchos viernes y algunas otras derrotas  el “Flamenco  Bustriz” dio cuenta de los avatares  del bajorrelieve  junto a un generoso inventario  de solicitaciones a  las musas y andanzas de compadres.
          Luego vinieron otros otoños y Juan Carlos se internó en ellos  embriagado de  distancias. Todavía  anda por allí.
          El amonite fue, desde entonces, un tesoro cuyos arcones abrimos de tanto en tanto solo por el placer de ver en otros ojos niños las miradas de embeleso  que nosotros mismos habíamos experimentado en las farragosas postrimerías de los setenta.
          En el primer día del nuevo milenio visitamos a Juan Carlos obedeciendo a  una vieja  promesa y, entre otras cosas, ofrecimos detalles  de la perdurabilidad de esta cicatriz del tiempo.
Entre recuerdo y recuerdo, le informamos  que nuestras excursiones a la muralla del Colegio Ayax Guiñazú se habían acrecentado a partir de una certeza que desplegaba la enciclopedia: la piedra pizarra se compone por capas y ellas, a menudo, se desprenden dejando al descubieto sus misterios.
-Como un cuaderno que se deshoja..
          -Como una forma de conversar de la naturaleza
          Bustriazo brindó por ello y por los incipientes pasos de nuestro primer  nieto, Fermín, que hace poco inició su ciclo escolar en el mismo colegio que preserva  “el amonite del Penca”.
          Como era previsible, en esa especie de rito iniciático que padres y abuelos cumplen cuando los vientos son propicios, una tarde sin más señas regalamos a Fermín la historia y la localización del secreto.
          Él escuchó en silencio y con las cejas arqueadas. Luego, se puso a examinar palmo a palmo los cientos y cientos de  placas multiformes hasta que, para nuestro estupor, indicó la localización de un nuevo amonite. Y otro más, a pocos centímetros del primero.
          Desde entonces, asoman en nuestras tertulias consideraciones acerca de  los enigmas de la piedra y los insondables universos de las causalidades. Aconteceres  de las pequeñas cosas, humildes  felicidades cotidianas en las que ahora se hacen presentes, diáfanas y vehementes, menciones recurrentes a  “los amonites de Fermín”.
          Aún no hemos visitado a Juan Carlos para relatarle la novedad.
          Aguardamos, quién sabe, una caricia del aire, algún ademán del alma, probablemente un quiebre del horizonte  que oriente acerca del momento más adecuado para imponerlo de estas revelaciones de la piedra.
          Hasta que eso suceda el tesorero del Club Atlético Positivista podrá inquirir, quizás en los arrebatos de una crispación utilitaria, para qué diablos sirve todo esto.
          Mientras alumbre  otra respuesta balbucearemos voces acerca de la imaginación o la memoria. Búsquedas, tal  vez una tímida ponderación a  Epicuro ...
...O mejor, argüir que esta cuestión de los amonites sigue siendo un buen tema de coloquio para ciertas tardes de otoño en que el desconsuelo o la angustia penetran por la radio.

diciembre 2004

martes, 11 de junio de 2013

Cuchilleros


Se calcularon fieramente. Ponchos pardos guareciendo los brazos. Fue un duelo efímero y singular, sin treguas. Hubo una finta y un esquive. Acaso alguna  lamentación cuando el gavilán del puñal astilló el espejo.

(de la serie microcuentos de 33 palabras)


miércoles, 5 de junio de 2013

5 de junio




         El crepúsculo es el más luminoso que recuerda y alumbra  relámpagos de plata sobre el lomo de los pájaros. Se abaten los ojos al fulgor de su pechera mientras  una lágrima se  dispara.

(de microrelatos de 33 palabras)

viernes, 31 de mayo de 2013

La orden



Pero... ¿qué es lo que cubre la inmensa lona que  tanto ha costado levantar? ¿Existen decisión, imaginación... agallas para saberlo? ¿Hay alguien, acaso, que en medio del estrépito, en la claudicante ocultación de los silencios, se atreva a decirlo?
       A lo largo de  toda la jornada la  presunción de algo aciago rondó como un  presagio, ganó todos los resquicios. Y ahora que la lona  insondable, ominosa, amorfa,  flamea por efectos del viento que asola y azota, dos, tres  o más hombres se miran los unos a los otros  para conjurar el tiempo. Durante  la exhalación en que esas miradas se cruzan madura la sospecha  de la insignificancia de cualquier intento.
       Los hombres consideran, hipnotizados, la lona y la lona flamea porque el viento del norte que asola y azota no otorga treguas. En el interior de cada uno de esos hombres, que podrán ser dos, tres  o más, crecen las aprensiones. Dudan  y el ejercicio de dubitación  se hunde en sus corazones con tanta impunidad como una daga penetra en carne blanda e inmaculada.
       Más allá, desde  los estrados superiores, la voz se impone por sobre el fragor y los embates del viento que asola y azota la lona mugrienta, manchada, amorfa. La lona  que se sacude  con un temblor indefinido que  no cesa y crece.
       La voz del hombre, que se interpone al irrisorio ejercicio de imaginación de un puñado de hombres sobre cubierta, suena exasperada y audible. Retumba en los recodos de las escalerillas. Se escurre  entre las olas majestuosas que mece el viento impiadoso que asola y azota  y penetra como un trueno en los oídos de dos, tres  o más hombres incapaces de discernir  qué misterios encierra.
       Hay algo de absurdo entre  esas cavilaciones, impregnadas de urgencias, como consecuencia de la admonición que proviene de las alturas. Ellos vacilan, pero en la angustiada lucidez de la premura  alcanzan a comprender que el tiempo ha dejado de ser una estúpida arbitrariedad del pensamiento. Ahora, comprueban, se ha transformado en un dato puntual e inexorable.
       La lona se estremece y la imperturbable presencia en las alturas vocifera  la segunda palabra. El segundo  graznido  de la rutina que ha aprendido en trabajosas jornadas de obediencia  y adiestramiento que cierto albedrío dispone  para instruir a sus vicarios.
Con la firmeza  y marcialidad  que establecen los reglamentos  grita ¡disparen!.
       La orden es seca, chillona, de una sonoridad herida  por un odio ancestral.
       ¡Disparen! Dice, cumpliendo la definitiva  formulación del ritual, y los sesenta hombres, aprisionados  por la lona mugrienta que ondea al vaivén que impone el impiadoso viento del norte que asola y azota, descubren –al mismo tiempo que dos, tres o más hombres sobre cubierta, en una súbita  revelación que quizás alcance a iluminar sus conciencias- que lo que encierra  esa lona atroz, mugrienta y mecida por un viento de furias se llama  miedo.

(El hombre del Potemkin-capítulo 7)



miércoles, 22 de mayo de 2013

Mayo, el bicentenario en la llanura


      


   Venimos de andar dos siglos en esta región del sur donde el sol se adormece.
         ¡Dos siglos!, Sostienen los abuelos, en rondas de consejas, “ni tanto ni tan poco…”
         Jactancias del tiempo que sólo responde a las arbitrariedades del pensamiento.
         Apenas si fue ayer en que un tal Pedro Andrés García de Sobrecasa mentó el nombre de Mariano Moreno en las Salinas Grandes. Ay …coronel, literato y guerrero, al igual que los jacobinos que fundaron la patria. Como el mismísimo sabiecito del sur que soñó como nadie lo que sigue siendo un sueño.
         No imaginaron aquellos constructores –maestros de obras mayores- que esas articulaciones de mayo se alzarían hasta el cielo.
         Allí están, asomando en cada amanecer. Provocadoras, insurrectas.  Un testimonio cotidiano de su altura al tiempo que referencia    de lo que hay que recorrer para merecerlas.
         Y en el medio la rosa de los vientos y sus alteraciones.  Ciclos y orientaciones de un país que titubea o se resiste a su destino retornando voraz a Salinas, Ya no para estimular una consideración del porvenir sino para demandar una cuota de sangre vorogana.
(Llegará tarde Pancho Francisco con su canción a cuestas)
Y si no bastare reincidirá, actual, hasta extraer de aquel salitre una réplica de lo que fuera Iquique a principios de siglo.
         Ay coronel García. Tu mandante Moreno se retuerce en su sepulcro azul por los que luego vinieron. .Por la ignominiosa utilización de tus galas en estas extensiones donde el sol se recuesta pero nunca descansa.
         Cómo lograrlo con el llanto de un niño pendiendo entre los pliegues de la historia. Esas lamentaciones cuya estela de lágrimas labró otra rastrillada desde María Isabel Unepeo a Lucía Tartaglia.
         María, expulsada de la vida. Lucía, desaparecida.
Después…después vino Malvinas
         Y más acá, digamos, la rosa de los vientos y sus tenacidades.   La coraza indeleble de una melga sembrada y el esfuerzo pionero por forjar nuestra pampa.
         Desde los humedales del Oeste que entibia el Agua Poca a la brillante llanura de un dorado imperfecto. Desde el sitio que marca el inicio del bosque hasta las latitudes donde dos ríos se abrazan fraguando un arco iris, promesa y desafío.
         Todo está aquí, todo, en estos acopios de la historia que solo son posibles porque hubo otros hombres dejando sus legados, sus mensajes simbólicos, en esas soledades de la casa de piedra.
         ¡Dos siglos! Ni tanto ni tan poco, sostienen los ancianos que hoy dicen a sus nietos lo mismo que Moreno:
         Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada uno no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir jamás la tiranía ”.
         ¡Ay Moreno, el sueño está vigente!
        

        
        
        (textos de lCoral del Bicentenario) 

viernes, 17 de mayo de 2013

Casa ocupada


 
"Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta te escarbe la barriga.
buscando una sortija nupcial y un juguete de niño degollado,
serán para ti una puerta oscura,
arrasada..."
(Pablo Neruda a la muerte de Franco)



Dibujo Daniel Lapetina-Guión J.C.P


jueves, 16 de mayo de 2013

Aguante alegría

               
                Con el objetivo de realizar un ajuste el Observatorio Naval  detuvo el jueves durante un segundo el reloj atómico que guía nuestras jornadas. Pero el tiempo, ya se sabe, es una arbitrariedad del pensamiento: el corazón  de los argentinos se había detenido horas antes en Dallas cuando el poder asociado al servilismo decidió robarnos un fragmento de felicidad en el momento que más la precisábamos.
                Nuevamente, como ya es histórico, en el Norte se deciden nuestras tristezas.
                El razonamiento deportivo insiste en que nos quitaron a un jugador excelente. Esto es real, pero unilateral y hasta economicista. El pensamiento comunitario, con esa intuición que da la calle, sabe que allí en Dallas nos cortaron la garantía de transitar por la ancha avenida de la felicidad colectiva. Ahi está la gran contribución social de Diego. Nos han estafado. Nos escamotearon la chance de obtener un trocito de merecida alegría, algo que , como fenómeno de masas, está ausente del firmamento nacional desde hace casi una década.
                La leyenda sostiene que el Cid Campeador ganó su última batalla muerto. Derrotó al enemigo amarrado a su armadura. Por alguna extraña asociación de ideas esta imagen nos asaltó el jueves cuando -tras la derrtota ante Bulgaria- un niño respondió a una encuesta callejera sosteniendo que, a su juicio, el mejor jugador de esa contienda había sido Diego, precisamente el gran ausente.
                Diego, Dieguito, el constructor, el albañil del edificio diseñado con gambetas en el que todos quisiéramos habitar. Diego, el muchacho al que le cortaron las piernas y le nublaron el corazón.
                Ese sentimiento, de reconocimiento y pertenencia, es el que está agraviado por la FIFA y la AFA. El número diez de la selección no sólo es bueno con  la zurda.  Es paradigma. Es la certificación  de que se pueden vencer los espectros de la oscuridad, que es posible derrotar a la droga, una lección que debiera figurar en los manuales escolares.
                Maradona es la demostración viva de que no importa el tamaño de la equivocación si existe la voluntad de corregir. Y más: que la dimensión de la gloria la otorga la medida de las miserias que contiene. La respuesta de los poderosos, de una hipocresía superlativa, fue denostarlo. El cinismo no le perdonó que consumiera drogas pero mucho menos que se recuperara. El poder, ese que se estremece ante el término "rinoscopía". Pero hay algo más: es muy fácil cantar la falta con las treinta y tres de mano, lo difícil es hacerlo sin cartas, sin obsecuencias, contestatariamente, con el corazón instalado desde y con los cabecitas negras.
                En estas horas en que la sociedad llora y los de juicio fácil condenan, surgen voces que intentan encorcetar al fútbol limitándolo solamente a su faceta deportiva Con cierta y justificada lógica sostienen que la realidad trasciende los estadios. Esta forma tuerta de mirar la vida le poda a la reflexión el hecho formidable de que el mundial -con Diego- , nos unificó, nos hizo sentir juntos, nos preparó anímicamente para empresas mayores. Pero hizo algo más, con ese sentido del equilibrio que tiene la gente, de la mano del fútbol vino la consideración de las distintas facetas de la crisis nacional. No hubo panel de análisis de este juego como pasión de multitudes que no mencionara a los jubilados, las sansonites, Malvinas y hasta los treintamil. La realidad, esta vez, penetró a través de los estadios.
                Como se ve, hay razones para los pesares ciudadanos y significa mucho qué hará Diego con su futuro. Pero importa más la verificación de lo lindo que resulta la felicidad compartida, la comprobación de que es lícito y posible obtenerla en forma conjunta. Gambetearle entre todos a la noche y hacer el nuevo día. En este país de soles mancillados, en medio del desconcierto, malheridos, tristes y hasta confundidos vale la pena, como en la vieja leyenda, aferrarnos a nuestras armaduras y salir a pelear por la alegría.
                                                                                            
                        2 de julio de 1994-publicado en diario LaArena


ABRAZO, AHÍ

Hoy Pablo Grillo cumple años, y su nombre se vuelve más que un recuerdo: es presencia viva. Su mirada —esa que alerta y sostiene— atraviesa ...